Los dogmas terminan siempre derrotados por la realidad a que se enfrentan porque son eso, pretensión de verdades que por basarse en ilusiones o prejuicios inducen a la comisión de errores que, en ocasiones, son de tal envergadura, que acarrean lamentables consecuencias a los pueblos.

A ese tipo de consecuencias podría conducir la obstinación de ciertos sectores de la sociedad, si triunfara su exigencia, de que el gobierno del país dejara de usar a las fuerzas armadas en tareas de seguridad y de que la Guardia Nacional dejara de estar adscrita, para su formación, operación y disciplina, a la Secretaría de la Defensa, y fuera otro el órgano de gobierno que la manejara, como supuesta y única garantía de que serían respetados los derechos humanos.

Olvidan que todas las fuerzas policiacas federales que en México ha habido, han estado en manos de dependencias civiles y, sin embargo, todas han terminado totalmente podridas. Se olvidan también que no todas las fuerzas armadas en el mundo tienen el mismo origen. El Ejército mexicano, que se formó con obreros, campesinos, empleados, pequeños comerciantes y hasta maestros, tuvo el suyo en la lucha contra un régimen golpista, el de Victoriano Huerta, para defender los intereses del pueblo aplastados por éste.

Hay, es cierto, algunos episodios en que el Ejército ha sido involucrado en acciones que lo han manchado, como cuando lo usaron los gobiernos represores del PRI —no se olvide, del PRI— en la llamada Guerra Sucia, o cuando esos mismos gobiernos lo emplearon en la represión de estudiantes que culminó con la matanza de Tlatelolco; o cuando Felipe Calderón lo usó para la guerra que declaró contra las drogas; pero eso, sin embargo, más que descalificarlo, descalifica a los regímenes del pasado que lo emplearon de tal modo.

En cambio, todas, absolutamente, todas las policías civiles de carácter federal que ha habido en México han estado corrompidas hasta el tuétano. Ninguna se salva. Recuérdese a la sórdida Dirección Federal de Seguridad comandada por el señor Miguel Nazar Haro, quien, el 6 de septiembre de 1979, ayer hizo 23 años, vino a Yucatán especialmente a asesinar a tres reos que habían intentado fugarse de la Penitenciaría Juárez de Mérida, a los que capturó vivos y horas después los reapareció muertos con sendos tiros en la cabeza. ¿Quién gobernaba entonces, tanto en el estado como en el país? El PRI.

El más reciente ejemplo es el de la Policía Federal creada en el sexenio de Felipe Calderón que encabezada por Genaro García Luna, en lugar de proteger a la sociedad, protegía a delincuentes y encarcelaba a inocentes. ¿Quién gobernaba entonces? El PAN. ¿Ya se les olvidó, a unos y otros, que esas policías eran “civiles”, dirigidas por civiles —escogidos entre el hampa de la política— y, resultaron, sin embargo instrumentos contrarios a nuestra seguridad?

Por el contrario, en esta administración no hay una sola acción de enfrentamiento con delincuentes en que se haya masacrado o asesinado a mansalva a grupo o persona alguna. La Guardia Nacional, el Ejército o la Marina, por el contrario, cuando ha sido necesario el uso de la fuerza, se han apegado a los protocolos que para el efecto existen. Y en los casos esporádicos en que algún elemento de estas corporaciones ha transgredido lo dispuesto en ellos, de inmediato, la investigación y la sanción no se han hecho esperar y lo sientan en el banquillo de la justicia para que responda de sus actos.

¿Será que los priistas y panistas —acompañados de sus rémoras perredistas— sienten cargos de conciencia por lo que durante décadas sus gobiernos hicieron y, por eso, ahora, simulando que creen que serán usados del mismo modo, se oponen férreamente a que el Ejército y la Marina sigan actuando en labores de seguridad nacional y que la Guardia Nacional, siga siendo adiestrada y operada por aquél, a la vez que siga perteneciendo a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), para efectos de acatar “la Estrategia Nacional de Seguridad Pública, los respectivos programas, políticas y acciones”, que esta dicta como dice nuestra Carta Magna?

Es una verdadera aberración que cuando tanto el Ejército, como la Marina y como la Guardia Nacional están demostrando su enorme ayuda a la sociedad mexicana en materia tan sensible como la seguridad de todos los mexicanos, y cuando necesitamos todos que esta labor continúe, haya gente tan insensible que con viles pretextos politiqueros exigen que se dé marcha atrás.

Es totalmente falso que se esté militarizando al país. Al contrario se está “civilizando” a sus fuerzas armadas, una gran fuerza de 400 mil miembros, desperdiciada durante 80 años, en que sólo tenían como obligación prepararse para la guerra, hoy está ayudando al desarrollo de México. No se le usa para reprimir al pueblo o ayudar a los delincuentes que gobernaban a robarse las ánforas en las elecciones; ahora trabajan en cuestiones de salud, hacen obras, refinerías, carreteras, vías de ferrocarril, cuidan aduanas, aeropuertos. Todo con gran eficacia en beneficio de la sociedad.

Son un Ejército, Marina y Guardia Nacional, encuadrados, eso sí, en un régimen democrático y que tienen como su comandante en jefe a un civil, el presidente de la república, comprometido con jamás usar la fuerza del estado contra el pueblo, cosa que hasta hoy ha cumplido a cabalidad. Muy distinto a los gobiernos del régimen caduco que, esperemos no regrese nunca.

La conclusión entonces no es: si las fuerzas armadas se hacen cargo de la Seguridad del país —en España, la Guardia Civil, en Francia, la Gendarmería Nacional Francesa y en Italia, los Carabineros, dependen de sus fuerzas armadas— el objetivo no se conseguirá, sino la siguiente: para que la seguridad del país se consiga, es necesario que en el país haya un gobierno elegido verdaderamente por el pueblo; pero esto depende, obviamente, del propio pueblo.

Afortunadamente nuestro pueblo no está ciego y pone a cada actor político en su lugar: el 30 de agosto El Universal publicó una encuesta nacional que muestra que el 80% de los mexicanos están de acuerdo con que la Guardia Nacional dependa de la Secretaría de la Defensa. Ante ello, sólo resta decir: Vox pupuli, vox Dei.— Mérida, Yucatán.

fipica@prodigy.net.mx

Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa

 

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