La tarde del 9 de octubre, festividad regional de la Comunidad Valenciana, tenía el runrún de la expectación desatada en la plaza de toros. Morante de la Puebla y Roca Rey ponían alto el listón.

El “no hay billetes” en taquillas desde hacía casi una semana lo decía todo. Y al final de la sesión, el triunfo y la puerta grande fueron para la clarividente actitud del torero peruano.

Morante se expresó a la verónica con distinción y Roca Rey respondió por chicuelinas y tafalleras en el quite al primero de la tarde, amplio de cara y con el hierro de Torrealta, cuya lidia brindó el sevillano a Luis de la Fuente, seleccionador del equipo español de fútbol, campeón del mundo.

El toro exigió acople y por la mano izquierda Morante le dio más dimensión al muletazo. Zapatillas en compás semicerrado, sin estridencias. La última serie en redondo, ya sobre la diestra, realmente la ligó muy aplomada sobre los talones, en una baldosa.

Morante se fue a por la espada en el punto exacto. Al primer intento perdió pie tras tropezar el acero en una banderilla y después agarró una buena estocada. Ovación tras petición.

Roca Rey se abrió de capa cruzando prácticamente el ruedo por verónicas para recibir al segundo, “Fumador”, negro, bien hecho y estrecho de sienes. El inicio de rodillas con el pase cambiado fue estupendo. Hasta tres veces se lo pasó por la espalda con temple y ritmo hasta el de pecho y el cambio de mano. El peruano, paciente, puso el temple y le limpió el muletazo con facilidad.

En ese momento, con toro y torero en los medios, el helicóptero de la Policía Nacional sobrevolaba el coso de la calle Xativa con un ensordecedor ruido. La atención se desvió. Y es que el “Nou d’Octubre” (como se dice en la lengua valenciana) siempre presenta batalla en los cielos, las calles y, por suerte, también, en el ruedo. Entre las protestas al helicóptero ganó la mano Roca Rey, que ligó el toreo con asiento según los terrenos y fue acordando la lidia hasta el refugio de las líneas de picar y la poderosa invasión muletera. Tras una buena estocada cayó una oreja.

La ilusión estaba por las nubes cuando salió el cuarto. Y fue un farol de Morante para recibir a “Rosito”. Dos. Y tres faroles. Acaramelado de cuerna el toro de Álvaro Cuvillo, veleto y estrecho de sienes. Y los lances a la verónica, casi que le salieron a Morante por delantales en un azulejo, verticales y con un punto de arrebato. El desarme al tercer muletazo y el recorte torero a cuerpo limpio de Morante sobre las piernas despertaron la admiración en los tendidos. Todo fue a menos y el triunfo resultó imposible.

Roca Rey sí tuvo opción y se impuso, paciente y clarividente, al toro castaño y rajado que hizo quinto hasta conseguir el acuerdo. Con la mano por abajo y el paso adelante para sujetar la huidiza embestida. Pulso, temple y aguante sobre ambas manos. Sin atisbo de duda y la mentalidad y ambición de un figurón. Una nueva estocada y la oreja que le abría la puerta grande.

Tomás Rufo se impuso a la mansedumbre de su primero y le cortó una oreja. Fue silenciado con el que cerró plaza, en una faena a menos, ya entrada la noche sobre Valencia.— EFE

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán