Expertas en la manipulación, envalentonadas por el triunfo electoral de la candidata de López Obrador, las élites gobernantes alistan nuevo ataque a la joven democracia mexicana con agresivo paquete de reformas que buscan imponer aceleradamente antes de la toma de posesión de Claudia Sheinbaum en octubre, confiadas en su sobrerrepresentada mayoría legislativa.
De todas, la del Poder Judicial sobresale por su destructivo efecto en el sistema de contrapesos que hasta hoy mantiene el necesario, débil equilibrio de poderes en la república, y el inminente fortalecimiento del crimen organizado a través del control que ejercería el narco en la selección de ministros, magistrados y jueces.
A lo largo de la semana que termina, importantes voces nos alertan: la reforma judicial restaría independencia y debilitaría el estado de derecho, sería como un golpe de Estado, pues implicaría fuerte debilitamiento del último poder público independiente; se dañaría la confianza de los inversionistas, que valoran mucho los contrapesos, y se abriría una puerta a mayor injerencia del crimen organizado. “Los narcos ya saben cómo ganar elecciones”, alerta la DEA.
Con la complicidad de importante sector del gran capital, como en los viejos tiempos del PRI autoritario, los estrategas del “Plan C” de AMLO responden que, guste a quien le guste, las reformas van. Se justifican en la “voluntad popular” expresada en las urnas el domingo 2 de junio y avalan su imposición en singular encuesta exprés que realizan empresas preferidas de Morena. Con manipuladoras preguntas, consultan a supuesta muestra de toda la población, y responde una amplia mayoría que no entiende del tema e incluso no estaba enterada de las reformas.
¿Qué valor tiene la opinión de un grupo de inexpertos en la decisión de un tema tan relevante, del cual no tienen ni idea ni interés alguno? ¿Es válido imponer lo que se considera “justo” sobre lo legal, que es clave para la sana convivencia? ¿Se justificaría, por ejemplo, sondear la opinión de todo el personal de un hospital para decidir cuál cirujano de una terna operaría a un paciente con severo problema cardiovascular? ¿Cabría sondear entre el “pueblo” si se debe o no pagar impuestos?
ÚTILES REFLEXIONES
Tres mujeres, dos valientes periodistas y una psicóloga de prestigio, nos ayudan con sus reflexiones a entender con mayor claridad los peligrosos efectos de esta reforma, que el nuevo poder hegemónico nos quiere imponer con los manidos pretextos del interés supremo del “pueblo” y la lucha contra la corrupción, altamente ineficiente en los últimos años.
En “Los puntos sobre las íes. El legado de un gobierno que mintió, robó y traicionó” (Debate, 2024), María Amparo Casar demuestra con hechos que el ineficiente régimen morenista ha sido, contrariamente, muy eficaz en “desaparecer, debilitar o dejar inoperantes a muchos de los contrapesos que se fueron construyendo” en los últimos treinta años. Y la Suprema Corte, nos advierte, “ha sido la excepción, a pesar de los intentos por desacreditarla, que no han parado”. El propósito inocultable, precisa María Amparo, “ha sido la concentración del poder en un franco desafío del orden jurídico”.
¿Cuán real es el riesgo con el crimen organizado? En “La historia secreta. AMLO y el Cártel de Sinaloa” (Grijalbo, 2024), amplio catálogo de denuncias aún no desmentidas por el régimen, la periodista Anabel Hernández concluye que la opinión general entre los líderes de la poderosa mafia del Pacífico es que “con Claudia vamos a estar mejor que con Obrador”. Los acuerdos previos a las elecciones, alerta Anabel, tendrían severas consecuencias en la expansión del crimen por toda la república.
¿Y por qué le sería tan fácil al nuevo poder hegemónico imponer medidas populistas como esta polémica reforma? La reconocida catedrática Elke Weber, psicóloga de la universidad de Columbia, nos lo explica en su visita de esta semana a Bilbao: el creciente apoyo al populismo “se debe al galopante aumento de la desigualdad; hemos dejado a mucha gente atrás, que se siente frustrada, asustada y desasistida”, y los populistas “han sabido cosechar ese sentimiento de ira y miedo”.
¿Qué harán las nuevas autoridades? ¿Se sumarán a esa ola autoritaria del régimen obradorista que busca imponerse antes de octubre? ¿Qué debemos hacer quienes vislumbramos serio peligro de regresión autoritaria con la puesta en marcha del “Plan C” de López Obrador?
SEÑALES ENCONTRADAS
La postura de Claudia Sheinbaum no es clara. Un día se reúne con los señores del gran capital, manda señales de estabilidad con algunos nombres de su futuro gabinete, se recuperan ligeramente los mercados financieros, pero al día siguiente sucumbe de nuevo ante la tentación autoritaria que le impone desde Palacio Nacional su mentor, con quien recorre el país en insólito paseo de celebración tras el triunfo electoral.
En Yucatán, el gobernador electo insiste en que gobernará “para todos”, incluso se reúne en Ciudad de México con inversionistas supuestamente interesados en sus planes de gobierno; sin involucrar a los líderes del empresariado local, ofrece garantías a los capitalinos, pero al mismo tiempo celebra en sus redes sociales el avance aplastante de la estrategia morenista y se suma sin reparos a los artífices de la reforma judicial. Avalando la encuesta impuesta desde Palacio, asegura que “para la 4T es prioridad escuchar y hacer valer la voluntad del pueblo mexicano”. El “pueblo”.
Ante los peligros que nos acechan, de la inminente regresión a los tiempos autoritarios de régimen hegemónico de los 1970, cuya duración en los años por venir resultaría incierta, no cabe más que estar muy alertas de lo que sucederá en las próximas semanas y preparar posibles estrategias de contención con fuertes contrapesos que equilibren de alguna manera los excesos del poder político.
Como nos señala María Amparo Casar, “construir puede llevar muchos años, incluso generaciones. Destruir ocurre en un parpadeo. Hay que saber distinguir cuándo ese riesgo es inminente para, quizá, acaso, tocar las alarmas y hacer algo al respecto”.
Los mexicanos en general, los yucatecos en particular, nos enfrentamos a un panorama incierto. Es mucho lo que podemos ganar, pero también lo que podríamos perder. En las próximos semanas tendremos una idea más clara de a qué habremos de enfrentarnos.— Mérida, Yucatán.
*) CARLOS R. MENÉNDEZ LOSA, director general de Diario de Yucatán y Grupo Megamedia
