Irving Berlín Villafaña (*)
Un fantasma recorre América. No es el comunismo ni otro manifiesto. Es una avalancha de telenovelas turcas que busca vigorosamente un mercado latino que había sido cooptado históricamente por Televisa, TV Globo y, en su momento, Venevisión, antes de que la telenovela venezolana se convirtiera en el Aló Presidente de Hugo Chávez.
Las telenovelas turcas entraron al continente contando historias nacionales tales como “El Sultán” y “Ertugrul”. Ahora en la cartelera mexicana puede verse “Vatanim sensin (Mi patria eres tú)”, una historia de amor tejida de mano de la epopeya fundacional del estado moderno turco a cargo de Mustafá Kemal Ataturk, cuyo apellido da nombre al aeropuerto de Estambul.
La fascinación de estas historias se basa en las siguientes características:
a) Exhiben paisajes hermosos y arquitecturas exóticas, como la Mezquita azul, los puentes del Bósforo, Capadocia y otras ciudades históricas que hacen que Turquía esté de moda (no hay película nueva que se precie de tener éxito de taquilla que no comience con alguna escena filmada en estas ciudades, incluso una buena parte de “El señor de los cielos” se filmó en esos sitios imponentes).
b) Los actores: las caras, cuerpos y rostros de los artistas turcos son tan desconocidos como atrayentes y, pese a lo difícil de sus nombres, se están volviendo conocidos en América como antes Verónica Castro hacía llorar en Kostajnica.
c) El estilo cinematográfico que suele durar una hora en cada capítulo puede combinar tomas muy abiertas y escenas de acción para contar historias donde la mujer puede ser seducida por un machismo trasnochado, pero en un santiamén es capaz de asumir una fuerza descomunal y hacerla valer en contra de quien sea.
Esta combinación de tres bellezas —en el espacio, los actores y el guión— está surtiendo efecto en las miradas americanas aunque los roles femeninos no terminen de convencer a las nuevas audiencias seculares y modernas.
“Mi patria eres tú”
Dos canales mexicanos abiertos están programando telenovelas turcas, Azteca Trece e Imagen Televisión. Entre las varias que están al aire me llama la atención “Mi patria eres tú”, una serie ambientada en la Primera Guerra Mundial que cuenta las vicisitudes de una pareja separada por el destino, pero sobre todo por las luchas patrióticas que obligan a misiones peligrosas contra los griegos que ocupan militarmente Esmirna.
El personaje principal Cevdet está basado en la vida de un soldado turco llamado Mustafá Mumin Aksoy, cuyo amor por su patria es ejemplar, pues es capaz de pasar por frecuentes y graves dolores sin claudicar en su afán de apoyar las causas libertarias de Mustafá Kemal, padre del estado turco.
La patria mexicana
Son muchas cuestiones las que se pueden analizar de la potente industria audiovisual turca, capaz de mover el tablero de las grandes productoras americanas de telenovelas.
No obstante, lo que más me llama la atención es que muchas de estas teleseries son promotoras, no solamente de las imágenes turísticas y costumbres de ese lejano país, sino también de un sentimiento patriótico, nacionalista y musulmán, que convoca a miles de americanos y mexicanos a presenciar un lenguaje y unas narrativas no comunes al imaginario actual y, pese a eso, sorprender a la audiencia.
La patria en México es, sin duda, un territorio imaginario donde están más presentes la música, la comida y el mariachi que las hazañas de los héroes o los episodios que cuentan su grandeza. Las telenovelas mexicanas históricas se produjeron entre los años 70 y 90 destacando “Los caudillos”, “Senda de Gloria” y “El carruaje” y en fechas recientes no recuerdo haber visto ninguna, acaso sustituidas por las ficciones sobre el narcotráfico.
La industria cultural de un país es vital para la proyección de valores e imaginarios que ayuden a la cohesión social y también a la difusión en el exterior de sus señas de identidad.
En este mes patrio no deja de llamar mi atención que una de las telenovelas proyectadas en México sea turca y que su relato sea el profundo amor a la patria que los soldados de Ataturk profesaron a las cenizas del imperio otomano, con un espíritu que, desde luego, contrasta un poco con la celebración mexicana del grito de Independencia y el tequila.
