• Pasajes de la inauguración del Estadio Olímpico, el 6 de junio de 1987: Carlos Iturralde Rivero, aún con la sorpresa por el homenaje, aparece junto a la placa que da su nombre al inmueble. Centro, panorámica del escenario, y derecha, la portada de Deportes del Diario dando cuenta del acontecimiento

Sábado 6 de junio de 1987. La lluvia cae y el fútbol sigue, sin terminar de aguar la fiesta de inauguración del Estadio Olímpico de Mérida en una noche para la historia.

Minutos antes de que Francisco Avilés Vega “Babá” hiciera sonar su ocarina, la nueva instalación había sido bautizada con el nombre del principal referente yucateco en el fútbol profesional en aquel entonces: Carlos Iturralde Rivero. Fue una monumental sorpresa para el exdelantero y fina persona que fue Iturralde, reconocimiento a lo que hizo dentro y fuera de las canchas.

Y fue un yucateco también el encargado del honor de señalar el primer gol del “Carlos Iturralde”: Alonso Diego Molina.

Lo consiguió en el minuto 12 de un partido que luego los Mayas de Yucatán, dirigidos por Iturralde, perdieron 2-1 ante la Selección de la Primera División. Doce mil personas soportaron estoicas el pertinaz aguacero.

Dice la crónica del Diario sobre el gol histórico, en la noche inaugural del Torneo del Sol, con los Mayas, de Tercera División, y otras selecciones nacionales:

“Y, en un contragolpe, sacudiéndose el dominio, cayó el gol de la quiniela. El primero en el nuevo estadio. Sergo Ríos inició la jugada, fue el creador. Por eso decimos que pudo ser el hombre táctico, pues cuando soltó el balón de primera intención hizo daño.

“Fue a los 12’ cuando Ríos controló el balón por la izquierda y lo lanzó a la entrada de Claudio Rodríguez; éste no pudo captarlo, apenas lo adelantó y Diego apareció a toda máquina para disparar con la derecha y vencer el arco de los visitantes. Un gol que celebró el público, que gozó enormemente ese instante, pese a las gruesas gotas que caían”.

Setenta de los noventa minutos de juego se diputaron con la intensa lluvia.

A 39 años de distancia, Diego comenta: “La lluvia, el homenaje a don Carlitos poniéndole su nombre al Estadio Olímpico. Yo sólo estuve allí para anotar ese gol. Pero ser parte de la historia es algo que guardarás por siempre en el corazón”.

El Estadio Olímpico se construyó en la Unidad Deportiva Kukulcán a un coste de 3 mil millones de pesos de la época, según las publicaciones del Diario.

Fue la última de las grandes arenas del complejo en abrir sus puertas. El Parque de Béisbol Kukulcán lo hizo en 1982 y el Polifórum Zamá fue inaugurado en 1983.— Gaspar Silveira Malaver

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