Monumental estatua en bronce a José Cubero “Yiyo”, en la explanada de la Plaza de Las Ventas de Madrid, en homenaje a su trayectoria
Monumental estatua en bronce a José Cubero “Yiyo”, en la explanada de la Plaza de Las Ventas de Madrid, en homenaje a su trayectoria

Una de las esculturas labradas en bronce más representativa que hay en los alrededores de la Plaza de Las Ventas es una que recuerda a los aficionados que los toros empitonan y matan, que enfundarse un terno de luces tiene sus riesgos, que la muerte es el tributo que muchos pagan por ser figura en la más bella de las fiestas.

Esa muda estatua de metal se erigió en honor a un joven que perdió la vida en el ruedo. Su nombre: José Cubero Sánchez.

A ese mancebo en el argot de los toros le apodaban “Yiyo” y se debe a que en su niñez su familia lo llamaba cariñosamente “Joselillo”, derivando de allá el sobrenombre. Cubero fue un torero precoz, clásico, natural, que tomó la alternativa de manos de Ángel Teruel y con testimonio de José María Manzanares, quien tiempo después fue su padrino de confirmación con el astado “Bohemio”.

La fortuna no fue un elemento que estuviera de su parte y en septiembre de 1984 compartió cartelera en la plaza de Pozoblanco con Francisco Rivera “Paquirri” y Vicente Ruiz “El Soro”, donde “Paquirri” perdió la vida por la cornada que le infringió uno de sus toros y quiso la suerte que fuera “Yiyo” quien diera muerte a “Avispado”, el toro asesino.

Esa tercia de espadas que actuó ese día ha recibido el apelativo de “Cartel Maldito”, y no es para menos, ya que dos murieron con motivo de cornadas y “El Soro” actualmente anda en silla de ruedas, con motivo de las múltiples operaciones que le han realizado en la rodilla izquierda, producto de una grave lesión sufrida en los ruedos.

Tiempo después del fallecimiento de “Paquirri”, en Colmenar Viejo, con motivo de la Feria de la Virgen de los Remedios, se realizó el 30 de agosto de 1985, en la plaza “La Corredera”, la segunda en importancia de Madrid después de Las Ventas, un festejo en cuyo cartel estaban originalmente anunciados los espadas Curro Romero, Antoñete y José Luis Palomar.

Pero el destino es el destino: Romero no puede actuar y es sustituido por José Cubero. Y fíjense que, tanto “Paquirri” como “Yiyo” sustituyeron al mismo torero, a Curro Romero.

Se oyen los parches y clarines y el festejo empieza, todo transcurre normalmente. Se abre la puerta de toriles y sale el sexto de la tarde con el que terminaría el evento. Le corresponde a “Yiyo”. Su nombre, “Burlero”, un toro noble, encastado, bien puesto de pitones, al que Cubero le hace una faena de muleta larga, sobria, extensa, entra a matar y pincha, se vuelve a perfilar y pone una estocada en todo lo alto.

El burel, herido de muerte, hace por el matador, quien no logra ponerse fuera del alcance del astado y cae, dando cuatro giros, pero el toro lo sigue y le clava el pitón en la axila izquierda y lo levanta, partiéndole el corazón.

Cuando sus subalternos lo llevan corriendo a la enfermería, las últimas palabras a su peón fueron: “Pali: este toro me ha matao”. Murió un torero… Nació su leyenda. Mérida, mayo de 2025

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