Sin tratar de demeritar o justificar nada, ni a nadie, intentaré hacer algunas consideraciones a tomar en cuenta con el tema del transfuguismo político, tan de actualidad como ahora.
En primer término debe considerarse las consecuencias que tiene la representatividad que ostenta quien es llevado a un cargo por un partido con determinado número de votos, y en segundo, las causas internas que llevan a tomar una decisión de esta naturaleza.
Pero más que nada considerar cuáles deberían ser las consecuencias para quienes sin mayor procedimiento deciden abandonar una causa por la que lucharon, apoyaron, defendieron, pero que con el paso del tiempo y por razones justificables o no, han desertado.
El transfuguismo político no es una situación nueva, ha existido hace muchos años, no es propio de México o Yucatán, es un fenómeno global e histórico, por lo que deben reflexionarse no solo las causas que orillan a las personas a claudicar o dejar abandonada un proyecto, sino las consecuencias que esto implica.
Se atribuye el término de tránsfugas políticos a aquellos representantes que, traicionando a sus compañeros de lista o de grupo —manteniendo estos últimos su lealtad con la formación política que los presentó en las correspondientes elecciones—, o apartándose individualmente o en grupo del criterio fijado por los órganos competentes de las formaciones políticas que los han presentado, o habiendo sido expulsados de éstas, pactan con otras fuerzas para cambiar o mantener la mayoría gobernante, o para dar la mayoría a un grupo que no la tiene, o bien dificultan o hacen imposible a dicha mayoría el gobierno de la entidad.
Aun cuando para la mayoría de las personas esta acción les parece como una traición a principios, para otros esto significa un resurgimiento político, incluso casi como un converso al igual que en el ámbito religioso; situación que se somete a una ferviente discusión toda vez que desde el principio se aceptó determinadas reglas y convicciones que igual abrazaron y nunca dijeron nada hasta abandonar la causa.
En España, el 7 de julio de 1998 los partidos suscribieron el Acuerdo sobre un código de conducta política en relación con el transfuguismo. Fue conocido como Pacto Antitransfuguismo, un compromiso por el respeto a la voluntad de los ciudadanos y a la lealtad política en los gobiernos, además para tomar medidas encaminadas a aislar a las personas calificadas como tránsfugas.
Castigo y consecuencias
El cambio de bando en la política en otros países tiene consecuencias, pues es una práctica común entre los legisladores.
En Brasil, por ejemplo, el Supremo Tribunal falló que el mandato obtenido por un diputado en las urnas debe pertenecer al partido y no al individuo, estableciendo de esta manera el concepto de “fidelidad partidista”. Además de obligar a todos los políticos electos a cargos de representación popular a mantenerse fieles a los partidos que los postularon, dando por terminado la secular práctica del transfuguismo.
En Colombia el retiro voluntario significa una violación a la Ley de Bancadas y se sanciona.
En Perú la sanción consiste en la vacancia automática para quien deja de pertenecer al partido que lo llevó al Congreso o a un Consejo Regional o Municipal.
Hay países que buscan la igualdad a los actores políticos, otorgando los cargos de elección a los partidos y no a las personas.
Causas
No existe una causa en particular; puede ser la suma de muchos factores, pueden ser muchas, la (in) disciplina, deslealtad en la búsqueda personal del poder, los problemas internos de unidad y cohesión, el futuro político personal y también los motivos económicos.
Como sea, ante todo deben prevalecer los principios de lealtad y convicción partidista para no defraudar a los ciudadanos que son los que eligen y a los propios militantes que se ven desplazados por otro tipo de intereses y que son los últimos en enterarse.— Mérida, Yucatán.
mariomaldonadoe@gmail.com
@mariomaldonadoe
Especialista en Derecho Parlamentario y Técnica Legislativa
