Edgar Jesús Conde Valdez (*)
Cuando era joven pensaba que un individuo de 30 años de edad era una persona “grande”, “madura”, o, como se dice actualmente, un “ruco”.
En mi realidad, a mis 61 años me siento de 35 y creo que me comporto como tal. Acabo de hacer un viaje con ocho amigos, similares en edad y, por cierto, en actividades similares, sobre todo económicas y profesionales.
Pensé que sería aburrido, pero pasó todo lo contrario. Como en mi época de boy scout, existió una camaradería y compañerismo del tamaño del mundo. Fuimos a un país de los calificados por algunos como bananero o socialista.
Pero la imagen que se lleva un extranjero, en su calidad de turista, seguramente dista mucho de la realidad del ciudadano de a pie de aquel país. Al turista no le hace falta nada, y con la relación peso mexicano Vs. dólar y moneda del país anfitrión se vuelve un enredo aritmético que al final de la suma y resta y, por ende, la multiplicación resulta que es una aventura por demás muy económica.
Cosas de la globalización financiera. Hasta aquí todo fue, claro, para nosotros, un viaje fantástico de principio a fin.
Ahora, siempre hay un pero, o pelo en la sopa. Lo que observamos fue un país donde, si bien existen carencias, todos o lo ocultan o se aprietan el cinturón. Claro, habría que ir a determinados lugares donde seguramente, como cualquier país caribeño o en términos futbolísticos, de la zona correspondiente a la Concacaf, hay carencias básicas.
Solo que, analizando bien las carencias, realmente son en su mayoría de cosas superfluas, es decir, los básicos como agua, salud, seguridad, no faltan. Trabajo hay, pero eso sí no me lo explico pues todos hacen “algo”, y se ocupan en lo que pueden, desde el mesero, el chofer, o los doctores, todos tiene actividad laboral.
No me pregunten cuánto ganan en términos económicos pues suena en primera instancia ridículo lo que gana un médico o un ingeniero en ese país, debido a la lógica de su modelo económico.
Pero el turista no observa esa cosas, bueno, si no las quiere observar. Me hizo recordar la historia cuando la emperatriz Carlota pasó por Yucatán desembarcando en Sisal con un recibimiento apoteósico, o cuando Porfirio Díaz llegó y se construyeron arcos rimbombantes por donde pasaría el presidente.
Más tarde vendrían los presidentes de la República por ahí de los años 70, Echeverria, Lopez Portillo, y otros, y en los pueblos donde pasaban eran pintadas de blanco las más pequeñas o largas albarradas, para ver la “prosperidad” que el gobernante en turno propiciaba para los ciudadanos.
Toda una auténtica simulación. Todos simulamos que somos caballeros, pero depende del ánimo en que estemos. Si el mesero tarda y tengo hambre, lo más seguro es regañarlo por su tardanza, sin pensar que el cocinero tiene un enredo en su estufa y no puede actuar con la velocidad que uno quisiera.
Pero para eso necesitamos tener criterio, y eso se logra con conocimiento e investigación, que los da la experiencia al salir de una esfera como la tuvo Porfirio Díaz que, pensando que el país estaba a todo dar con la extensa calidad de obras de infraestructura como muelles y ferrocarriles, que si bien mejoró el PIB, por decirlo así, la gente de la parte baja de la pirámide (que siempre son la mayoría) no recibía ningún beneficio, quedando igual que como estaba en las condiciones del virreinato (porque no éramos una colonia) o del sometimiento azteca en contra de tlaxcaltecas y un sinnúmero de tribus y etnias.
Y qué decir la esclavitud de facto que tenían en las haciendas los mayas, yaquis y coreanos en plena Revolución mexicana, tal como lo describe John Kenneth Turner en su libro “México Bárbaro”.
Es decir, la Revolución no concluyó como un viaje fantástico, donde al final todos “vivieron felices para siempre”.
Percepción personal
Pero regresando a la actualidad en este breve túnel del tiempo, si somos un poco analistas, nos daremos cuenta que nuestra percepción de la vida y el mundo depende de la situación del momento o como reza la frase completa del poema de Campoamor que es: “En este mundo traidor nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”.
Si un bracero mexicano va a Estados Unidos y triunfa, lo tomamos como un ejemplo a seguir. Pero, ¿y los que no triunfan o se vuelven víctimas de la drogadicción o la delincuencia? ¿Acaso no cuentan? Habría que hacer números y ver la sumatoria.
Existen tipos o formas de gobierno que prometen llevar al pueblo a ese Edén o a un viaje fantástico. El fracaso del comunismo es clara muestra de ello.
No estoy de acuerdo en un sistema donde el que se esfuerza más gane lo mismo que el que no lo hace. Primera debilidad del comunismo. No somos máquinas ni figuras sin sentimientos, como humanos nos trazamos metas e ilusiones, lo cual obliga a superarse. La teoría del esfuerzo debe de ser recompensada. El que emprende y arriesga debe ser recompensado y obtener, si lo logra, dividendos mejores que el conformista, flojo o como se le quiera llamar.
El problema es la distribución inequitativa de la riqueza, principal falla del capitalismo. Pero la solución no se encuentra hasta el día de hoy.
La mezcla del socialismo con el capitalismo aparenta tener buenos resultados. Pero no es contundente pues hemos observado altibajos en países como algunos de Europa, donde no termina de creer el votante que la socialdemocracia o el socialismo puro, u otro o los de derecha, sea el mejor método.
El criterio es por lo demás el meollo del asunto. El día que todos los ciudadanos del ambiente rural de México, o de la selva africana, la estepa rusa o el glaciar de algún país nórdico tenga un criterio aceptable, podremos pensar que hemos encontrado la solución.
Pero en la praxis ni la ONU lo ha conseguido. El discurso de Fidel Castro de 1979 en la ONU (por cierto muy similar al de Cantinflas de la película “Su excelencia”) da la impresión que es muy fácil resolver el problema mundial.
Desgraciadamente no es así. El día de hoy hay matanzas de civiles en Gaza y en Ucrania, y el orden mundial está lejos de ser eso, orden. Más bien parece un desorden mundial donde todo está polarizado, desde corrientes de pensamiento hasta aficiones deportivas o fanatismos religiosos.
Pero esto no es nada nuevo en nuestro país. Aquí el país está “dividido” en dos grandes bloques, los que apoyan al actual presidente de corte izquierdista y los que no lo apoyan para nada y son de corte de derecha o ultraderecha.
En Argentina acaba de suceder algo importante, la alternancia en el poder al ganar las elecciones un individuo ultraderechista por encima del competidor de izquierda. En Estados Unidos también se cuecen habas, solo que ahí la división está en dos partidos que son acérrimos rivales: los republicanos y los demócratas.
Y así en otros grandes países como la Gran Bretaña, donde laboristas y conservadores se dividen el poder.
Todos prometiendo llevar a la población al viaje fantástico de sus sueños.
En Yucatán dos figuras se perfilan para una cerrada competencia. Por un lado, Joaquín Díaz por la banda de la izquierda, o sea Morena y sus aliados. Y por la otra banda la de la derecha y sus aliados, comandada por Renán Barrera, del PAN.
Ambos políticos de sobrada experiencia y muy conocidos en sus actos, por lo que será sencillo escoger a uno entre los dos para que nos lleve a un viaje fantástico de cuando menos 6 años.
Pero esto actualmente no ha ocurrido. La solución debe existir, pero hoy por hoy no hay y el que la logre encontrar será como el caso del arzobispo de Constantinopla. Es decir, coloquialmente, está en chino. Al tiempo.— Mérida, Yucatán.
condeval1@hotmail.con
Ingeniero, valuador y maestro en Dirección de Gobierno y Políticas Públicas.
