Siempre se dice que “por algo pasan las cosas”.
Así son los designios de Dios, y Francisco Campos Machado es de los que creen que la vida le puso pruebas, le forzó a cambios inesperados y, años después, vive feliz de lo logrado.
“El béisbol te da la razón… como en la vida”, dice el nativo de Guaymas, Sonora, campechano por adopción y respetado de frontera a frontera en el rey de los deportes, tanto, que lo hizo inmortal de la pelota mexicana.
La prueba grande llegó cuando vivía su etapa de receptor, siendo una promesa para los Piratas de Campeche detrás del plato, probando en sucursales de los Astros de Houston. Una fractura de pie, sin embargo, le frenó esos sueños. De allá, la vida le puso en una encrucijada: por unos clavos colocados, no podía agacharse cómodamente como cátcher. Y llega una propuesta: el entonces mánager de los Piratas de Campeche, Javier “Escopeta” Martínez, le dice: “Inténtale como pítcher…”
Lo demás, es una historia de Salón de la Fama.
Campos Machado (12 de agosto de 1972, Guaymas) no quería lo que le llegaba. “Lo mío era ser cátcher. ¿Te imaginas que te digan que no puedes seguir?”.
El tiempo le dio la razón a la idea de cambio de una posición a otra. Más de dos décadas después, todo está a la vista. Se hizo no solamente lanzador, sino que se convirtió en un gran pítcher. Terminó su carrera en la Liga Mexicana (verano) con récord de 200-148 en ganados y perdidos, efectividad de 3.35 y 2,181 ponches en 3,038 entradas lanzadas. Participó en Juegos Centroamericanos, Panamericanos, eliminatoria para Juegos Olímpicos, Clásico Mundial de Béisbol y Serie del Caribe. No tenía una recta que asuste, pero sí gran control y un tenedor que sí espantaba.
¿Está feliz con lo hecho? O le faltó algo?, le preguntamos durante una charla en el Parque Kukulcán.
“Muy feliz, muy contento, el béisbol me lo dio todo. Gracias a este bonito deporte, que me sigue brindando cosas. Yo soy feliz con lo que me puso en el camino”.
Su carrera, ya terminada como deportista, tuvo en 2025 el clímax: fue entronizado en el Salón de la Fama del Béisbol junto con ex de Grandes Ligas como Óscar Robles, Ismael “Rocket” Valdés, Jorge de la Rosa y Roberto “Metralleta” Ramírez.
Y la vida sigue.
Hoy en día, es gerente deportivo de los Tomateros de Culiacán y eso le trajo a Mérida. Estuvo en el Kukulcán viendo peloteros de su equipo en el Pacífico, que están en acción en el verano. Agradable para expresarse, para contar de sí y hablar del tema de su vida: el rey de los deportes.
“Andamos siguiendo a los peloteros que son de los Tomateros de Culiacán y juegan en esta Liga Mexicana, ahora aquí, con Diablos y Leones, tenemos varios jugando en esta serie. Y siempre va a ser la tarea de seguirles la pista”, dice antes del tercer choque entre pingos y melenudos. Antes de sentarse a platicar con el Diario, saludo tras saludo en ambos dogauts, con peloteros, coaches, directivos y aficionados. Un personaje.
Francisco Campos, “Pancho Ponches”, “PanChocolates”: donde sea el béisbol le reconoce…
“Me es muy grato que la gente me identifique, que me recuerde, porque la verdad le tengo gran afecto a la afición, donde sea que vaya. Antes, como pelotero, ahora como directivo, o cuando voy como aficionado”. Y agrega: “Venir a Yucatán siempre será una maravilla, grata experiencia, me trae bonitos recuerdos, conozco a mucha gente. Es una afición maravillosa. Y no había visto el estadio remodelado, no me lo quería perder, así que aquí estamos. Quedó muy bonito el estadio”.
¿Es Yucatán, de las mejores plazas de México, no sólo en verano?
“Es muy bonita plaza, muy bonita afición, un buen lugar, donde salen peloteros importantes. El béisbol se suda por todos lados aquí. No hay muchos estados así”.
El debate siempre: ¿Hay diferencia entre el béisbol de Pacífico y el de la Mexicana de Verano?
(Bromea con sonrisas intensas) “La diferencia es que aquí estamos en el Sur, y allá, en el Norte; que aquí hay 20 equipos, allá 10. Es muy debatible, y siempre va a ser ese el debate, siempre se pelean que cuál es la mejor liga, que dónde se juega el mejor béisbol. Yo digo siempre que el béisbol es lindo donde sea. Y de lo que tratamos de hacer es darle lo mejor a la afición y lo estamos logrando con estas dos ligas”.
Campos Machado es un pelotero de 200 victorias en verano, de grandes logros en invierno, y todo eso, sin querer ser lanzador.
Primero habla de los números. Luego, del por qué fue lo que fue.
“Llegó todo sin querer queriendo, no lo busqué nunca, no me di cuenta, pero a como fueron pasando los años, a como fueron pasando los juegos, me fui dando cuenta que se estaban acercando números interesantes en el béisbol, y me empecé a enfocar en ello, en lograr cosas interesantes. En el verano, por ejemplo, el llegar a los 200 juegos ganados, a los 2 mil ponches… Y se me dieron las cosas, gracias a Dios”.
Pero usted no era pítcher. Era cátcher…
“Me hicieron pítcher en contra de mi voluntad. Eso se lo debo a alguien a quien admiro y agradezco mucho, a don Javier ‘Escopeta’ Martínez, que en paz descanse, y a quien le mando un fuerte abrazo hasta el cielo”. Y cuenta cómo se dio esa forzada transición: “Se dio de forma especial, la circunstancia de la vida. Como cátcher que era, me quebré un pie y ya no pude seguir en esa posición porque me pusieron unos clavos y no me podía poner bien, no podía agacharme fácilmente. Me dice entonces don Javier: ‘Inténtale como pítcher’, y yo le digo: ‘No, soy buen cátcher’. Y él me responde: ‘No, ya no te puedes agachar como cátcher. Te voy a dar la oportunidad de que seas pítcher, inténtalo y vemos, y si te va bien, adelante, y si no, te regresas a catchear’. Y así fue la historia de Fracisco Campos”.
¿Mereció la pena el cambio tan grande?
“Valió muchísimo… de más. Fue mucho más que eso, porque yo estaba en una cara de la moneda donde me fue mejor, y brillé más”.
Su historia de vida siempre resalta por la dureza de la lesión, que a otros pudo haber retirado. Él entendió, paciente y sereno, que debía aceptar el nuevo rol. Y eso, cuando llegó el momento de la entronización al recinto de los inmortales, le dio más valor a todo lo vivido.
Un mensaje a la niñez y la juventud en el béisbol y la vida en general…
“Que lo que sueñen, porque yo también soñé que quería jugar béisbol, trabajen para poder hacerlo realidad. Yo lo soñé y sigo en el béisbol. Me lo dio todo”.
Y no hay duda de ello. Un pie fracturado, un cambio en el sueño, no en el objetivo; en el estilo de vida, le llevaron a ser leyenda de este deporte.— Gaspar Silveira Malaver










