Rodrigo Llanes Salazar (*)

Ya se me está volviendo costumbre a estas alturas de diciembre escribir sobre la palabra del año según el Diccionario de Oxford. En 2018, la palabra fue “tóxico”, término que abarca desde la creciente intoxicación del planeta con plaguicidas, microplásticos y miles de otras sustancias, hasta prácticas y discursos de la masculinidad que provoca sufrimiento, o bien, hábitos pocos sanos en el trabajo y en nuestras relaciones personales (quienes tengan interés en el tema, remito a la columna “El fin de un año tóxico”, Diario de Yucatán, 31-12-18).

En 2019 la palabra, o más bien, la expresión, fue “emergencia climática”, ya que, de acuerdo con el Diccionario de Oxford, “se requieren medidas urgentes para reducir o detener el cambio climático y evitar el daño ambiental potencialmente irreversible que resulta de él”.

En esa ocasión escribí sobre el singular libro de Verónica Gerber “La compañía”, un trabajo experimental, literario y visual sobre cómo una mina de mercurio en Zacatecas se convirtió en un cementerio tóxico (“Fascina ‘La compañía’”, D.deY., 23-12-19). Ciertamente, los problemas ambientales son unos de los temas sobre los que constantemente escribo en esta columna.

En 2020, año de la crisis por la pandemia de Covid-19, el Diccionario de Oxford decidió no elegir una sola palabra, sino enfocarse en los cambios en el lenguaje, relacionados en gran medida por el Covid-19. No debió provocar sorpresa que, en 2021, el Diccionario de Oxford haya definido “vacuna” como la palabra del año, como también lo hicieron los diccionarios Merriam-Webster y la Fundación del Español Urgente.

La vacuna contra el Covid-19 —su proceso de producción, su desigual distribución global, sus distintas marcas, las políticas de aplicación por parte de los Estados, los movimientos en contra de ellas— fueron temas dominantes del año pasado (“Impacto de la vacuna”, D.deY., 24-1-22).

Esta es la primera vez, por lo menos en una década, que la palabra del año elegida por el Diccionario de Oxford no solo me sorprendió, sino que nunca la había visto o escuchado en lo absoluto. La palabra, o más bien expresión, es “goblin mode”, que ha sido traducida como “modo goblin” o “modo duende”.

En la Wikipedia en español “goblin” es definido como “un monstruo del folclore europeo con múltiples representaciones según cada relato, que podría estar inspirado en fábulas sobre genios y duendes del bosque, de origen germánico”.

Probablemente más de una persona esté familiarizada con el término por el cómic y las películas de “El Hombre Araña” —en donde Hobgoblin o el Duende Verde es uno de los principales villanos.

Me causó más perplejidad el hecho de que el 93% de las 340,000 personas que participaron en la encuesta para definir la palabra del año del Diccionario de Oxford hayan votado por “modo goblin”, por encima de “metaverso” —que quedó en segundo lugar con apenas el 4% de los votos— y el hashtag “IStandWith” (o “YoApoyoA”).

¿A qué se refiere la expresión “modo goblin”? El Diccionario de Oxford define esta expresión como “un tipo de comportamiento que es descaradamente autoindulgente, vago, perezoso o egoísta de una manera que rechaza las normas y las expectativas sociales”.

De acuerdo con este Diccionario, el origen de la expresión se remonta por lo menos a 2009, pero se volvió viral en febrero de este año cuando un usuario de Twitter, @meowmeowmeuw, publicó un titular falso con presuntas declaraciones de la actriz Julia Fox, que decía “Julia Fox se abrió sobre su ‘difícil’ relación con Kanye West: ‘a él no le gustaba cuando estaba en modo goblin’”.

Desde luego, la noticia falsa —palabra del año 2016 para el Diccionario Macquarie y del 2017 para el Collins English— sobre Julia Fox no nos aclara mucho a qué se refiere la expresión “modo goblin”. ¿Es simplemente estar desaliñada, descuidada y perezosa, como enfatizan algunos medios de comunicación?

Ciertamente, estar en modo goblin remite a estar encerrado —o confinado— en tu cueva, de manera vaga y perezosa. El artículo sobre el tema escrito por Kari Paul para “The Guardian”, publicado en marzo de este año, lleva por título “Slobbing out and Giving up” —que podría traducirse como “Vagueando y rindiéndose”— y está acompañado de una ilustración en el que una duendecilla verde está recostada en su desordenada cama, viendo su teléfono, rodeada de comida chatarra.

De modo similiar, Begoña Gómez Urzaiz, en su artículo para “El País” titulado “Entre la vagancia y el nihilismo”, escribe que “A los goblins de 2022, sin embargo, no se les encuentra en el bosque ni en las Tierras Altas sino en el sofá, comiendo patatas fritas, con un pijama de goma floja y el mando o el móvil a mano para escoger productos de plataforma que no exijan esfuerzo intelectual”.

Pero la expresión “modo goblin” es mucho más que mera holgazanería. La escritora Cat Marnell ha observado que hay un modo goblin saludable y uno destructivo. El destructivo sería la indulgencia, holgazanería y pereza que describen Paul y Gómez Urzaiz. El saludable sería aquel que contrarresta la fuerte presión social de ser una persona “perfecta”, tan común en las redes sociales, particularmente Instagram.

Recordemos que uno de los informes de “Los archivos de Facebook” argumenta que “un 32% de chicas dicen que cuando se sienten mal con su cuerpo, Instagram las hace sentir peor”.

En estudios y audiencias ha sido documentado el impacto en la salud mental —particularmente ansiedad y depresión— que dicha red social tiene en adolescentes.

Así, frente a la presión por tener el cuerpo perfecto, el viaje increíble, la deliciosa comida o las amistades felices, estar en modo goblin implica una crítica a una idealización no solo irreal, sino, también, muchas veces dañina.

El modo goblin va más allá del uso de las redes sociales. Probablemente, si ha sido elegida palabra del 2022 esto tiene que ver con el momento pandémico en el que nos encontramos.

No hace falta recordar que la pandemia de Covid-19 implicó confinamientos, uso obligatorio de cubrebocas, el cierre de negocios “no esenciales”, trasladar actividades laborales y educativas a formatos en línea y a distancia, toques de queda, medidas de “sana distancia”, saludarse con el puño o los codos y no de mano o de beso, entre otras acciones que transformaron nuestra ahora llamada “vieja normalidad”.

Se supone que ahora estamos en una “nueva normalidad”, en la que muchas de —si no es que todas— las medidas anteriores se han dejado atrás. Sin embargo, socialmente, no se ha regresado al momento previo a la pandemia.

En ámbitos como el laboral y el educativo, por ejemplo, se ha prestado más atención al tema de la salud mental y emocional, que, desde luego, no surgió con la pandemia de Covid-19, pero sí se hizo más apremiante.

También, como han documentado diversos medios, se ha cuestionado la necesidad de determinadas reuniones de trabajo o el uso de vestimenta formal para ser productivo. Muchos trámites que parecían que tenían que ser en papel, ahora queda claro que pueden atenderse en línea.

Sobre todo, como observa un estudio de Angelina R. Sutin y sus colegas, la pandemia de Covid-19 ha tenido incluso un impacto en la personalidad, principalmente de adultos jóvenes, en los Estados Unidos. Esto se aprecia especialmente en pequeñas pero significativas disminuciones en la extroversión, la franqueza, la simpatía y la escrupulosidad (“Differential personality change earlier and later in the coronavirus pandemic in a longitudinal sample of adults in the United States”, “PLOS One”, 28-9-22).

En este sentido, el modo goblin también puede entenderse como un cuestionamiento a algunas de las normas sociales de la “vieja normalidad” que intentan imponerse en la “nueva normalidad”, así como de normas sociales vinculadas con la extroversión y franqueza.

En el ámbito laboral, el modo goblin acaso puede emparentarse con Bartleby el escribiente, personaje de la obra homónima de Herman Melville que “preferiría no hacer” las tareas que le asignan.

Bueno, tal vez estar en modo goblin no sea lo mismo que preferir no hacer lo que tenemos que hacer, pero sí puede ser un acto de prudencia y cuidado frente a las tendencias hiperproductivistas de la sociedad actual.

Se supone que las palabras del año escogidas por diccionarios como el de Oxford captan el “espíritu” del año que está por concluir. Palabras y expresiones como “tóxico”, “emergencia climática” y “vacuna” son ampliamente utilizadas tanto en países angloparlantes como en los que no tienen al inglés por primera lengua.

Hasta ahora, nunca he escuchado a alguien referirse en español al “modo goblin”. Tal vez quede como una expresión en inglés que circule en Twitter, Instagram y TikTok.

Ciertamente, ante tantos problemas, no necesitamos glorificar la indulgencia y la pereza. Pero, frente a estándares estéticos irreales, a estilos de vida fantasiosos proyectados en redes sociales, a una hiperproductividad que le importa poco la salud mental y emocional de las personas, tal vez sea buena idea ponerse eventualmente en modo goblin.— Mérida, Yucatán.

rodrigo.llanes.s@gmail.com

Investigador del Cephcis-UNAM

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