La vergüenza.  En mi editorial de la semana pasada hice mención a la palabra vergüenza, refiriéndome a lo deplorable que se ve el aeropuerto de la CDMX y quiero seguir en el tema pero visto desde otros ángulos.

El origen de la palabra nos lo da el latín verecundia y sus significados varían según la lengua en la que se quiera interpretar. Gramaticalmente es un sustantivo femenino y escogí el significado que me pareció idóneo: “Es una turbación del ánimo que regularmente hace que la cara se nos enrojezca por una falta cometida o una acción deshonrosa, humillante, que denote una falta propia o ajena”.

La vergüenza es otra de nuestras emociones

Bueno, el tema da para escribir casi un manual, aunque me voy a centrar en unas cuantas cosas que me parecen relevantes, como el caso de Annie Ernaux, premio Nobel de Literatura 2022 por su obra literaria en la que uno de sus libros ostenta precisamente el título La Vergüenza. Excelente narración, nos cuenta cómo un acontecimiento pasa a transformar su vida en algo vergonzoso. Una vivencia de la autora que hay que leer para entender que la vergüenza puede dañar el comportamiento de algunas personas.

En los escritos de Aristóteles, la vergüenza la define en desarrollar una acción o actividad que nos señale el rumbo de la virtud y traiga como consecuencia la felicidad.

Yo creo que la vergüenza sigue siendo parte de nuestras emociones, tal y como nos lo enseñaron en la extinta clase de ética de la preparatoria; es como el miedo, la alegría, la tristeza, y retomando lo del enrojecimiento de la cara del cual fuimos víctimas o partícipes alguna vez en una situación vergonzosa, ya forma parte de nuestro ADN, va en paralelo con el pánico al hablar en público, o contestar una pregunta incomoda que puede confundirse entre coraje y vergüenza, sobre todo si hay algún señalamiento de nuestra conducta.

Hay quien no la tiene

¿Qué me dicen del sinvergüenza? No sé si poner varios ejemplos de sinvergüenzas o solamente darle entrada al significado, el que nos dice al respecto: Alguien que carece de toda ética y se aprovecha de otros de manera deshonrosa para su propio beneficio.

La vergüenza es algo que se nos dio y puede vibrar de dos maneras: La positiva, es la que gracias a la vergüenza hemos trascendido y escalado al nivel de reconocer nuestros errores y la conciencia nos hace dirimir el daño con el arrepentimiento. La negativa es la que pesa sobre lo que podamos sanar y cada vez que recordamos el hecho, la conciencia no nos lo perdona, es un juego perverso que forma parte del intrincado lío de intereses que se nos presentan en la mente cuando afloran los temas en una plática, en una meditación o simplemente atrayendo el recuerdo vergonzoso. Ya lo decía aquel refrán que escribí en uno de mis espacios “Vergüenza es que te agarren robando cuando regresas por más”.

Política de vergüenza

La vergüenza en la política, algo digno de estudio de un psiquiatra, para muestra, un botón. El que gobierna el país y nos aplica 94 mentiras diarias en su programa mañanero…  carece de la mínima vergüenza, o la magistrada que copió su tesis idéntica a la de un alumno egresado de la UNAM un año antes que ella y, carente de vergüenza, dice que hizo un borrador cuando estudiaba la carrera de leyes dos años antes de que se titulara, el cual se lo copiaron. Me podría seguir con estas sinvergüenzadas de nuestra decadente clase política, pero solo los pongo como algunos vivos ejemplos del término que está en cuestión.

Un editorial raro, da para pensar. Que tengan un feliz año, pero te pregunto… ¿y tú, de qué te avergüenzas?—   Mérida, Yucatán, 2 de enero de 2023

Twitter: @ydesdelabarrera