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Dinamismo ecológico del planeta

Héctor Velázquez Fernández (*)

Hace unos 150 años, el valle central de California sufrió una terrible inundación que cubrió unos 500 km de largo y 30 de ancho (más o menos proporcional al área que va de Ciudad de México a León). Ello sucedió justo a un costado de la Sierra Nevada californiana, lo que dejó a Sacramento seis meses bajo tres metros de agua. Como aquello ocurrió hace una considerable cantidad de años, es comprensible que hoy aquel desastre sea poco conocido o mencionado.

La causa de ese fenómeno fue una larga corriente de vapor de agua llamada río atmosférico, que usualmente nace a kilómetro y medio sobre el nivel del suelo y puede extenderse por varios miles de kilómetros a la manera de un gran río aéreo; siempre desde una zona tropical hacia otras más frías, y desde el ecuador hacia los polos. Siempre acaba su trayecto con un violento impacto contra las montañas, lo que provoca feroces precipitaciones como la de aquel año en California.

El estudio de los sedimentos depositados en la tierra que bajó desde Sierra Nevada hacia el valle arrojó la sorprendente conclusión de que estas megainundaciones ocurren más o menos cada 200 años. Es decir, que en los próximos 50 ó 70 años podría ocurrir otro cataclismo similar en esa zona de California, en la que viven tres cuartas partes de los 40 millones de habitantes que tiene el Estado, y se estima que cause más estragos que un terremoto de 8 grados.

Los simuladores de clima usados por los meteorólgos remarcan el riesgo de una megainundación como consecuencia de ríos atmosféricos alimentados del cambio climático en temperatura y humedad. Un río atmosférico de la magnitud del esperado podría alcanzar el descomunal tamaño de unas 150 veces el volumen de agua del Río Misisipí.

En Inglaterra y España han padecido fenómenos similares, lo mismo que Tennesí y algunas zonas del Golfo de México.

La ventaja, no obstante su amenaza, es que se trata de mecanismos que conocemos y podemos anticipar; para los que tenemos instrumentos científicos adecuados a su estudio, por lo que en caso de una megainundación los gobiernos no pueden pretextar sorpresas, puesto que sabemos que en algún momento ocurrirá, lo queramos o no.

No todos los desastres de envergadura que han impactado a la Tierra en las últimas décadas se deben a efectos de la acción destructiva del medio ambiente por parte del hombre. Las grandes inundaciones debidas a estos ríos atmosféricos forman parte de los ritmos propios del dinamismo ecológico de nuestro planeta. Estar al pendiente de ellos y conocerlos no solo permitirá mantener alerta nuestra capacidad de respuesta, sino que permitirá conocer mejor la dinámica de nuestra casa terrestre común.— Puebla, Puebla

hv_mx@yahoo.com.mx

Catedrático

 

No todos los desastres de envergadura que han impactado a la Tierra en las últimas décadas se deben a la acción destructiva del medio ambiente por parte del hombre

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