Cuando comenzamos a escribir estas líneas, los Dodgers parecían encaminados a perder. De pronto, empataron y forzaron las entradas extra. Cuando reanudamos, tenían la ventaja por primera vez, en la alta de la entrada 11.
En el lapsus, una avalancha de impresionantes sucesos ocurrieron en el Juego 7 de la Serie Mundial. No sé antes, pero este partido decisivo entre Dodgers y Azulejos lo vamos a atesorar como uno de los más grandes que nos ha tocado seguir como gente de béisbol.
Dice Beto Gutiérrez López, de quien reconozco una impresionante sapiencia en deporte profesional (cruzazulino de cepa, pero conocedor bárbaro), que no se había topado con un Clásico de Otoño así. Coincido. También en su apunte siguiente desde la “Atenas de Yucatán” (Espita): “Existe la suerte de campeón, y en el Juego 6, cuando esa pelota quedó ahí trabada en la barda, todas las sospechas le dieron la Serie Mundial a los Dodgers”. Toronto anotó dos carreras en esa jugada, pero los umpires dieron doble de terreno. Y perdieron los Azulejos ese partido.
Dice Humberto Espinosa Ávila, el popular “Chunco”, que “así es el béisbol, por algo le dicen el rey de los deportes”, y quien lo afirma, es uno de los más importantes fans que tiene el tenis.
Entonces, recuerdo a Plinio Escalante dándome una flor con un agradecimiento por contar en este espacio y en mi “Aut 27” en Facebook historias que le han hecho “regresar al béisbol”. No fui solo yo, contador. Fue el juego de pelota que nos regalaron.
No vi el turno final: Alejandro Kirk, nuestro nuevo gran héroe, de una postemporada brillante, puso fin a la temporada bateando para una doble matanza. Y los Dodgers, levantándose de la lona, son otra vez campeones de la Serie Mundial más increíble de los años recientes.
Nos toca despedir el largo, brillante calendario que nos tocó ver en MLB, con muchas lecciones y razones para volver a enamorarnos de este juego, si volviéramos a nacer. No es ganar un juego, o perderlo. Es vivirlo en su esencia más pura. Ayer, en el 7, todos entraron a jugar. Vimos al Ohtani “humano”, que dejó el juego perdido; a los mánagers moviendo piezas, especialmente lanzadores, trayendo a sus caballos. Me tengo que quitar el sombrero ante Yamamoto: seis entradas el viernes, y dos el sábado. Monumental. Cierro con el apunte de la aficionada Brenga González: “Te toca el bicampeonato de los Dodgers”. A mí, escribir. A todos, recordarla. Que llegue pronto la primavera.
