Erica Millet Corona

Un día van a volver a casa, de donde nunca debieron salir —Ceci Patricia Flores

Entre clamores, lágrimas y aplausos se deja escuchar, aun sin micrófono, la voz entrecortada de una mujer que alcanza a imponerse por encima de los murmullos hasta que, expectantes, guardamos silencio. El acento resulta familiar. ¿Será posible? Se llama Clara y es de Hunucmá, Yucatán, dice. Ha viajado a Guadalajara desde Mérida para reclamar los restos de su hijo, desaparecido en Jalisco en 2020.

La presentación del libro “Madre buscadora, crónica de la desesperación” (Editorial Fondo Blanco, 2023) en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara fue un evento poderoso y a la vez desgarrador. La obra relata la lucha de Ceci Patricia Flores, fundadora del colectivo “Madres buscadoras de Sonora”, quien emprendió este camino a raíz de la desaparición de sus hijos. Su rastreo le ha llevado a desenterrar más de 2,000 cadáveres de fosas clandestinas en todo el país. Asimismo, ha encabezado la pesquisa de muchas otras madres que hoy remueven la tierra, con muy poco apoyo oficial y la enorme esperanza de encontrar a sus hijos para llevarlos de vuelta a casa.

A fin de escucharla, en el centro de convenciones de Expo Guadalajara se dieron cita integrantes del colectivo de Jalisco, estado con el mayor índice de desaparecidos hoy en día.

Clara, quien asistió como invitada a la presentación, migró de Yucatán a Guadalajara en 2018; después de un tiempo, su hijo Héctor la siguió. A principios del 2020, él viajó a Yucatán para visitar a su familia y, a su regreso a Jalisco, desapareció. Clara lo buscó durante dos años hasta que, presa del temor, retornó a Yucatán en 2022, desde donde pudo contactar a las “Madres buscadoras” de Jalisco, con quienes se mantiene en estrecha comunicación. A principios de este año, fue contactada por el colectivo: le comunicaron que creían haber encontrado los restos de su hijo. El 7 de marzo de 2023, la toma de ADN de Clara dio un resultado positivo para la identificación de Héctor, y ahora está de vuelta para reclamar el cuerpo; llegó con ayuda del Gobierno de Yucatán, a través de una funcionaria de Palacio de nombre Karla, cuyo apellido no recuerda, pero con quien está profundamente agradecida.

Las hermanas carmelitas de Guadalajara le han dado asilo hasta que pueda recuperar el cuerpo, pero las gestiones no son sencillas y no sabe cuánto tiempo le tomará.

En la presentación del libro a la que asisto, las mujeres del colectivo le hacen público su apoyo y ofrecen acompañarla, presionar hasta que pueda emprender el regreso a casa llevando consigo a Héctor; ofrecen también pagar el boleto de avión. Clara llora. Sus facciones mayas, las lágrimas que surcan su piel morena y su historia ponen en evidencia que el crimen y la inseguridad que vive México nos toca a todas y todos, que habitar el “estado más seguro” no nos exenta de encarar esos horrores con los que otras y otros compatriotas conviven a diario.

Ceci Flores ha hecho llamados de paz a los cárteles, ha suplicado clemencia por los desaparecidos y también por las madres desplazadas, amenazadas, “las que tuvieron que irse de este mundo con los brazos vacíos”.

La Editorial Fondo Blanco, a través de su editora Lizette Cisneros, pone el dedo en la llaga al documentar esta crónica de dolor. Esta publicación y el movimiento que se ha suscitado alrededor de su presentación han provocado persecuciones y hasta balaceras. “Por supuesto que a alguien le incomoda que se hable de desapariciones en el estado de Jalisco”, dice en sus redes sociales.

Ajenos

Pero no, los yucatecos no somos ajenos, no nos cocemos aparte. Tenemos la responsabilidad de informarnos, de divulgar aún más el mensaje para incrementar el costo a los criminales, pero también a las autoridades. Las madres buscadoras hacen rifas, venden ropa o comida, y botean en las esquinas para financiar el rastreo de los seres queridos que les fueron arrebatados por la violenta realidad de México. Podemos apoyar su lucha adquiriendo el libro a través de la página de la editorial, fondoblancoeditorial.c om, o haciendo donativos directos. Los datos de cuentas bancarias se pueden encontrar en las redes sociales de los colectivos Madres Buscadoras de Sonora, Madres Buscadoras de Jalisco o de Ceci Flores (@CeciPatriciaF en la red social X, antes Twitter).

Maricruz Remigio Figueroa, activista de Jalisco, advierte: “no necesitamos que nos pase a nosotros para empatizar con el dolor”, y nos recuerda que también como sociedad hemos fallado.

La noche de la presentación, la escritora Rossana Colomé y yo nos despedimos de la señora Clara sintiendo en las gargantas la amargura de sus reclamos, pero también la convicción de que es necesario hablar sobre el tema. Ojalá que el gobierno de Yucatán pueda asistir y acompañar aún más a doña Clara en el camino que le falta por recorrer, y que la ciudadanía que se entera a través de esta nota, según sus posibilidades, pueda apoyar para hacer la lucha de estas mujeres menos escabrosa.

Mi amiga y yo nos retiramos del último evento al que asistimos en la FIL compartiendo el pesar, cargando parte de aquel dolor en nuestro pecho, y también, con la emoción de la que contagia una lucha valiente y decidida que solo puede ser entendida a través del amor materno.

“¿Por qué los buscamos? Porque los amamos… hasta encontrarlos”.— Guadalajara, Jalisco

erica.millet@gmail.com

Licenciada en periodismo y maestra en relaciones públicas; exfuncionaria del Ayuntamiento de Mérida y del gobierno del estado

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