Foto: Megamedia

El sentimiento se puede presentar en lo físico, en lo moral o espiritual y en lo mental

Hablemos de Bioética

El sufrimiento humano es algo más complejo que la enfermedad. La Medicina descubre en el sufrimiento una de las realidades humanas con las que más contacto tiene; pero siempre se presentan aspectos que rebasan las aportaciones de la ciencia y la técnica.

Hoy día se distinguen tres tipos de sufrimiento:

1.— Sufrimiento físico, el cual significa que duele el cuerpo, debido a la enfermedad al cansancio o al peso de los años.

2.— Sufrimiento moral o espiritual, que equivale al “dolor del alma”, derivado, por ejemplo, de la persecución, de la pérdida de un ser querido, de la nostalgia de la patria, etcétera, que son causas de angustia o desesperación, tristeza.

3.— Sufrimiento psíquico o mental, que se da ante las preocupaciones —de lo que ya ha pasado o sucederá en el futuro— y por la sensación de no encontrar la pronta y adecuada solución.

En el Antiguo Testamento, encontramos la relación entre sufrimiento y mal. El pecador merece el sufrimiento físico y si no se corrige, la pena eterna o condenación.

Actualmente la Iglesia enseña que hay que librarse del mal moral, que es el pecado, y del mal físico que es la enfermedad. “El hombre sufre a causa del bien que no ha alcanzado”, es decir, cuando el enfermo o el malvado va perdiendo la capacidad de remediar su situación.

El libro de Job demuestra que es posible el sufrimiento de un inocente. Se supera así la antigua maldición del sufrimiento, como consecuencia de la culpa cometida. A lo largo de este libro lleno de sabios consejos, Dios mismo demuestra que Job es un hombre justo, es decir, virtuoso.

El sufrimiento tiene un carácter penitencial; sirve para corregir, no para destruir. Da siempre la posibilidad de reconstruir. El libro de Job no da la respuesta al por qué del sufrimiento humano, ya que hasta entonces el bienestar en la Tierra era signo evidente de la bendición de Dios en vistas a la felicidad eterna. Por eso el relato bíblico concluye cuando Job recupera su familia y sus propiedades.

El Nuevo Testamento nos da la clave para comprender por qué sufre el hombre. En efecto, el amor es la fuente más rica sobre el sentido del sufrimiento, que es siempre un misterio. La cruz de Cristo nos hace entrar en el misterio. Sufrir por sufrir no tiene sentido; sufrir por amor y unidos a Cristo crucificado es encontrar el sentido cristiano del sufrimiento humano.— Presbítero Alejandro de J. Álvarez Gallegos, profesor de Bioética en el Seminario Conciliar de Yucatán

 

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán