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James Conner (Número 30)- Foto: AP

Rincón del Maloso

Moisés Cituk Hernández (*)

“Cuando escuché que tenía cáncer, me asusté un poco. Pero el miedo es una elección. Vamos a luchar y vamos a vencer esta cosa”, fueron algunas de las palabras de James Conner el 4 de diciembre de 2015, cuando anunció en una rueda de prensa celebrada en la Universidad de Pittsburgh que había sido diagnosticado con linfoma de Hodgkin.

Mientras se recuperaba de una lesión en la rodilla, sufrida en su segunda temporada como corredor de las Panteras de Pitt, Conner —en ese entonces con 20 años de edad— descubrió que un tumor rodeaba su corazón.

El joven nativo de la ciudad de Erie, ubicada a dos horas de Pittsburgh, pasó de ser “All-American” en 2014 a tener que someterse a 12 agresivas sesiones de quimioterapia para salvar su vida.

Conner no quiso que su tratamiento fuera privado. Constantemente era acompañado por familiares, amigos, compañeros, incluso otros pacientes, a los que animaba y motivaba a seguir luchando. Nunca dejó de entrenar, de acudir al gimnasio, de prepararse para su gran regreso al emparrillado.

Y fue así como el 23 de mayo de 2016 recibió la llamada que tanto añoró escuchar: James estaba libre de cáncer. Su recuperación fue tan increíble que pudo estar presente en el juego inaugural ante Villanova… en Heinz Field, la casa de los Acereros.

Las Panteras ganaron 28-7, comandadas por dos anotaciones de Conner, quien tuvo una gran campaña. Sin embargo, quedaba una meta por cumplir: llegar a la NFL. El 28 de abril de 2017, en Filadelfia —y tras haber reclutado a T.J. Watt y JuJu Smith-Schuster, otros jóvenes referentes del equipo en la actualidad—, los Acereros lo seleccionaron en la tercera ronda.

La historia bien pudo terminar ahí. Ya era perfecta. Pero James, ahora titular, tiene otros planes.

 

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