Mi mayor temor el sexenio pasado era que ganara AMLO. Recuerdo el día que se oficializó su llegada a la presidencia, como si fuera ayer. Cuando leí la noticia, mi hija —que en ese entonces tenía 12 años— estaba conmigo y, al ver mi rostro desencajarse, se echó a llorar desconsoladamente mientras me preguntaba “¿Qué va a pasar ahora, mamá?”

Solo pude abrazarla, un tanto avergonzada por haberle transmitido todos mis miedos, e incapaz de responderle que no tenia idea de cómo íbamos a transitar el sexenio con lo que, para mi, era lo peor que nos podía suceder.

Por fortuna, he tenido seis años de aprendizaje, y he comprendido que nada de lo que sucede afuera determina mi realidad. Para quienes hemos emprendido un trabajo personal y esa búsqueda de respuestas que nos den paz y confianza interior, sabemos que nunca es el gobierno quien define el rumbo de nuestro futuro; tampoco la economía, el nivel de inseguridad, el tipo de cambio, lo que nuestros padres hicieron, o cualquier cosa que esté fuera de nosotros.

El verdadero desafío frente a cualquier situación no es en sí lo que sucede, sino saber que es solo un reflejo de quiénes somos. Somos todo aquello de lo que alimentamos nuestra mente y nuestras emociones. Por eso debemos ser cautos al revisar si estamos cultivando el miedo o la aceptación, la paz o la controversia, el amor o el odio.

Seis años después, mi hermosa niña, quien lloró frente a mis ojos aquel día, fue a votar por primera vez. He tenido tiempo de hablarle de lo que es realmente importante en la vida. Me ocupé de sembrar en ella ideas de valor, confiando en que el tiempo las haría —y las hará— florecer en su corazón. Fue a votar sabiendo que el acto, más que cívico, es de autoproclamación.

En tu voto dejas de manifiesto tus valores y tus convicciones, y los nuestros están en la vida, la libertad y la familia; y eso no cambia por los resultados obtenidos.

Esta vez no me he desencajado por nada y mi hija no lloró. Vivimos la aceptación tranquila de los resultados. Estoy entera, confiada y en paz, y quiero que ella sepa que eso es posible sin importar lo que sucede fuera de nosotros.

Aprendí a reconocer que todo cuanto necesito está en mi interior, y que mi fuerza surge de creer en un Poder Superior, amoroso y benevolente, a quien puedo confiarle mi vida y mi voluntad. Ese es el mejor regalo que le puedo dar a ella, y a mi México lindo y querido.

Tuve seis años para aprender a confiar en que todo sucede para algo y tiene un propósito elevado.

He elegido descubrir ese propósito y no distraerme con el miedo, el odio y el resentimiento de quienes me circundan; hoy sé que desde ese lugar emocional, no importa de qué partido seas, tu presente y tu futuro no serán prometedores.

Es posible que hoy estés celebrando el triunfo de Claudia, o que estés enojado, triste o temeroso de que Morena siga en el poder. Yo te insto a que dejes de ver lo que sucede allá afuera y mires dentro de ti, donde residen todas las posibilidades de éxito, abundancia, paz y felicidad.

Deja que allá afuera suceda lo que tenga que suceder, tu sigue enfocándote en ti, en sanar y crecer, en ser un instrumento de paz. Como diría Santa Teresa: “Nada te turbe, nada te espante… quien a Dios tiene, nada le falta”.

Sin duda, mi postura es controvertida; habrá quien opine que vamos rumbo a ser la Nueva Venezuela, habrá quien opine que Morena es lo mejor que le pudo pasar a México.

Yo elijo pensar que puede suceder lo que sea, sigo siendo la arquitecta de mi propio destino.— Mérida, Yucatán.

gabrielasoberanismadrid@gmail.com

Podcast Gabriela Soberanis

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán