Rodrigo Llanes Salazar (*)
Ante la muerte masiva de abejas que se ha registrado en casi todos los estados de México en los últimos diez años, diversas organizaciones de apicultoras y apicultores, junto con especialistas en el tema que se han articulado en la Red Abejas sin Plaguicidas Mx, han elaborado el “Protocolo de atención y acción a la intoxicación de las abejas” (de ahora en adelante, “Protocolo”).
Como explicó la maestra Irma Gómez, especialista en apicultura maya, en un evento público realizado en la Semarnat el pasado 5 de octubre, los objetivos del Protocolo son prevenir, atender, registrar, denunciar o acordar la reparación del daño y la no repetición ante la muerte de las abejas.
En materia de prevención, el trabajo se centra en la identificación de los cultivos que representan un riesgo alrededor de los apiarios; la comunicación a las autoridades comunitarias y municipales sobre la problemática de la muerte masiva de abejas, así como los peligros que los plaguicidas representan para las abejas.
De acuerdo con el doctor Rémy Vandame, investigador de El Colegio de la Frontera Sur y especialista en abejas, en el caso del municipio de Hopelchén, en donde en el pasado mes de marzo se registró la pérdida de 3,365 colmenas, los cultivos asociados con el uso de plaguicidas peligrosos para las abejas son los de algodón, sorgo, maíz, papaya y, especialmente, chile y soya.
No sólo es un tema de apicultores, también de agricultores. Un asunto que subrayan Gómez, Vandame y otros integrantes de la Red Abejas sin Plaguicidas Mx es que la muerte de abejas es un problema no sólo para los apicultores, sino también para los agricultores. Los cultivos agrícolas dependen de las abejas y otros insectos polinizadores.
Un hecho que en ocasiones sorprende a productores yucatecos es que, en diversas partes del país y del mundo, los agricultores deben comprar o rentar abejas que puedan polinizar sus cultivos. Esto no es una práctica común en Yucatán, pero los crecientes episodios de muerte masiva de abejas pueden cambiar dicha situación.
Por esta razón, un aspecto clave del Protocolo es la comunicación con los agricultores.
Asimismo, según explicó la maestra Gómez, en caso de muerte de abejas por fumigación con plaguicidas lo que se debe hacer es, primero, la observación en campo; verificar si existen otros casos en zonas cercanas; reportar el caso a alguna de las siguientes instancias: el comité o grupo de apicultores de la comunidad, las autoridades ejidales y/o municipales, la organización apícola a la que pertenezcan las y los apicultores afectados, la oficina estatal del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica), la dirección de ganadería estatal o a la Comisión México-Estados Unidos para la Prevención de la Fiebre Aftosa y otras Enfermedades Exóticas de los Animales (CPA).
Una parte crucial del Protocolo es el registro de evidencias y la elaboración de un acta cuando mucho a las 48 horas después de haberse detectado el problema. El registro se puede hacer mediante fotos y video. El acta debe incluir la fecha, la ubicación, el número de colmenas afectadas, una descripción de lo que se vio en el apiario, el posible origen de la fumigación, una descripción de la toma (no sólo de abejas, muertas o vivas, sino también puede ser miel, polen, cera, vegetales, tierra, agua), y la conservación de las muestras (preferentemente en recipientes o bolsas selladas al vacío -tipo Ziploc- nuevas, transportadas en hieleras). Como explica el doctor Octavio Gaspar, especialista en plaguicidas y mortandad de abejas, es muy importante no usar alcohol, pues elimina los restos de plaguicidas. Una vez tenida la muestra y estando foliada, se traslada a un laboratorio para su análisis.
El Protocolo también recomienda observar posibles afectaciones en otros insectos y animales, y llenar una ficha de información que se sube al Registro Nacional de Muerte de Abejas por Plaguicidas del Comité Nacional de Fomento, Desarrollo y Sanidad Apícola.
Para poder realizar un análisis adecuado sobre la causa de muerte de las abejas, el factor temporal es fundamental, por eso el límite de las 48 horas para el registro de evidencias y la elaboración del acta. Tomando esto en cuenta, una de las exigencias de la Red Abejas sin Plaguicidas Mx es que se reconozca oficial y legalmente la participación de organizaciones y comités de apicultores en el levantamiento y registro de información y evidencias. Si esta labor recae únicamente en las autoridades, constantemente se corre el riesgo de que no lleguen al lugar antes de las 48 horas.
Esta exigencia tiene fundamentos jurídicos en la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo y el Acuerdo de Escazú —firmado y ratificado por el Estado Mexicano—, los cuales sostienen que la mejor forma de tratar las cuestiones ambientales es con la participación de todos los ciudadanos interesados. Como señala el abogado David Linares, representante legal de Kaabnalo’on Alianza Maya por las Abejas, es necesario fortalecer los derechos de las comunidades al acceso a la información y a la participación.
Finalmente, el Protocolo plantea que, si el agricultor que aplicó los plaguicidas que provocaron la muerte de las abejas reconoce su responsabilidad, se llega a un acuerdo para la reparación del daño y tomar medidas de no repetición. Si el agricultor no reconoce que provocó los daños, a pesar de que se haya demostrado que así fue, procede una denuncia legal.
En este sentido, como observa el abogado Linares, también es importante reformar los códigos penales para que se incluya como delito la muerte de abejas. Por lo pronto, él emplea la Ley General de Víctimas para exigir la reparación integral del daño y las garantías de no repetición ante la muerte de abejas.
Sin duda alguna, el Protocolo elaborado por la Red Abejas sin Plaguicidas Mx es una muy valiosa contribución para hacer frente al problema de muerte de abejas por intoxicación con plaguicidas. Su aplicación y difusión debe de ir de la mano de una mayor determinación de las acciones encaminadas a la prohibición de plaguicidas altamente peligrosos. Las acciones del gobierno federal se han centrado en la prohibición del herbicida glifosato, pero éste no es el único ni el más dañino para las abejas (y para otros seres vivos, incluyendo a los humanos). En contracorriente, gobiernos locales, como el de Yucatán, distribuyen a través de programas como Peso a Peso plaguicidas altamente peligrosos a productores del campo.
Asimismo, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos ya ha emitido -desde hace cinco años- una Recomendación general “Sobre la violación a los derechos humanos a la alimentación, al agua salubre, a un medio ambiente sano y a la salud, por el incumplimiento a la obligación general de debida diligencia para restringir el uso de plaguicidas de alta peligrosidad, en agravio de la población en general”, que debe ser plenamente cumplida. Así como se ha puesto el glifosato en la agenda nacional, también resulta urgente la prohibición de los insecticidas neonicotinoides y el fipronil.
Todo este trabajo debe de ir acompañado de una mayor promoción de prácticas agroecológicas, así como del respeto pleno y efectivo de los derechos de las comunidades. Finalmente, las abejas son importantes no sólo para apicultores y agricultores, sino para el equilibrio ecológico del cual dependemos todos los seres vivos.— Mérida, Yucatán.
rodrigo.llanes.s@gmail.com
Investigador del Cephcis-UNAM
