¡Cuánta tristeza y decepción se observa! Muchos nos preguntamos ¿qué más nos falta por ver, por conocer? No pocos son los que están arrepentidos de haber votado por un individuo cuyo historial político no representaba una garantía de cambio.

Gracias a Dios yo tuve el buen tino de haberme guiado por mi sentido común y no me dejé llevar por el arrebato de hacerle caso a alguien que ofrecía mentiras y engaños.

Nunca me pareció alguien en quien se pudiera confiar y les voy a decir por qué.

Para empezar, una persona que no puede demostrar ni desea responder de qué vivió, cuáles fueron sus ingresos todos los años que anduvo tras de la presidencia, no creo sea alguien en quien se deba depositar la confianza.

No solo es eso, sino que a base de engaños y mentiras pretendía ejercer un liderazgo que estaba muy lejos de tener.

Nunca me pareció un líder, más bien tenía y sigue teniendo desplantes de agitador, revoltoso. Aunque hable, grite que es respetuoso y ponga cara de “yo no fui” no deja de ser una actuación.

Su “yo” interno no es de bondad, ni de respeto mucho menos de amor a México. Y no lo es por varias razones.

Una persona no puede ser buena o generosa cuando se dedica a destruir lo que con tanto esfuerzo de mucha gente se construyó. No puede decirse que irradia bondad cuando ha dado muestra de que no le importa la vida de miles de seres humanos; de personas enfermas y ni siquiera lo conmueve poner en riesgo a tantos pequeñitos con cáncer.

Una persona que no tiene honor se manifiesta de inmediato en sus actitudes de deshonestidad, de coraje, de odio y venganza ante las instituciones y quienes han pasado por ellas.

Quien llega a ocupar un cargo y jura cumplir y respetar nuestra Carta Magna y la pisotea con sus palabras y sus hechos, no merece gobernar, así de sencillo.

Quienes creyeron que nos iba a ir mejor que con los gobiernos anteriores, qué chasco se llevaron. ¿Quién en su sano juicio iba a creerle a quien insulta, agrede, difama a otros, sin pruebas? ¿Solo para ganar votos? ¡Por supuesto que sí!

Lo más preocupante e inaceptable es que en plena campaña se atrevió a gritar “al diablo las instituciones” y haya habido quien confiara en él. ¿Qué se puede esperar de alguien que desprecia las instituciones? Nada bueno.

¿Amor a México, a la Patria? ¡Por supuesto que no! Nada de eso.

No puede haber amor —el más mínimo y noble sentimiento— hacia nuestro país cuando se pretende imponer una dictadura siguiendo el ejemplo de quienes traicionaron la confianza de los ciudadanos y llegaron al poder con mentiras y engaños para convertirse en verdaderos opresores de sus pueblos.

Bien lo dijo Michelle Obama en uno de sus discursos “Los candidatos no cambian cuando toman posesión… la presidencia no cambia quien eres, revela quién eres”.

Cuando un candidato envía sus mensajes agresivos durante su campaña; insulta a otros candidatos, también le está faltando el respeto a los ciudadanos.

No se trata de ver quién insulta más o se quiere hacer el gracioso, sino que de lo que se trata es de evaluar si el candidato es capaz de asumir el cargo, si va a responder a las necesidades de un país.

Quien es capaz de hablar de la corrupción de otros y esconde la propia es un falso e hipócrita. Quien pacta con delincuentes para mantenerse en el poder, es un traidor a la patria al poner en riesgo a los ciudadanos y por supuesto a la nación.

Han sucedido muchas cosas que no nos agradan de este gobierno. Los chantajes a políticos, a empresarios o a quien se le pegue la gana a quien gobierna. Amenazas, comportamientos por demás deshonestos que denigran la investidura presidencial.

Como si fuera poco la esposa del presidente tuvo el atrevimiento de ordenarle a una mujer militar que retirara a dos personajes, uno del Senado y otro del Congreso, que acompañaban al presidente a hacer una guardia de honor este mes.

¡Qué vergüenza! ¿La militar olvidó que hay una cadena de mando y que la orden debió recibirla de un superior? ¿No reconoció a las personas a las que retiró? ¿No sabe que existe un protocolo que seguir para no caer en improvisaciones?

Por todo lo que está sucediendo en nuestro querido México, debemos entender que el país nos necesita unidos. Ya ha sido demasiado tener que soportar a quien aún no ha aprendido a gobernar. Basta de insultos, de violencia, de ceder a los caprichos de quien cree que el país le pertenece y olvida que México es de todos nosotros, de todos los mexicanos.— Piedras Negras, Coahuila.

cholyngarza@yahoo.com

Periodista

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