El tercer Informe de gobierno

Con discreción, casi con sigilo, el gobernador Mauricio Vila presentó ante el Congreso su tercer informe de gobierno.

La costumbre política de hacer de esta obligación el “Día” del gobernador o del presidente, con manifestación popular y “besamanos” en Palacio incluidos, ha quedado afortunadamente cancelada.

Desde hace varios años el Ejecutivo ya no comparece personalmente al Congreso para entregar el voluminoso documento, sino la persona titular de la secretaría de Gobierno que, en esta ocasión, fue sustituida por la responsable de Administración y Finanzas, ante el contagio por Covid de la Lic. María Fritz.

Más de la mitad del periodo de seis años ha transcurrido (39 meses de 72), lo que en términos políticos significa que la administración de Mauricio Vila pasó el cenit, es decir, el pico más alto, la etapa para planear e iniciar la ejecución de los grandes proyectos que pretenden constituyan el legado del mandato de esta administración. A partir de ahora el gran reto será consolidar los programas y las acciones incluidas en el Plan de Gobierno 2018-2024.

El documento del III Informe consta de casi 1,200 cuartillas divididas en 4 tomos en las cuales se integra el reporte de avances del conjunto de acciones, programas y proyectos de la administración estatal; además se incluye un útil resumen ejecutivo, así como un anexo estadístico y de infraestructura, por municipio y año de ejecución.

Por último, un apartado en el que el Ejecutivo responde a las 34 preguntas formuladas por las y los diputados del Congreso estatal. Ellas y ellos tendrán a su cargo el paso formal siguiente, la denominada “glosa” del informe, que en realidad debiera ser un análisis de la información presentada, lo que implicará la comparecencia de distintos funcionario/as para abundar, aclarar, o incluso confrontar el Informe con los legisladores.

El partido del gobernador —el PAN— tiene una cómoda mayoría, lo cual implica un confortable “colchón” para quienes comparezcan, más si las oposiciones no profundizan en el análisis de los datos proporcionados y se limitan al fácil camino de la descalificación a priori.

No hay duda que a Yucatán le ha ido mejor que a otras entidades del país en este último año. El Covid ha azotado duramente la salud y la economía estatal, pero la estamos librando con saldos menos agudos que en otras partes, gracias a algunas incómodas medidas de confinamiento y a una buena campaña de vacunación masiva.

Que la reactivación del turismo, atraído por el ambiente de seguridad que se percibe al llegar a Yucatán, ha sido importante para inyectar recursos a la alicaída economía de miles de familias, también es un logro nada menor. Que ha continuado la promoción de inversiones con resultados tangibles en cuanto a creación de puestos de trabajo bien remunerados, suma a la recuperación económica y sobre todo, a la apuesta de un mejor desarrollo futuro.

La promesa de la ampliación del puerto de altura de Progreso, con una plataforma de atraque y un calado mayor, está en vías de materializarse, así como la interconexión del gasoducto Mayakán para asegurar suministro energético a las industrias yucatecas. El Tren Maya, más allá de su supuesta vocación turística, reforzará la conectividad terrestre para productos e insumos, al menos en el tramo Valladolid-Coatzacoalcos.

La agenda de los pendientes es, sin embargo, amplia. ¿Cómo vamos a enfrentarnos al rezago educativo consecuencia de la pandemia? ¿Será suficiente con las medidas federales o, como en otras cuestiones, habrá una estrategia especial diseñada estatalmente?

¿Qué va a suceder con el sistema estatal de salud, con el abasto oportuno de medicamentos, la infraestructura hospitalaria y sobre todo, con el Hospital O’Horán?

¿Será suficiente “Va y ven” para solucionar el problema del transporte del área metropolitana de Mérida o le seguirán medidas innovadoras para frenar el deterioro de la calidad de vida de miles de personas que la habitan y que cada vez emplean más tiempo y dinero en trasladarse a sus actividades?

Así podríamos continuar enlistando acciones gubernamentales, políticas públicas y programas, que requieren arraigarse y profundizarse para dar resultados tangibles.

No es suficiente con ser “tuert@s” en tierra de ciegos. Yucatán se percibe como un estado seguro, tanto por quienes aquí vivimos como por las personas y familias que nos visitan. Pero, ¡ojo! Esa “placentera” sensación no puede adormecer la necesidad de no bajar la guardia ante los signos que comienzan a indicar un deterioro de la “pax” yucateca.

El documento: “La paz como mito: el insostenible modelo de seguridad en Yucatán”, elaborado por el Colectivo de Análisis de la Seguridad con Democracia, publicado por el Diario, es una oportuna llamada de atención que no puede desestimarse.

La inseguridad se nutre de la impunidad y si algo ha funcionado correctamente en el combate al crimen en Yucatán ha sido hasta ahora, la alta tasa de solución de homicidios, feminicidios y delitos cometidos contra la integridad de las personas.

“Quien la hace, la paga” es el mensaje más poderoso de disuasión frente a los intentos criminales de implantar su escenario de operaciones a nuestro estado. Pero la persecución del delito tiene que darse en un marco de respeto a los derechos humanos.

Es difícil de entender y sobre todo, de aceptar, que incluso aquellas personas presuntamente responsables de matar, asaltar, secuestrar, tienen derechos que deben ser respetados. Si a nosotros como ciudadano/as nos pasa, pensemos en las fuerzas del orden —policía, guardia nacional, agentes del ministerio público—.

La mejor manera de garantizar su correcta actuación se encuentra en su capacitación permanente en las tareas de investigación y combate al delito, así como en un cuidoso seguimiento de su desempeño.

Por otra parte, la seguridad descansa en la confianza de la sociedad en sus policías. En el caso de Yucatán, se mantiene la convicción que, ante cualquier amenaza real o sentida, se puede llamar a la policía y ésta atiende: confianza pura. Esta es una de las principales razones para mantener la actuación de las fuerzas del orden dentro de los cauces de respeto a los derechos humanos de tod@s.

Escribiré más adelante de la senda peligrosa que emprende Mauricio Vila en estos poco más de 32 meses que le restan de gobierno. Baste señalar que hasta ahora, ningún gobernante yucateco ha tenido que sortear los “cantos de las sirenas” de la candidatura presidencial. ¡Feliz Año a tod@s!— Mérida, Yucatán.

dulcesauri@gmail.com

Licenciada en Sociología con doctorado en Historia. Exgobernadora de Yucatán

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