En la culminación de la conmemoración en este año del Centenario de nuestra Universidad Autónoma de Yucatán, se ha editado un número conmemorativo de su revista (julio-diciembre 2022/ número 281), cuyo contenido es la crónica desde los orígenes de la educación profesional en Yucatán hasta nuestros días.

De la universidad colonial a la universidad republicana. En América, durante el periodo colonial, se fundaron 31 universidades, considerando desde la creación de la Universidad de Santo Domingo, en 1538, hasta la de León, Nicaragua, en 1812, pasando por la universidad de Mérida en 1624, la segunda en la Nueva España.

Estas universidades coloniales creadas en los nuevos territorios conquistados intentaban ser la reproducción del modelo europeo, es decir, centros de enseñanza para formar élites intelectuales adecuadas a los intereses de la administración de la monarquía.

Las bibliotecas y los libros eran monopolizados por los “doctos” y las élites monárquicas, esto también era uno de los tantos motivos de tensiones entre los españoles y los criollos. Los hijos de la nobleza tenían la ventaja de sumar sus títulos profesionales a sus títulos nobiliarios.

Con las guerras de independencia y el surgimiento de las nuevas repúblicas y los primeros Estados nacionales, la universidad colonial desapareció dando su lugar a instituciones públicas. Se dieron transformaciones radicales.

La vieja universidad fue cuestionada por los emergentes Estados Nacionales independientes de la corona española, y el nuevo sistema social dio paso a una nueva relación entre el Estado, la Universidad y la Sociedad.

Las universidades dejaron de ser producto de una cédula real o de una bula papal. Su legitimidad ya no provenía del imperio o de la Iglesia, sino del Estado republicano, lo que implicó transformaciones radicales en la administración de estas instituciones, al ser reguladas por la autoridad civil, y supervisados los certificados y grados académicos, pensados para la formación de prestigios individuales, ya no para la monarquía, lo que vinculó al sistema educativo con el sistema económico-social, en la lógica de la expansión del modelo de desarrollo capitalista, y ya no del viejo régimen feudal, mismo que habían enterrado las independencias americanas. Los poseedores de títulos universitarios podían exigir cargos relevantes en la burocracia del gobierno republicano.

En Yucatán, la Universidad Literaria fue la institución que emergió y se desarrolló como parte del Estado, transformándose en Colegio Civil Universitario por la nueva Constitución liberal juarista y las Leyes de Reforma.

Este proyecto de educación sufrió una interrupción durante el imperio de Maximiliano, para que, una vez restaurada la República, se retomara emergiendo el Instituto Literario del Estado, fundado por Manuel Cepeda Peraza.

El inicio de operaciones de un Instituto con las características del Literario del Estado trajo a Yucatán una dinámica educacional consistente, fundamentalmente, en abrevar nuevos conocimientos científicos y en la difusión de experiencias producto del contacto con la problemática nacional, ello como método para oponerse a los dogmas.

Se propició una nueva conciencia crítica y nuevas oportunidades de movilidad social ascendente.

El humanismo íntimamente vinculado a la formación cultural destacó como un elemento necesario para terminar con la instrucción rutinaria y tradicionalista propia del feudalismo académico de la vieja universidad colonial.

Durante el porfiriato, las corrientes conservadoras empezaron a influir en la orientación educativa del Instituto Literario y variaron su misión original concebida para que el estudiante se enfrentara con conocimientos y con actitud crítica a los problemas de su tiempo y de su espacio.

El instituto nacido no solo como el sitio de instrucción sino como territorio de discusión y experimentación; el instituto como escuela de conocimiento y cambio, como espacio para aprender a cuestionarse y para aprender desde la ciencia y la razón por encima del dogma, ese instituto liberal progresista, estaba en riesgo por la variante de élite que le imponía el modelo porfirista, que intentaba formar profesionales ya no para una monarquía pero sí para una oligarquía. A esto se oponían los auténticos liberales progresistas yucatecos. (Continuará).— Mérida, Yucatán.

velar1@prodigy.net.mx

Doctor en Economía

 

 

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