Mirada antropológica

RODRIGO LLANES SALAZAR (*)

El pasado jueves 5 de abril, Enrique Peña Nieto pronunció el que ha sido considerado el mejor discurso presidencial del sexenio. Se trata de una respuesta al reciente anuncio de Donald Trump de enviar militares a la frontera entre Estados Unidos y México.

En su discurso, Peña se refirió a los “dos principios fundamentales que habrían de guiar” la relación bilateral: 1) salvaguardar el “interés nacional, nuestra soberanía y la dignidad de los mexicanos”, y 2) “mantener una visión constructiva y abierta, que nos permita superar diferencias, afrontar retos comunes y lograr acuerdos”.

El presidente mexicano destacó los avances en las negociaciones para modernizar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan), los esfuerzos para combatir el crimen organizado transnacional y la defensa de los derechos de los mexicanos en Estados Unidos.

Uno de los momentos más alabados del discurso de Peña fue su referencia a los tiempos electorales y, especialmente, a los pronunciamientos de los candidatos de la Presidencia, todos de rechazo a las medidas de Trump.

Citó con nombre y apellido a los tres candidatos y a la candidata y sus llamados a la unidad nacional, a la construcción de una relación de amistad y cooperación, la defensa de la soberanía y la dignidad de la Nación. “Como Presidente de todos los mexicanos, coincido con estas expresiones”, sentenció Peña.

Los medios han destacado el siguiente pasaje: “Presidente Trump: Si usted quiere llegar a acuerdos con México, estamos listos. Como lo hemos demostrado hasta ahora, siempre dispuestos a dialogar con seriedad, de buena fe y con espíritu constructivo. Si sus recientes declaraciones derivan de una frustración por asuntos internos, de sus leyes o de su Congreso, diríjase a ellos, no a los mexicanos”.

Finalmente, Peña concluyó su discurso afirmando que “Hay algo que a todos, absolutamente a todos los mexicanos nos une y nos convoca: la certeza de que nada, ni nadie, está por encima de la dignidad de México”.

Ciertamente, este discurso de Peña contrasta con otros pronunciamientos públicos, conocidos por sus desatinos. La lista es larga, e incluye confusiones sobre las siglas de instituciones públicas, errores en conocimientos básicos de geografía e historia de México, en la conjugación de verbos, pronunciación en inglés y otras lenguas, entre otros desaciertos que han sido motivos de numerosos memes en el país.

¿Realmente es de celebrarse el reciente discurso de Peña? Me parece que no, por varias razones. Primero, como ya han advertido algunos analistas, entre ellos Jorge Zepeda Patterson el día de ayer en estas páginas, el discurso de Peña llegó sumamente tarde y, casualmente, al inicio de la campaña electoral. Y, como bien saben los analistas del discurso, éste no consiste solo en las palabras —y cómo son pronunciadas—, sino en muchos otros elementos del contexto, entre ellos el momento preciso en que es realizado.

Recordemos el motivo del mensaje de Peña. En los últimos años, cientos de migrantes, provenientes principalmente de Honduras, han realizado durante Semana Santa una caravana conocida como Viacrucis Migrante: huyendo de los problemas de violencia y pobreza de sus países de origen, estos migrantes recorren a pie el territorio nacional saliendo de la frontera sur de México hacia la frontera norte, aunque muchos de ellos se quedan en el camino buscando asilo y protección en México.

Este año, el grupo más grande del Viacrucis estaba integrado por alrededor de 1,200 migrantes.

El pasado domingo 1 de abril, Trump publicó en Twitter que “Las ‘caravanas’ vienen en camino”, que “Se están volviendo más peligrosas” y que “México tiene el poder absoluto de evitar que estas grandes ‘caravanas’ de personas ingresen a su país”. Los tuits continuaron durante los siguientes días. A inicios de la semana pasada, Trump tuiteó: “Hasta que podamos tener un muro y seguridad adecuada, resguardaremos nuestra frontera con los militares. Ese es un gran paso”.

La lectura de varios analistas es que la propuesta de Trump de militarizar la frontera de Estados Unidos con México responde a las frustraciones del mandatario estadounidense debido a que, hasta la fecha, no ha podido cumplir con una de sus principales promesas de campaña: la construcción del muro. Trump solicitó 25,000 millones de dólares al Congreso para tal propósito, y éste sólo le aprobó 1,600 millones. Frente a las elecciones intermedias de este año, y ante la improbabilidad de construir pronto el muro, Trump recurrió a la propuesta de militarizar la frontera, a pesar de que la Ley de Posse Comitatus, de 1878, prohíbe el uso de las fuerzas armadas para responsabilidades civiles. Es por estas razones que, en su mensaje, Peña hizo referencia a las frustraciones de Trump por “asuntos de política interna, de sus leyes o de su Congreso”.

Sin embargo, es bien sabido que los ataques de Trump y las medidas contra inmigrantes mexicanos datan de varios años atrás, y que la respuesta del Estado mexicano ha sido más bien tibia, sin olvidar la vergonzosa invitación que Peña y Luis Videgaray hicieron al entonces candidato republicano a nuestro país en 2016 y que provocó una ola de indignación en México.

No escuchamos mensajes similares cuando Trump ordenó revocar el DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, el programa que protege a cientos de miles de niños y jóvenes inmigrantes) o cuando se refirió a los inmigrantes como “serpientes traicioneras”. Como han señalado expertos en migración y organizaciones que trabajan con mexicanos que han regresado de Estados Unidos al país, tales como “New Comienzos” y “Otros Dreams en Acción”, las acciones del Estado mexicano al respecto, como el programa Somos México, han sido muy limitadas.

Del mismo modo, la relación diplomática bilateral no se parece mucho a la descrita por Peña en su discurso. Como es sabido, ha sido el yerno de Trump, Jared Kushner, quien ha llevado la batuta en la relación diplomática entre los dos países, y no la más experimentada embajadora Roberta Jacobson (quien recientemente renunció a su cargo). Por esta razón, algunos expertos, como el profesor de la Universidad de Columbia Christopher Sabatini, han señalado una “falta de profesionalismo y personalización de la diplomacia” en la relación entre Estados Unidos y México (The New York Times, 7-3-18).

Es verdad que, afortunadamente, Kushner no comparte todas las ideas de Trump con respecto a la relación con México; por ejemplo, el yerno ha pedido al presidente que éste deje de exigir que México pague el muro. Sin embargo, todo parece apuntar a que, en temas cruciales, la relación entre México y Estados Unidos, lejos de ser “constructiva y abierta”, como declaró Peña, se asemeja más bien a una diplomacia personal entre Kushner y Videgaray.

Asimismo, el discurso de Peña fue pronunciado en un momento en el que, como documenta el reciente informe “México: manual sobre la elección presidencial de 2018”, elaborado por Citi Research, el presidente mexicano es rechazado por más del 70% de la población. De acuerdo con el informe, este rechazo se debe al aumento de la percepción de la corrupción en el país, en donde algunos de los principales escándalos de corrupción, como los de Odebrecht, OHL y Paso Exprés, continúan impunes.

El rechazo a Peña también obedece, según el informe antes citado, a los problemas de violencia e inseguridad: el sexenio de Peña ya es el más violento de la historia reciente del país con más de 102 mil víctimas de homicidio (“Proceso”, 1-4-18). Cabe destacar que, como ha documentado el analista Eduardo Guerrero, el aumento de los homicidios en México en los últimos años no está relacionado únicamente con el tráfico de drogas —campo en el que los últimos gobiernos han tenido un enfoque fallido—, sino también a la extracción y venta ilegal de hidrocarburos, los robos en carreteras y a trenes, a algunos procesos de alternancia en gobiernos estatales, así como al ascenso del cártel Jalisco Nueva Generación (“Nexos”, 1-4-18).

La posición del Estado mexicano frente a las medidas de EE.UU. con respecto a los migrantes mexicanos, así como la falta de acciones contundentes en contra de la corrupción y la violencia e inseguridad hacen que el reciente discurso de Peña sea solamente eso: un discurso sin sustento en la realidad.

En contra de lo que declara el Presidente, en México la corrupción y la violencia están muy por encima de la dignidad miles de mexicanos. Si tuviéramos que elegir el mejor discurso del sexenio, yo prefiero otro, el de Estela Hernández en el evento del año pasado en el que la Procuraduría General de la República pidió una disculpa pública a la mamá de Estela, Jacinta Francisco, así como a otras dos indígenas hñähñú, Alberta Alcántara y Teresa González, por haberlas detenido injustamente y mantenerlas por tres años en prisión. En ese discurso, Jacinta declaró que “después de vivir este terrorismo de Estado (…) hoy nos chingamos al Estado”, pero yo me quedo con la frase final de su discurso: “Por los que seguimos en pie de lucha por la justicia, la libertad, la democracia y la soberanía de México, para nuestra patria, por la vida, para la humanidad, quedamos de ustedes, por siempre y para siempre (…) hasta que la dignidad se haga costumbre”.— Mérida, Yucatán.

rodrigo.llanes.s@gmail.com

Investigador del Cephcis-UNAM

 

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