El béisbol moderno sigue, pero a ratos toma bruscos altos.
Décima entrada, dos outs y dos corredores en base. Dominic Smith, con los Bravos necesitados de al menos una para empatar, deja pasar una pelota en la zona y marcan bola en cuenta de 2-2. El receptor de los Filis TJ Realmuto pide que se revise la jugada y, tras segundos de espera, revierten y con el tercer strike, se acaba el juego y Filadelfia sigue en la serie de comodín.
Primera vez que un juego se acaba con la revisión electrónica del programa ABS.
Lo moderno del juego, especialmente en el manejo del pitcheo, está quedando guardado, al menos arrancando estas series de comodines.
El martes, el joven astro yanqui Cam Schlittler cubrió seis entradas con 107 pitcheos. Y todo hacía suponer que no saldría otra vez a la loma ante Boston porque, en estos tiempos, 100 disparos parece el total, casi prohibido que un serpentinero vaya a más. Pero Cam pidió la pelota y realizó 117 lanzamientos —10 más que su anterior máximo en su carrera y la mayor cifra para un yanqui en postemporada desde CC Sabathia (121) en 2012.
Y ayer, el dominicano Cristopher Sánchez, clave para la rotación de los Filis este año, alcanzó el máximo de su carrera con 116 lanzamientos. La cifra más alta de las Grandes Ligas esta temporada fue 120, pero es época de playoffs y los caballos de batalla no se rinden, menos ahora. Nadie quiere salir del partido.— Gaspar Silveira Malaver
