Las luces del Kukulcán se encendieron otra vez. No para conciertos: fue para béisbol. ¡Y qué momentos electrizantes se vivieron en el retorno del béisbol, máxime cuando muchos pensaron que no regresarían los Leones a hacerlo!
El remozado estadio, sin llenarse, vivió una euforia anoche con el tercer encuentro de la serie de postemporada. No solamente por jugar playoffs, sino el rival, el estado de la serie.
Más de 10 mil espectadores se animaron a ir, con todo y la circunstancia de que los Leones habían jugado basura en los primeros dos juegos. Decía Lorenzo Bundy antes de la serie: “Los Leones son los Leones… En casa, pesan”. Sin duda. Se vieron distintos en la primera mitad del juego. Con otro semblante, más sueltos, pero, ciertamente, aún con la majagua entumida y el bullpen titubeante como en la serie.
El ambiente también era otro. Se encendió desde la primera entrada, cuando Yoanner Negrín, con dos fuera, golpeó a Robinson Canó, el “pan grande” de los Diablos. Se caldearon los ánimos, salieron de ambos lados peloteros de los dogauts y no pasó a mayores.
Negrín tiró cuatro entradas en gran forma. El ya inmortal de las fieras se fajó, como en sus mejores días. Lo mismo metiendo una recta de 93 millas, que moviendo sus disparos y bajando a 73. En la cuarta subieron los decibeles entre emociones. Julián Ornelas, de las estrellas mexicanas de la Marabunta Roja, sacó un bombazo por el derecho. Henry Ramos se fue pegando a la barda y saltó. Cuando todos pensaban que la pelota se iba, pegó espectacular salto para quedarse con la esférica. La reacción del “Asere” en la loma festejando el engarce lo dijo todo. El público se levantó para ovacionarlo.
A Negrín le batearon sencillo luego, pero dominó a Arístides Aquino con rodado para doble matanza, que se completó con gran levantón de Yadir Drake en la primera. Y el cónclave en el Kukulcán explotó otra vez.
Cuando Yucatán fue al bate en el cierre, estaban encendidos los aficionados. Drake recibió pasaporte y Yangervis Solarte, aún con el crudo recuerdo de una jugada que no pudo completar en el primer partido y que fue clave, desforró la pelota por el central para poner 2-0 adelante a las fieras.
El México tiene un equipazo, por donde le miren. Bateadores impresionantes, cañoneros, chocadores. Y Negrín, o cualquiera, viviría sentado en un barril de pólvora siempre que se enfrenten al México Rojo.
En la quinta, el “Happer” Gamboa, extraordinario short mexicano, abrió con sencillo y, más tarde, anotó con hit de Canó, en otro duelazo en la caja de bateo. Batalla sin dar ni pedir.
No hay duda que encender las luces otra vez mereció la pena. La noche de béisbol del Kukulcán fue grande. Indistintamente del resultado final. Dijo Carlos Novelo Flota, yucateco que se abre paso en el automovilismo profesional, invitado a lanzar la primera bola en reconocimiento a su corta, explosiva trayectoria: “Como yucateco, qué emocionante es venir al estadio. Hay de emociones a emociones. Esta es grandiosa”.— Gaspar Silveira



