El camino que va de regreso
Alberto López Vadillo (*)
“A Dios rogando y con el mazo dando”, es una antigua expresión mexicana que me gusta porque no pierde actualidad. No digo que otros refranes lo hayan perdido, pero lo cierto es que estas palabras siguen vigentes hoy día.
La frase tiene su origen en la época de la Colonia y significa que cuando deseamos algo está bien encomendarse a Dios, a la Providencia, pero haciendo a la vez todo lo que esté en nuestras manos por lograr lo que pretendemos. Les explico por qué digo esto, estimados lectores.
Iniciamos la Semana Santa, época que por tradición se vive con mucha devoción y recogimiento entre los creyentes. Sin embargo, en los últimos años y como una manera de vivir los días santos ha crecido entre los diferentes grupos religiosos, escuelas y universidades de nuestro estado la convicción de organizar las misiones y las pascuas.
Éstos son ejercicios de espiritualidad, sobre todo de generosidad y empatía con el prójimo, que nos acercan a las poderosas enseñanzas de Jesús: “Ámense como mi padre los ama y amen a su prójimo como a ustedes mismos”.
Este centro penitenciario no es la excepción y los diferentes grupos religiosos y sociales que nos visitan durante el año también organizan con nosotros, las personas privadas de la libertad, experiencias que, como les he relatado en otras entregas, muchas veces nos cambian la vida.
Casualmente, mientras tecleo esto, tengo frente a mí la foto de la primera misión penitenciaria que viví hace ya 14 años. Y me encanta. Fue tomada en la capilla de este lugar con un grupo de esos generosos misioneros. Esta imagen puede ser de cualquier lugar de Yucatán a donde estos modernos cruzados llegan durante la Semana Santa, cada vez en mayor número y con más energía, para ajustar cuentas o al menos intentarlo. Para ir con dureza contra las injusticias y pretender que se pueden cambiar, haciendo un poco mejor la vida de las comunidades a las que visitan y con las que trabajan.
En realidad puede ser una foto de guerra, pienso al mirarla bien. De esta otra guerra cercana, fruto natural de tantas mentiras, incompetencias, latrocinios e injusticias, que hace tiempo estalló en nuestras ciudades y corazones, y que con este esfuerzo se busca cambiar por estos guerreros, usando las únicas armas con las que cuentan: El amor de dios, la compasión y la caridad por el prójimo y el compromiso de buscar un mundo mejor.
Aquí debo decir y reconocer que mucho de lo que se ha logrado en ese sentido en este centro penitenciario es gracias a la capacidad de la Madre Teresa Ochoa, que aún dirige la pastoral penitenciaria con una lucidez y entereza increíble, a pesar de las limitaciones propias de una persona de más 70 años, con lo que solo se refrenda aquello de que una persona no envejece cuando se le arruga la piel, sino cuando se le arrugan los sueños y las esperanzas, y créanme que esta religiosa me ha enseñado que entre más experiencias acumulas, menos capacitado te sientes para juzgar a lo demás. Quienes lo hacen solo evidencian que no han vivido lo suficiente o que han aprendido muy poco.
Hace algunos días me pedía que la apoyara con el trabajo que se hará estos días en el módulo donde están los castigados, aquellos compañeros que a pesar de estar en la cárcel aún se siguen portando mal: “Beto, ayúdame con tu grupo a trabajar con estos ‘chicos sin amor’”…
—Madre Tere, estamos preparando toda la Semana Santa con nuestros abuelitos —le contesté, disculpándome y olvidando con quién hablaba.
“Beto, recuerda que cuando menos lo merezcan, cuando peor te contesten, cuando menos lo demuestren, ese es el momento en que más necesitan del amor de Dios y de nuestra caridad, comprensión y ayuda”, me respondió con esa firmeza particular que no deja espacio para negativas.
Le sonreí diciéndole: “Sí, claro madre, cuente con nosotros, nos organizamos para apoyarla”, pensando que me aplicó la vigencia del refrán “A Dios rogando y con el mazo…”.
Si usted quiere participar como voluntario y conocer nuestro trabajo formando parte de esta familia lo invitamos a ponerse en contacto con nosotros al teléfono (999) 200-6007 con la presidenta, la señora Irma Herrera Hernández.
Pueden hacerlo también donando artículos de higiene personal (jabones, pasta de dientes, cepillos dentales, papel higiénico, rastrillos, peines, etcétera). De igual manera, puede donar cualquier cantidad en efectivo. En cualquiera de los casos, con todo gusto iremos a buscar sus aportaciones, entregándoles, si me lo permiten, en agradecimiento por su generosidad alguno de los cuatro libros que he publicado, donde pretendo dibujar a través de las palabras la vida de un centro penitenciario.
Finalmente, te invito, estimado lector, a vivir esta Semana Santa con el firme propósito de “caminar junto al otro sin juzgarlo”. Con todo lo que quiere decir “caminar”, con todo lo que quiere decir “junto al otro”, pero sobre todo con todo lo que quiere decir “sin juzgarlo”. Que así sea.— Mérida, Yucatán.
alberto.lopez@elcaminoquevaderegreso.com
El camino que va de regreso
@elcaminoqvade
Psicólogo. Interno en el Cereso de Mérida
