Después de las festividades de fin de año los días de enero son pesados por el incremento de precios en los diversos productos. Como en cascada, los alimentos, principalmente, suben a diario considerablemente.
Es la famosa cuesta de enero que, como cada año, se convierte en un viacrucis para las familias, pues tienen que hacer malabares para estirar la economía cotidiana. En muchos de los casos se reducen los alimentos en la mesa, pues algunas frutas y verduras son prohibitivas ante el alza de precios.
Comprar tomate, cebolla, calabaza local, piña, papaya, manzana, naranja, huevo, frijol, incluso plátano, resulta una odisea económica.
El tomate en los supermercados rebasó los cincuenta pesos, igual que la calabaza, la cebolla roja se acerca a los cincuenta y la blanca sorpresivamente sobrepasa los sesenta pesos, cuando, por lo general, es más económica que la roja.
Las frutas, aunque a veces están en oferta, han incrementado considerablemente. Lamentablemente, tan necesarias en la alimentación diaria, algunos de estos productos se racionan en las mesas.
Un guacamole, un puchero o el famoso frijol con puerco son prohibitivos, pues el aguacate, el rábano, la cebolla, las verduras, la naranja agria y el mismo frijol incrementaron considerablemente de precio.
Ahora bien, a fines de diciembre y principios de enero vinieron de visita mis nietas por unas tres semanas y una de sus motivaciones recreativas es rl Parque Zoológico del Centenario. Así que fuimos unas tres veces a ese atractivo espacio familiar.
A ellas les fascinan los animales, el paseo en lancha, montar los caballos, el teleférico y el trenecito. Siempre que acudimos al zoológico les digo que pueden dar las vueltas que deseen en el trenecito. Ahora, ellas ya saben el motivo de ser tan dadivoso, pues el paseo en el tren vale un peso. Y esto desde hace mucho tiempo.
Las visitas al Centenario hacen olvidar los precios de los alimentos, de los diversos productos y servicios, principalmente cuando paga uno los boletos del trenecito, pues con unos cuantos pesos se pueden dar varias vueltas. Es sorprendente cómo todo sube menos la tarifa del trenecito. Y esperemos que esta alabanza por el bajo costo de esta máquina, tan apreciada por los niños y también adultos, no sea motivo para incrementar el peso que todos los yucatecos apreciamos.
Empero, fuera del Centenario los precios de los productos y alimentos en este enero sobrepasan la economía de muchas familias yucatecas. Hay quienes adquieren una cebolla o dos tomates, el aguacate más pequeño, la mitad de un pollo o menos o un cuarto de carne para la comida del día.
Se reduce la canasta básica de alimentos. Además, hay que pagar en enero el predial, que también es elevado a pesar de los descuentos que anuncian, así como otros servicios. Y después de las vacaciones decembrinas y las festividades, enero se convierte en una cuesta que cuesta avanzar.
Ahora hay que mirar más por la alimentación y hacer a un lado productos superfluos o que no son necesarios. Es decir, hay que cuidar más nuestra economía familiar, porque esta cuesta puede extenderse por varios meses o todo el año.
Práctica
Es cierto que las heladas y la escasez de lluvia influyen en la cosecha y la abundancia del producto, pero a veces algunos o muchos comercios abusan y cada día incrementan los precios, solo por aumentar. El reetiquetado es clásico. Hoy es una cantidad y si mañana vamos a comprar el precio es otro y son los mismos productos.
En el mercado y diversas fruterías de las colonias y fraccionamientos se pueden encontrar productos más económicos, así como aprovechar en algunos supermercados las promociones que ofrecen. Es importante buscar las mejores opciones para que el ingreso familiar rinda más.
El Centenario es un oasis económico en donde el dinero familiar rinde. Afuera, con los altos precios y la cuesta de enero la vida diaria se convierte en un viacrucis para muchas familias. Todo sería diferente, viviríamos mejor y estaríamos contentos si los precios fueran como el costo del trenecito. Tal vez no todo a peso, pero sí con precios justos, sin abusos, ni reetiquetados constantes.— Mérida, Yucatán
marpero53@yahoo.com.mx
Profesor
