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¡Leyes!

Ernesto Arévalo Galindo (*)

“El buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su patria un poder que pretende hacerse superior a las leyes” —Cicerón, escritor, orador y político romano

¡Lo permitimos! Como sociedad, lo permitimos. Permitimos que un poder mancillara la paz, degradara el respeto, anulara la igualdad, deshonrara la dignidad, ultrajara la honestidad, manipulara la sinceridad, condicionara la responsabilidad e hiriera el amor. El amor a la patria. El amor a México. ¡A nombre de la política!

México está lleno de ira. Ira, por el aumento de la canasta básica. Ira, por el robo indiscriminado de exgobernadores catalogados como la nueva generación del PRI por Enrique Peña Nieto. Ira, por el incremento de la gasolina. Ira, por la fuerza de la delincuencia organizada. Ira, porque 2017 fue el año más violento. Ira, por los grandes escándalos de corrupción. Ira, por vivir en el país número uno en impunidad en América Latina.

Aunado a lo anterior, las acciones del gobierno de la República son cuestionadas por los hechos, teniendo como “políticas públicas” dos principales pilares: la “corrupción” y la “impunidad”. Basta recordar los escándalos de la Casa Blanca, la obra del socavón del Paso Exprés de la autopista México-Cuernavaca y la gran “Estafa Maestra”. Sí. Todos escritos con mayúscula, como si fueran nombres propios, porque son el verdadero Informe a la Nación.

Son precisamente la ira ciudadana y los hechos gubernamentales factores que determinarán la elección del próximo presidente de México, porque una vez finalizado el periodo de las precampañas lo único destacable es la ventaja de Andrés Manuel López Obrador sobre Ricardo Anaya, aunque no imposible de alcanzar, y la decrépita tercera posición de José Antonio Meade. En cuanto a propuestas para reorientar el rumbo de la nación: todo siguió igual, con sus constantes ataques sistemáticos para tratar de deshonrar la imagen ante la opinión pública.

Deshonrar, léase quitar la honra o el honor a una persona. Los tres protagonistas, hasta ahora, por la “Silla del Águila” no pueden presumir de honestidad en toda la extensión de la palabra, porque en política simplemente no existe. Platón expresó: “La honestidad es en su mayor parte menos rentable que la deshonestidad”. En política: “La honestidad es en su mayor parte menos rentable que la deshonestidad”.

Todos los días son excelentes para hacer mal a la sociedad.

Visualizamos un panorama turbulento, hasta con cierto miedo en algunos sectores, porque urge la renovación del gobierno de la República, pero hacia dónde. Como una primera respuesta, México necesitará más que votantes a ciudadanos responsables de su decisión al momento de emitir su sufragio libre y en secreto.

El verdadero ciudadano que no pueda tolerar en su patria un poder que pretende hacerse superior a las leyes. No el votante que nada más vote por compromiso o vendido a un candidato, a un partido político o a una coalición, por unos cuantos pesos. Ante las actuales tormentas políticas y sociales, el deber es analizar a cada uno de los aspirantes al poder para tomar la mejor decisión.

Si tenemos derecho a votar, entonces implica una responsabilidad. Si tenemos la oportunidad a elegir, entonces implica una obligación.

El sexenio corrupto e impune no nada más es responsabilidad de un solo gobernante y de su casta política, sino de toda la sociedad, porque lo permitimos. Tenemos, con tantos obstáculos y sufrimientos, que haber aprendido la lección, ya que las consecuencias han sido devastadoras. Crueles en millones de archivos muertos. ¿Aprendimos la lección?

México tiene que volver a ser limpio.

¡Un país de leyes!— Cozumel, Quintana Roo

arevalo61@yahoo.com.mx

Periodista

 

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