Amigos aficionados…
Escribimos la semana pasada sobre las supersticiones y tocamos el tema del color amarillo en el ajuar de los matadores de toros, que, en la mayoría de los casos, prefieren no utilizarlo por considerar que es de mala suerte. Muchos hacen señalamientos de ese tipo.
Lo dijimos con sus ejemplificaciones. “El Zotoluco”, fue uno de ellos. No pidió que me retirara de la Plaza Mérida o que me cambiara, solo hizo su señalamiento.
Temprano el jueves pasado, “Ele Carfelo” se comunicó con nosotros para hacer un acotamiento: el pavor por el amarillo tomó más fuerza, afirma, tras la muerte de Alberto Balderas, en El Toreo de La Condesa el 29 de diciembre de 1940. El toro “Cobijero”, de Piedras Negras, que no era de su lidia, le pegó una cornada en la axila, estando él en el burladero, y al sacarlo de allá, le puso otra, partiéndole el hígado. Aquella trágica tarde, dicen las historias de la época, vestía “un elegante terno amarillo canario y plata”. Mal fario para muchos desde ese lejano año de 1940.
Ese mismo jueves, un mensaje del contador Carlos Pasos Novelo fue para avisar: toreaba, de amarillo y detalles en rojo, Jiménez Fortes, en la plaza de Pamplona, en San Fermín. Fortes, con quien los amigos del grupo “universidad taurina” tomamos café hace dos años en Mérida, ha sido uno de los toreros más castigados de los últimos tiempos.
Y sí, no todos le dicen no al amarillo. El domingo, el yucateco Jussef Hernández, debutando en ruedos de España, toreó en Arganda del Rey, cerca de Madrid, y su traje llevaba tonalidad amarillenta, como mostaza, con pasamanería negra. Un toro le pegó tremenda voltereta, pero salió avante y pudo completar la lidia.
En gustos se rompen géneros. Pero esto de las supersticiones es cosa grande en el toreo.— Gaspar Silveira Malaver


