MANÍ.— Las prácticas tradicionales de la cultura maya continúan despertando interés en instituciones académicas del extranjero. Un ejemplo reciente ocurrió en el proyecto comunitario Pachpakal Solar Maya, donde una estudiante universitaria de Estados Unidos convivió durante varias semanas para aprender sobre saberes ancestrales y la vida cotidiana en una comunidad yucateca.
Lila Garfield, estudiante del Colorado College, participó en el programa académico “Resiliencia Maya: Saberes ancestrales a través de la lengua, matemáticas, ciencia y medicina”. Como parte de esta experiencia permaneció del 19 de enero al 11 de marzo en el solar maya Pachpakal, ubicado en este pueblo mágico.
Durante su estancia, la joven convivió con las familias del proyecto y participó en actividades relacionadas con la agricultura tradicional, el cuidado de plantas medicinales y la vida comunitaria. La experiencia también incluyó labores en la parcela y en el solar, espacios donde se transmiten conocimientos heredados por generaciones.
El solar maya es un sistema tradicional de traspatio característico de las familias mayas, en el que se integran árboles frutales, hortalizas, plantas medicinales y animales de traspatio, lo que permite mantener una producción de alimentos durante todo el año. Además de su valor cultural, este modelo contribuye a la autosuficiencia alimentaria y al aprovechamiento responsable de los recursos naturales.
Pachpakal Solar Maya surgió como una iniciativa familiar con el objetivo de rescatar y difundir el uso del solar maya, un espacio que durante siglos fue esencial para la organización de la vida doméstica y la economía de las comunidades. Con el paso del tiempo, este tipo de espacios ha disminuido en muchas localidades, por lo que proyectos comunitarios buscan preservarlo y transmitir sus conocimientos a nuevas generaciones.
En este lugar se ofrecen recorridos guiados, talleres y experiencias educativas que muestran cómo los saberes ancestrales pueden integrarse a la vida actual.
Los visitantes conocen desde cultivos tradicionales y crianza de animales de traspatio hasta la meliponicultura, actividad dedicada al cuidado de las abejas meliponas, consideradas sagradas por la cultura maya.
También se elaboran alimentos y productos artesanales derivados del propio solar, como miel, herbolaria y platillos preparados con ingredientes locales, lo que fortalece la economía familiar y el turismo comunitario.
El proyecto ha comenzado a recibir la visita de estudiantes, investigadores y turistas extranjeros interesados en aprender directamente de las comunidades mayas. Estas estancias permiten a los participantes conocer la lengua, las prácticas agrícolas, la medicina tradicional y la relación de los habitantes con la naturaleza.
Para los organizadores, la presencia de jóvenes universitarios representa una oportunidad para difundir la riqueza cultural de Yucatán y demostrar que los conocimientos ancestrales siguen vigentes.
La estancia de la estudiante estadounidense forma parte de ese intercambio cultural, en el que el aprendizaje ocurre tanto en el aula como en el campo, mediante la convivencia diaria con las familias del lugar.
Con iniciativas de este tipo, el solar maya no solo se preserva como una práctica tradicional, sino que también se convierte en un espacio educativo y cultural que atrae la atención de instituciones académicas de otros países.









