Ciertamente que las estadísticas indican que tienen vida todavía, pero los aficionados leales a los Leones de Yucatán, y los mismos melenudos, esperan que puedan superar el mazazo que recibieron anoche.

Con racimo de seis carreras en la segunda entrada, ante una pálida apertura de Odrisamer Despaigne, el Águila de Veracruz se encaminó a una victoria valiosa por 7-2 sobre unos Leones que se vieron francamente mal.

Y, con la esperanza viva, todos esperan que el juego de hoy, tercero de la última serie del rol regular en el Parque Kukulcán, no sea el último de esta amarga campaña.

Siguiendo la línea de la que está siendo señalada como la peor de las campañas bajo el mano de los hermanos Arellano Hernández, los Leones se vieron en un caos desde ese segundo rollo.

Porque, aunque puede cargarse la peor de las partes a la falla de un Despaigne sin secretos en los lanzamientos (cinco carreras en una entrada y un tercio), a la ofensiva hicieron muy poco, conectando cinco imparables, bateando de 7-1 con corredores en posición de anotar.

Desdibujados desde el duro ataque del segundo acto, casi se fueron parando en la caja para ser dominados. De sus seis hits, solo uno fue extrabase.

Una con otra, se combinaron las debilidades. Mientras el pitcheo león regaló nueve pasaportes, el del Águila se lució sirviendo 12 chocolates.

La temporada regular 2025 termina en casa para los Leones hoy, y, con el paso que van, podría ser el día en que se apaguen las candilejas del remozado estadio. Todos esperan que no ocurra eso. Pero dependerá de lo que puedan hacer para sacudirse de ese golpe de anoche y de muchos de este duro año de pesadilla.— Gaspar Silveira

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