“No hay peor ciego que el que no quiere ver”, dice un socorrido refrán popular.
Esto ocurre justamente en las mentes obnubiladas de los adversarios del proyecto de la 4T cuando descalifican una y otra vez la magna manifestación de respaldo popular al gobierno que encabeza el presidente Andrés Manuel López Obrador.
Dice la exgobernadora interina doctora Dulce María Sauri Riancho que la marcha del 27N “no pudo concentrar en la capital del país el número de fieles comparable al que se manifestó, quince días antes, en más de 50 ciudades de todo México” (DY, 30 de noviembre, Local, p. 4).
Pues no se informó bien la exdiputada y exsenadora priista, porque son hartas las evidencias documentales y visuales que demuestran de manera fehaciente la magnitud que alcanzó la marcha de respaldo a AMLO —1.2 millones de personas—, que inundó el zócalo y abarrotó varias calles del centro histórico de Ciudad de México.
Pero antes de continuar con el tema de la megamarcha por el IV Informe del Ejecutivo federal, debo hacer algunas acotaciones críticas sobre la actuación del líder político y moral de la 4T.
En su momento no estuve de acuerdo con el abrupto retiro de los subsidios federales que se otorgaban a las modestas guarderías infantiles de corte popular, bajo el poco sostenible argumento de que todas estaban corroídas por la corrupción.
Me consta ampliamente que muchas de ellas que funcionan en esta ciudad —tal vez la gran mayoría— brindaban invaluables y eficientes servicios a las madres y a los padres que se la pasan trabajando casi todo el día para llevar el sustento diario a sus familias.
También considero que las estrategias que se han implementado para el combate a la inseguridad pública y a la ola de violencia perpetrada por el crimen organizado no han dado los resultados que la sociedad demandaba y sigue demandando.
Igualmente criticable ha sido la falta de profesionalismo y de visión en el manejo del sistema de salud, cuya reestructuración a fondo era del todo necesaria ante la plausible corrupción que lo sangraba.
Sin embargo, los desatinos cometidos han ocasionado graves problemas en cuanto al abasto oportuno de los medicamentos y materiales que son indispensables para brindar una adecuada atención a todos los derechohabientes.
Desafortunadamente, en cuanto a los dos rubros señalados no hay el menor asomo de autocrítica por parte del gobierno federal ni mucho menos la intención de redirigir, enmendar o modificar las acciones que se han estado implementando en dichos ámbitos de la administración pública.
Finalmente, tampoco estoy de acuerdo con que AMLO descalifique con índice flamígero un espacio intelectual y cultural tan importante para México, América Latina y el Caribe como lo es sin duda la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, aun cuando, como es harto evidente, ahí se dé proporcionalmente más cabida a los adversarios político-ideológicos de la 4T que a los escritores e intelectuales que simpatizan con este proyecto.
Pero de lo anteriormente expuesto no puede colegirse en modo alguno —como lo hace con mucha frecuencia la oposición política jugosamente apadrinada por una parte de la poderosa oligarquía económica— que se minimicen ni mucho menos se desprecien las acciones, medidas, proyectos y cambios trascendentales que ha impulsado e implementado el gobierno popular que encabeza AMLO.
Solo mencionaremos algunas de dichas acciones: el aumento sustancial a los salarios mínimos —ahora se convino incrementarlos en un 20 por ciento a partir del próximo primero de enero—, que ha implicado un aumento en el consumo interno; el combate a la evasión fiscal de las grandes empresas y el fin a las condonaciones de impuestos a los consorcios oligárquicos, que ha conllevado al aumento de la recaudación fiscal y al fortalecimiento de la hacienda pública; la adopción de una nueva política educativa y la construcción de la Nueva Escuela Mexicana, que recupera nuestra rica tradición pedagógica-humanista y la proyecta a los retos del mundo contemporáneo.
La eliminación del fuero al presidente de la república en funciones; la política de austeridad en la administración federal; la ley para regular la remuneración de los servidores públicos federales, que se han negado a acatar los integrantes de la burocracia dorada del INE, los otros órganos autónomos y el Poder Judicial Federal; la reorientación sustancial del gasto público para financiar grandes programas sociales tales como: creación de más de 100 escuelas de nivel superior en las zonas marginadas del país, becas a estudiantes de todos los niveles, apoyos a madres trabajadoras y a un millón de personas discapacitadas.
Opciones de capacitación laboral para millones de jóvenes, pensión universal a 10.5 millones de adultos mayores, entre los más relevantes; se trata sin duda de acciones que han significado pasos muy importantes en la redistribución del ingreso y la riqueza social.
No cabe duda que estas y otras acciones, junto con la larga trayectoria política del líder de la 4T, han conformado una narrativa de reivindicación política, económica y social que ha sido internalizada con creces por los sectores mayoritarios de la población.
La apropiación masiva de esta narrativa y, en general del proyecto de la 4T, explica en buena medida el carácter festivo y espontáneo que tuvo la multitudinaria marcha de casi 6 horas del pasado 27 de noviembre, misma que representa un plausible refrendo del innegable respaldo popular al Presidente AMLO.
Lo reiteramos: No hay peor ciego que el que no quiere ver. Al tiempo.— Mérida, Yucatán.
canek_1999@yahoo.com.mx
Doctor en Educación. Director de la Universidad Pedagógica Nacional en Yucatán.
