Ricardo Alberto Gutiérrez López (*)
A raíz del descubrimiento del llamado “nuevo mundo” por los europeos, los ojos de muchos de los aventureros que abandonaron sus lugares de origen se pusieron en las fortunas que hasta entonces no habían podido lograr.
Podemos decir que absolutamente todo el continente sufrió un movimiento migratorio, como nunca se ha vuelto a ver.
Sin embargo, estas tierras nuevas para los europeos ya estaban ocupadas por asentamientos humanos con diferentes grados de avance en sus civilizaciones. El momento histórico a que me refiero está lleno de momentos buenos y malos, según como se vea.
Las condiciones del choque de los dos mundos tuvo características diferentes según la nación europea que colonizara. Los españoles eran aventureros en busca de fama y fortuna. Los ingleses huían de la opresión de una monarquía que les parecía chocante.
¿Cuáles fueron los motores que los impulsaron a probar suerte en el nuevo mundo? Es innegable que la aparición de los europeos en el continente que luego se llamaría América dio fin a un estilo de vida y, como suele suceder siempre que dos civilizaciones colisionan, la más fuerte tiende a dominar a la más débil.
Los ingleses buscaban la libertad y los españoles buscaban tierras para preservar el poderío de su patria, que por esos años era la más poderosa del mundo. Encuentro que se dio con violencia en la mayoría de los aspectos. Pero no podemos negar que también se dio la absorción de una nueva cultura por los habitantes nativos del continente americano.
Pero el fenómeno fue muy distinto entre ambas. Las tierras ocupadas por los anglosajones sufrieron el exterminio sistemático de sus habitantes nativos, los cuales fueron prácticamente aniquilados y, por supuesto, no hubo mezcla de razas. En los dominios de la corona de España sí se dio el mestizaje y, aunque también hubo momentos sangrientos, se trataba de que los naturales asimilaran la religión y la cultura de los nuevos amos del mundo.
Particularmente en el caso de la zona donde floreció la cultura maya, cuando los españoles llegaron se encontraron con vestigios de lo que en otro tiempo parecieron haber sido unas imponentes ciudades. Es decir, lo que conocemos como ruinas mayas, ya lo eran desde el momento de la conquista.
Los mayas, aunque poseedores de una gran cultura y avance en la ciencia, también eran beligerantes y se declaraban constantemente la guerra entre ellos y sus ciudades Estado. De tal suerte que los españoles, al momento de su llegada, solamente encontraron vestigios de esa gran civilización.
La conquista de España no fue de exterminio, fue finalmente la unión de dos culturas en la que prevaleció, por ser la más fuerte, la española; sin embargo, asimiló y respetó muchos usos y costumbres mayas.
Yucatán tiene 106 municipios con sus escudos españolizados en 103 y solo tres no lo tienen. El de Mérida con el lema que se le dio el rey de España: “A la muy noble y muy leal ciudad de Mérida”. Todo yucateco ha incorporado al habla diaria múltiples vocablos mayas y eso nos orgullece; tenerla nos llena de identidad.
Ahora, a más de quinientos años en el tiempo, la polémica por la aparición de los europeos en Yucatán ha dividido las opiniones. Desde los que piensan que los españoles nos dieron el idioma, la religión y que finalmente crearon una nueva raza, hasta los que insisten en que todos los males de nuestras naciones de habla española son responsabilidad de los conquistadores y, por tanto, debemos negar la importancia de su influencia, en aras de tratar de devolver a los pueblos indígenas una dignidad arrebatada siglos atrás. Pero hay cosas que, por más que lo deseemos, no pueden negarse. Es como querer cambiar el pasado.
He leído con atención los artículos escritos por los señores Rodrigo Llanes Salazar y Antonio Salgado Borge, quienes abogan por la remoción de la estatua de los Montejo situada en el remate del paseo del mismo nombre, por considerarlas como una falta de respeto a los pueblos indígenas y por ensalzar la imagen de dos genocidas.
No concuerdo con sus argumentos, los considero equivocados. Yo soy de la opinión de que el monumento debe permanecer donde está principalmente porque, ¡Son los fundadores! Eso no lo podemos negar y porque representan la unión de dos culturas, representan el mestizaje. Además, como lo menciono antes, no destruyeron ninguna civilización, los mismos mayas se habían encargado de hacerlo entre ellos mismos, a causa de las guerras entre sus poderosas ciudades.
Desde la conquista, y hablando en términos generales, a los nativos mayas se les ha tratado como seres humanos y no como carne de exterminio; además, los misioneros enviados por la misma Corona española trabajaban para impedir el abuso y el exterminio. Tristemente no tuvieron éxito en muchos casos.
Si la condena a la estatua estriba en que solamente se homenajea a los españoles y dejando de lado al pueblo maya, entonces se puede colocar una ceiba junto a las efigies de los fundadores, no en lugar de ellos. De este modo, ambas culturas estarían representadas.
Estas muestras de radicalismo se han dado antes. En el pasado cambiaron el nombre del paseo de Montejo por el de avenida Nachi Cocom y lo firmaron colocando una placa alusiva; sin embargo, la idea no tuvo eco entre el pueblo yucateco, no prosperó pues no quisimos los yucatecos.
¿Le cambiamos el nombre a la avenida Itzáes? Tal vez debamos demoler la Casa de Montejo por ser símbolo de la opresión. Y la avenida Colón, ¿qué hacer con ella? ¿Le quitamos el nombre?
Hablando de Cristóbal Colón, en algunas ciudades de los Estados Unidos se ha dejado de celebrar el “Columbus Day” sustituyéndolo con “el día de los pueblos indígenas originarios”. Personalmente, considero esto una hipocresía; es irse hasta el extremo opuesto.
Resulta inadecuado si consideramos que la conquista anglosajona fue de exterminio. Aniquilaron a los pueblos indígenas. Los pocos representantes que aún sobrevivieron son tratados como una atracción turística. El anglosajón no se mezcló con los indígenas, no hubo mestizaje.
En 1962 tuve la oportunidad de vivir en la ciudad de Henderson en el estado de Kentucky, EE.UU., durante un año y eso me permitió ser testigo de la terrible discriminación contra las minorías de alguna etnia diferente a la etnia blanca.
El pueblo yucateco no es racista, tal vez podría acusársele de clasismo; es decir, que sin importar tu origen se aplica el dicho de: “tanto tienes, tanto vales”. En Yucatán no sé de algún caso en el que a una persona se le hubiera negado el acceso a la educación o a un trabajo solamente por ser de ascendencia maya. Los yucatecos somos mestizos, mayas y españoles, incluyendo las combinaciones diversas. El yucateco está muy orgulloso de su origen y lo demuestra frecuentemente.
Las demandas de quitar la estatua de los Montejo por ser conquistadores y españoles no encontrarán eco; porque los yucatecos somos orgullosamente mestizos, privilegiados por la mezcla resultante del encuentro de las razas maya y española.— Mérida, Yucatán.
leconser@yahoo.com
Exdiputado y expresidente del Congreso del Estado.
