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FREDDY ESPADAS SOSA (*)
Entre la batería de acciones, programas y medidas que ha venido anunciando de manera bastante anticipada el virtual presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, destaca la creación de la figura de Coordinador General de Programas de Desarrollo en cada entidad federativa.
Este cambio en la administración federal —que implica la supresión de los delegados y subdelegados federales— continúa levantando ámpula y generando aguda polémica entre los actores políticos, en razón de que originará la concentración hasta cierto punto desmedida de atribuciones y responsabilidades en una sola persona para el manejo de los cuantiosos recursos que se operan en cada estado a través de los programas federales.
En nuestro Estado, las dudas y temores sobre la designación de Huacho como Coordinador General del Gobierno Federal se expresan de maravilla en la caricatura con que Tony nos obsequió en días pasados, en la cual se aprecian dos sillas de gobernador: la de la derecha se ve pequeña y la ocupará a partir del 1 de octubre Mauricio Vila Dosal, y la de la izquierda aparece magnificada con el águila republicana en su parte superior; en esta silla, que más parece trono, se sentará Huacho, el “otro gobernador”, a partir del 1 de diciembre (D.Y., 19 de julio, Nal., p. 4).
Considero que son legítimas y absolutamente explicables las dudas, críticas y cuestionamientos que se están expresando en torno al nuevo cargo de Coordinador General que ha propuesto AMLO. Como señalamos en nuestra colaboración anterior (D.Y, 20 de julio, Local, p. 4), creemos que son sanas las advertencias que se hacen a tiempo sobre el futuro desempeño de Huacho, sobre todo por su procedencia política, pues, como todo mundo sabe, se salió abruptamente del PAN al no ser seleccionado candidato a senador y dio espectacular brinco trapecista al torrente imparable en que ya se había convertido la coalición encabezada por AMLO en la disputa presidencial, convirtiéndose en el candidato de Morena a la gubernatura.
Desde luego, existe la probabilidad de que el considerable poder político que concentrarán Huacho y su grupo pueda ser utilizado de manera avieza e irresponsable, ejerciendo una suerte de revanchismo contra Vila Dosal, derivado de la aguda disputa partidista en la que estuvieron inmersos en el pasado reciente.
Todos los yucatecos abogamos por que no exista el escenario de “dos gobernadores” con el esquema pernicioso de “Huacho Vs. Vila”. Muy por el contrario, le apostamos a que el desempeño de Huacho como “superdelegado federal” se ciña a las atribuciones y responsabilidades que a su tiempo serán establecidas en las disposiciones jurídicas y administrativas de orden federal.
Adicionalmente, los diversos programas de las dependencias federales están sometidos a sus correspondientes Reglas de Operación, las cuales son publicadas oportunamente en el Diario Oficial de la Federación, lo que les da fuerza de Ley y, por tanto, tienen que ser rigurosamente obedecidas por los servidores públicos responsables de la implementación de aquellos programas.
Por lo demás, el propio Huacho ha declarado recientemente que ejercerá un trato de reconciliación constructiva con el nuevo gobierno de Vila Dosal, buscando siempre el bien de Yucatán.
Abundando al respecto, Díaz Mena señaló que es tiempo “de dar vuelta a la página electoral y ubicarnos como empleados del pueblo, servir a la gente y ser empleado del Presidente…”(D.Y.21 de julio, Local, p. 3).
En el caso del próximo gobernador, se observa que ha guardado prudente silencio sobre el adelantado “nombramiento” de Huacho. Sin embargo, aquí no debe caber ninguna confusión, ya que las atribuciones del gobernador están claramente establecidas en las constituciones federal y estatal, así como en los diversos ordenamientos que regulan las complejas relaciones entre la Federación y los estados, los cuales, en caso de que quieran ser cambiados, creemos que esto deberá ser no para volver al viejo centralismo paralizante sino a favor de la soberanía de los estados y de la autonomía de los municipios.
En resumen, ante los nuevos escenarios que viviremos a partir del primero de diciembre, le apostamos fervientemente a que las relaciones entre el gobierno estatal y el representante de la administración federal se guíen por la colaboración, el diálogo, la colaboración y la corresponsabilidad, todo ello con pleno respeto al Estado de Derecho. Lo que debe buscarse siempre es la correcta aplicación de todos los programas y acciones que favorezcan el bienestar de los yucatecos, amén de prevenir de raíz el horrendo cáncer de la corrupción.
Esperemos que los deseos de superación de todos los yucatecos estén por encima de la politiquería, de las ambiciones personales y de los intereses partidistas que tanto daño han hecho a la función pública y, en consecuencia, a toda la ciudadanía. Al tiempo.— Mérida, Yucatán.
canek_1999@yahoo.com.mx
Profesor-investigador titular “C” de T.C. Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 31-A, de Mérida, Yucatán
