MÉRIDA.- Esta mañana la presidenta Claudia Sheinbaum presentó un panel de académicos que analizará la viabilidad de recurrir al fracking en México, como alternativa para obtener gas no convencional.
Esto, luego de que en el pasado la mandataria se opuso a dicho mecanismo por sus efectos medioambientales. “Lo peor que podemos decir es ‘solo no’. Vamos a averiguar si, en efecto, hay nuevas tecnologías con menores impactos ambientales“, indicó.
Las personas que conforman este comité entregarán, en dos meses, una primera evaluación que permitirá determinar bajo qué condiciones es factible o no la explotación de este tipo de gas en México, así como definir en qué regiones podría desarrollarse.
En este contexto, han surgido dudas sobre dicho proceso y sus posibles consecuencias. ¿Qué es el fracking, cómo funciona y cuáles son sus posibles consecuencias en México? Aquí, algunas claves para entender el tema, con base en investigaciones publicadas.
¿Qué es el fracking y cómo funciona?
En el sector petrolero, el fracking o fractura hidráulica es una técnica que se usa para extraer gas y petróleo que están atrapados en rocas poco permeables a gran profundidad bajo tierra, por lo que no pueden extraerse con técnicas tradicionales.
Consiste en perforar pozos profundos, mediante los cuales se inyecta en el subsuelo una mezcla de agua, arena y aditivos químicos a muy alta presión. Esto rompe la roca y genera grietas.
La arena ayuda a mantener esas aberturas, lo que permite que el gas lutitas (shale gas) o el petróleo (shale oil) salgan y suban a la superficie, según detalla el ingeniero petroquímico Edgar Adán Sánchez García.

Consecuencias del fracking en México
Por su parte, el trabajo “Riesgos de la fractura hidráulica…”, realizado por investigadores de San Luis Potosí, documentó las siguientes posibles consecuencias.
- Sismicidad inducida. La fractura hidráulica activa o potencializa la presencia de eventos sísmicos; sin embargo la Royal Academy of Engineering la cataloga como común e inocua.
- Contaminación del agua superficial y subterránea en las áreas cercanas.
- Excesivo uso de agua, ya que cada pozo no convencional requiere en la etapa de perforación entre 7,000 y 18,000 m3, aunque existen otros autores que señalan que estas cantidades oscilan entre 10,000 y 16,000 litros de agua por minuto.
- Contaminación del aire. Se sabe que los pozos no convencionales emiten más gases de efecto invernadero que los pozos convencionales.
- Otros reportes señalan que los elementos radioactivos encontrados en el agua de deshecho del fracking pueden provocar esclerosis múltiple y desórdenes neurodegenerativos.
- Otros estudios indican que las personas que viven en las inmediaciones de las locaciones presentan problemas en las vías respiratorias, fatiga, náuseas, e incluso reacciones alérgicas en la piel.
- Estrés psicológico entre los vecinos de las locaciones no convencionales, quienes ven reducida su calidad de vida.
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Desabasto de agua por fractura hidráulica
Sobre los posibles efectos del fracking en México, la “Estimación del consumo requerido de agua para la explotación de recursos petroleros no convencionales mediante fracturación hidráulica” concluye que a grandes volúmenes habrá grandes requerimientos.
“Los datos empíricos observados en el caso de Estados Unidos —país donde estos avances han sido notables— muestran que con el paso del tiempo el agotamiento geológico y la disminución en la calidad de los recursos obligan a incrementar la intensidad de la explotación y con ello los requerimientos hídricos”.
“A escalas locales los requerimientos de agua podrían llegar a causar conflictos por su disponibilidad, sobre todo en regiones áridas y sometidas a periodos de sequías”, señala el documento fechado en 2024. Agrega que hay casos en los que de inicio no hay disponibilidad del líquido o los requerimientos son de tal magnitud que superan los niveles de agua disponible.
Fracking en México, en la cuenca de Burgos
En México la cuenca de Burgos fue una de las regiones donde el fracking se implementó principalmente. Comprende los estados de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, en el norte del país.

De 1993 a 2018 en esta cuenca se han perforado 7,570 pozos de hidrocarburos convencionales y no convencionales. De estos, 2,153 pueden ser categorizados como pozos no convencionales —1,730 reentradas y 423 pozos extendidos—. La mayoría de los pozos no convencionales se encuentran distribuidos entre los estados de Nuevo León y Tamaulipas, señala el trabajo de los investigadores potosinos.
En el país, la “Alianza Mexicana contra el fracking” sostiene que México debe prohibir la extracción de hidrocarburos por fracturación hidráulica, además de que el Estado debe garantizar el derecho al agua y a un medio ambiente sano.
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