El patrimonio de Mérida no se limita a lo visible ni a lo antiguo. Es un sistema que cruza el territorio, la historia y la vida cotidiana, y que hoy afronta el reto de crecer sin perder su sentido.
Bajo esa idea se desarrolló la mesa panel “Los patrimonios de Mérida: normativas municipales para su protección y gestión”, realizada como parte del XII Simposio sobre Patrimonio Cultural de Mérida.
La primera en intervenir fue la antropóloga Natalia Quintanilla Mena, quien planteó que el patrimonio cultural del municipio debe entenderse como un todo que integra naturaleza, historia y prácticas sociales.
No se trata, dijo, de elementos aislados, sino de un conjunto que construye identidad.
Desde esa base, el patrimonio natural ocupa un lugar central. La especialista subrayó que el territorio yucateco, marcado por su sistema kárstico, ha condicionado históricamente la forma en que se habita.
“Son condiciones estructurales para albergar los asentamientos humanos”, señaló.
Cenotes, cuevas y ecosistemas no solo son parte del paisaje, también determinan el acceso al agua, el crecimiento urbano y hasta la manera en que la ciudad responde ante fenómenos como inundaciones.
Además, advirtió que estos elementos son altamente vulnerables. Al estar conectados directamente con el subsuelo, cualquier intervención puede afectar el acuífero, por lo que su protección no solo responde a un valor cultural, sino también a una necesidad ambiental y de seguridad.
El arqueólogo Esteban de Vicente Chab explicó que el patrimonio no siempre es monumental ni evidente.
“Un sitio arqueológico es cualquier lugar donde existan materiales arqueológicos agrupados espacialmente; resultado de una actividad humana”, detalló.
Esto incluye desde las grandes ciudades prehispánicas hasta los vestigios mínimos o incluso estructuras ocultas bajo la actual mancha urbana.
En Mérida, indicó, se han registrado 212 sitios arqueológicos, así como zonas y reservas que buscan proteger estos espacios ante el crecimiento de la ciudad. Muchos de estos vestigios conviven con la vida diaria, ya sea en comisarías, parques o incluso debajo de calles y construcciones.
“Hay cosas que se pueden ver, pero hay otras que todavía están aquí debajo”, comentó al referirse a los hallazgos que han surgido durante obras urbanas.
La protección de este patrimonio, recalcó, no solo depende del reconocimiento, sino de su incorporación en la planeación territorial, con zonificaciones y normativas que permitan equilibrar desarrollo y conservación.
Para cerrar la plática, el arquitecto Claudio Novelo Zapata abordó el patrimonio histórico y artístico, recordando que Mérida cuenta con una de las tres zonas de monumentos históricos más extensas del país.
Este patrimonio abarca desde la arquitectura colonial hasta expresiones más recientes del siglo XX, que también forman parte de la identidad urbana.
En ese sentido, insistió en que la conservación no debe entenderse como un obstáculo para el desarrollo.
“Ninguno de los patrimonios está en detrimento del crecimiento de la ciudad”, afirmó.
El reto, añadió, es lograr que las nuevas intervenciones dialoguen con el contexto existente, respetando su valor sin frenar la transformación.— Karla Cecilia Acosta Castillo
Recursos naturales locales
La antropóloga Natalia Quintanilla Mena recalca la importancia de los recursos.
Acceso al agua
La especialista indicó que los cenotes, las cuevas y los ecosistemas no solo son parte del paisaje, también determinan el acceso al agua, el crecimiento urbano y hasta la manera en que la ciudad responde ante fenómenos como inundaciones.
Vulnerables y conectados
Además, advirtió que estos elementos son altamente vulnerables. Al estar conectados directamente con el subsuelo, cualquier intervención puede afectar el acuífero, por lo que su protección no solo responde a un valor cultural, sino también a una necesidad ambiental y de seguridad.
