Ha comenzado la cuenta regresiva, al presidente López Obrador le queda menos de un año al frente de la Presidencia de la República, que deberá entregar en el último minuto del 30 de septiembre de 2024.
Es tiempo de comenzar a evaluar logros, fracasos, excesos y rezagos del régimen. La actuación del mandatario ha sido una de las más controvertidas en las últimas décadas, pero al mismo tiempo ha gozado de una popularidad inusitada.
En lenguaje sonorense diríamos que Andrés Manuel “ha tirado mucho aceite” y hasta cierto punto le ha dado resultado. Pero la popularidad no es eterna, también la tuvieron Fox, Peña Nieto e incluso Echeverría, López Portillo y hasta Salinas de Gortari.
El poder que brinda la presidencia de México es inmenso; sin embargo, dura solo seis años. A partir del 1º de octubre del año próximo tendremos nuevo presidente o presidenta y López Obrador pasará a un segundo plano y a partir de ahí tendrá que responder por los errores cometidos e incluso por los delitos que su gobierno pudo cometer.
Hoy hablaremos de las paradojas del peculiar personaje que ocupa el primer cargo del país y quien con especial frescura cambia de parecer y ajusta sus opiniones con base en las circunstancias y conveniencias.
Las primera paradoja o contradicción se refiere a su discutida estrategia fincada en “abrazos, no balazos” para contener el crimen organizado. AMLO dijo al inicio de su gobierno que no se podía “enfrentarse a la violencia con más violencia” y prometió llevar al cabo una amnistía y desarme de los cárteles, cosa que nunca cumplió.
Para colmo, respalda en el exterior a gobiernos agresores como el de Rusia y ahora recientemente se mostró tibio con el grupo terrorista Hamás que atacó al pueblo israelí.
Una segunda paradoja se refiere a su residencia como presidente. En campaña prometió mantener su modesta casa de Tlalpan y no vivir en Los Pinos, residencia que convirtió en museo y centro de artes para abrirla al público.
Pero sin decir agua va, se mudó a Palacio Nacional, a un departamento que edificó Felipe Calderón, y poco a poco fue cerrando el acceso del pueblo al histórico y espectacular inmueble.
Hoy Palacio Nacional está cercado y funciona prácticamente como residencia exclusiva de la familia presidencial, exactamente lo que buscó evitar en Los Pinos.
Una tercera paradoja: López Obrador canceló abruptamente el aeropuerto de Texcoco porque dañaría la ecología y porque —según afirmó— su construcción estaba inmersa en un mar de corrupción y de intereses de grupos.
Dijo además que con el aeropuerto de Santa Lucía se ahorrarían 100 mil millones de pesos. Nada fue cierto, el gasto por cancelar y construir una nueva terminal fue monstruoso y nunca se confirmó la corrupción de los contratos; por el contrario, infinidad de compañías que participaron en Texcoco han sido contratadas en otros proyectos federales.
Quizás la paradoja más asombrosa se refiere a la participación de los militares en el gobierno morenista. López Obrador dijo en campaña una y otra vez que los soldados volverían a sus cuarteles porque no estaban capacitados para atender el grave problema de inseguridad.
No obstante, les entregó la Guardia Nacional destinada a combatir la violencia, pero también les asignó infinidad de obras y la administración de aeropuertos, trenes, aduanas y recientemente una línea aérea. Solo falta que les regale concesiones de televisión, radio y de telefonía celular.
Por último viene el tema de la libertad de expresión, por la que se rasgó las vestiduras una y otra vez durante sus campañas presidenciales. Ahora en Palacio Nacional está convertido en un feroz crítico de los periodistas y medios de comunicación que no concuerdan con sus políticas.
López Obrador no tolera las críticas, cuando en su camino al poder se dedicó a denostar a los hombres del poder. Peor todavía, el mandatario ha difamado y expuesto las vidas privadas de los comunicadores, lo que representa si no un delito al menos una agresión inconcebible.
El tiempo pone a cada quien en su lugar; el actual presidente se enfrentará en su momento al costo y excesos de sus paradojas. Para entonces la popularidad habrá quedado en el olvido.
Noticia final…
Da gusto ver que el pueblo israelí reciba enormes muestras de solidaridad en diversas partes del mundo, ataques como el del grupo extremista Hamás no son en ningún momento justificables.— Hermosillo, Sonora.
jhealy1957@gmail.com
Periodista
