Se aprovechan de la pobreza
Eduardo R. Huchim (*)
Ocurrió en Andalucía, en tiempos de la República Española. Eran también tiempos de elecciones y de desempleo. Faltaba el trabajo y en las plazas se reunían los desempleados. Llegó ahí el capataz de un cacique local que empezó a repartir dos duros (diez pesetas) a cada uno de los jornaleros sin jornal para que votaran por los candidatos del cacique. Uno a uno fueron aceptando el dinero y la lista de candidatos, hasta que el enviado se topó con un trabajador sin trabajo que reaccionó diferente.
—“Tú tienes hambre y nosotros podemos darte lo que necesitas” —le dijo el capataz, entregándole los dos duros y la lista de candidatos.
El labriego andaluz tomó las dos monedas y la lista, tiró todo al suelo y exclamó:
—“¡En mi hambre mando yo!”
La narración del hecho se atribuye a Salvador de Madariaga en su libro “España. Ensayo de historia contemporánea” y también la cuenta Eduardo Galeano en Espejos. Y la frase da título, asimismo, a una novela de Isabel Oyarzábal.
La recordación ilustra lo que está ocurriendo en estos días en México, donde la infamia aprovecha el hambre de los millones de pobres que hay en el país, para comprarles su única riqueza: su voto, su dignidad. Y de esa manera se empaña la elección y se pervierte a una parte del electorado porque, aun cuando no dudo que haya quienes respondan como el jornalero español, la mayoría sucumbe ante la dádiva infamante.
“Todos”
“Lo hacen todos los partidos”, me dicen. Y quisiera creer que no, que quizá uno o dos no recurren a la compra y coacción del voto. Pero aunque lo hicieran todos, lo cierto es que ninguno, salvo el PRI, recibe legalmente del INE 1,689 millones de pesos, la mayor partida del financiamiento público. Además, ilegalmente el PRI dispone de suculentos recursos del presupuesto federal, de los presupuestos de 14 estados que gobierna, sin contar los apoyos municipales. Democracia sin Pobreza ha identificado la compra del voto en efectivo en 13 entidades y donde se cotiza más caro es el Estado de México: entre 250 y 5,000 pesos (“Reforma”, 24/05/18).
Procedente de los erarios de los tres órdenes de gobierno, de una parte del sector empresarial y de la delincuencia organizada (como dijo este martes 29 de mayo, con otras palabras, María Amparo Casar, presidenta de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad), el dinero ilegal está corriendo a raudales para enturbiar nuestra incipiente democracia, para erosionarla, para dañarla… ¿Y qué hacen las autoridades electorales —INE, Tepjf, Fepade, OPLes, tribunales estatales— ante El Problema de nuestras elecciones: el dinero ilegal en las campañas? Cierran los ojos y/o miran para otro lado, eso hacen. Les hace falta lo que al labriego andaluz le sobraba.
En el caso del INE, su presidente —nadador de aguas tibias— y varios otros consejeros —no todos— poseen gruesos impermeables sobre los que les resbala todo. Llueven señalamientos, documentados estudios de las organizaciones, quejas, pero no. Quienes lo saben todo son ellos, los poseedores del “summum” de la materia electoral. Para esos tales, los demás son meros aficionados, inexpertos en el tejido fino de los comicios. Además —alegan—, los consejeros no son policías, los delitos electorales competen a la Fepade, lo cual es cierto, pero… la compra y coacción se hace con dinero, y el control de los dineros en campaña es materia de fiscalización, es decir competencia exclusiva del INE, que posee poderosas herramientas para hacer su tarea. No puede el INE eludir su responsabilidad. Bueno, sí puede… lo está haciendo.
No ha hecho mucho
Por su parte, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación no ha hecho mucho en ese terreno y, al contrario, ha frustrado, mediante la revocación de varios acuerdos, los escasos intentos del INE por propiciar la equidad en los procesos comiciales. En tanto, la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (Fepade) ha vuelto a la inacción que la caracterizó durante casi toda su existencia, excepción hecha del lapso en que la encabezó Santiago Niego Castillo, defenestrado por investigar el caso Odebrecht-Lozoya-Peña Nieto.
Ante la inefectividad de las instituciones comiciales, a las que se les destinan presupuestos multimillonarios (el pariente pobre es la Fepade, con poco más de 160 millones de pesos), la elección será deficitaria en calidad. Gane quien gane, la democracia no ganará.— Ciudad de México.
omnia08@gmail.com
@EduardoRHuchim
Periodista
