El veterano diestro Ignacio Uceda Leal, quien cortó la única oreja de la tarde, deleitó al público reunido en la Plaza de Las Ventas con una faena marcada por el más preciso sentido de la medida y un elegante clasicismo, propio del más puro sentimiento del toreo madrileño, al cuarto toro de una seria e impecablemente presentada corrida de La Quinta.
Otra cosa fue el juego que dio el resto del sexteto de sangre Santa Coloma, a cuyos cuatro primeros ejemplares les faltó un mayor fondo de raza y fuerza, acusando incluso algunas complicaciones defensivas que no se dieron ya en el caso del cuarto de la tarde, al que Uceda cortó una oreja pedida con fuerza tras un trasteo de exacta duración e intensa expresión.
Como un maestro
Aunque manseó en el caballo, haciendo sonar los estribos, el toro fue mejorando en banderillas con la templada brega de Niño de Aravaca, para sacar una nobleza que mantuvo hasta el final, solo que lastrada por una raza y unas fuerzas muy escasas que pedían exactamente el toreo y la lidia que le dio Uceda con sentido de auténtico maestro. Una tarde viene a Madrid por año y una tarde que deleita a todos.
Suave de muñecas, acompasando y llevando siempre toreadas las embestidas, pero sin forzar al animal a seguir la muleta en series de más de tres o cuatro muletazos, pues de lo contrario se “aburría” perdiendo celo y entrega, Uceda le estructuró un trasteo de gran precisión en la técnica, la colocación, las alturas y el pulso.
Y fue así como, en apenas cuatro tandas de pases lentos y recreados, logró deleitar a los buenos catadores con su elegante empaque, en la línea de los más clásicos toreros del foro hasta en los detalles menos relevantes, como al sacarse al animal hacia las afueras con la muleta por delante o al cerrarlo con ayudados y remates de hondo empaque, que fueron absolutas “delicatessen” toreras en la plaza madrileña.
Tras ese aquilatado despliegue de maestría, aún llegaría una estocada de perfecta ejecución, aunque algo delantera por lo mucho que se volcó el torero de Usera en el encuentro, que precedió a la oreja que paseó después de que todo lo que hizo tuviera su porqué.
Hasta entonces, la corrida había tenido poca historia, pues el propio Uceda no pudo pasar de mostrar su solvencia con el muy descastado primero y Emilio de Justo muleteó con escasa precisión a un tercero noble, pero sin celo. Solo Daniel Luque hizo méritos para ser aplaudido, que hubiera sido lo justo una vez que tumbó a un tercero de arduas complicaciones.
El coso de la calle de Alcalá volvió a colgar el cartel de “no hay billetes”, con asistencia de 22,964 espectadores.— EFE
