Cuando se hace un análisis de las empresas de cualquier tamaño, se pueden hacer tres grupos. Ciertas empresas se pueden enfocar muy bien en el aprovechamiento de recursos, capacidades y productividad de manera que atienden las necesidades a corto plazo.
Por otra parte están las que aceptan que los mercados están cambiando constantemente y que existen espacios en sus modelos de negocio, aceptan riesgos y fallas y constantemente están invirtiendo en exploración de nuevas ideas.
Pero existe un tercer grupo, aquellas que pueden aprovechar y explorar los recursos y capacidades, los espacios de negocio y las innovaciones incrementales o estructurales de manera simultánea.
Estas empresas se dice que son ambidiestras, porque pueden realizar la tarea muy compleja de balancear no solo las funciones de negocio de día con día, sino también los modelos de negocio, las capacidades, los sistemas, los procesos, los incentivos y la cultura. Es decir, requiere que la empresa sea organizada de manera muy diferente.
Según el Dr. Charles O´Reilly, de la Universidad de Stanford, los proyectos internos pueden agruparse de cuatro formas distintas: aquellos con cambios funcionales, que son innovaciones que son integradas dentro de la operación de manera sencilla. Otros son con equipos interfuncionales, que están dentro de la organización, pero fuera de la estructura jerárquica tradicional.
Un tercer grupo es de aquellos donde se forman equipos independientes, que están afuera de la organización y de la estructura jerárquica.
Y finalmente están los proyectos ambidiestros, que están organizados estructuralmente como unidades independientes, pero integrados dentro de la jerarquía de la organización.
Las empresas ambidiestras son maestras en las habilidades de idear, incubar y escalar. Crean y favorecen la formación de nuevas ideas a cualquier escala.
También tienen los mecanismos internos para incubar las iniciativas de manera que verifiquen estrictamente aquellos nuevos modelos de negocio que son viables.
Finalmente, lo que las separa del resto es la habilidad para escalar las nuevas iniciativas y convertirlas en nuevos negocios con grandes rendimientos. Es esta capacidad de escalar lo que las convierte en exitosas.
Las empresas que sobreviven no solo tienen que renovarse incorporando cambios sustanciales, sino además deben hacerlo de manera equilibrada, sin dañar o socavar los negocios tradicionales. Se trata de no solo ver el corto plazo o el largo plazo, sino ambos, de manera simultánea.
franklin_recio@yahoo.com
Candidato a Doctor en Análisis Estratégico y Desarrollo Sustentable por la Universidad Anáhuac Mayab.
