Olegario M. Moguel Bernal (*)

Desperté hoy con una ligera inquietud, un encrespamiento del espíritu que no logro mitigar con las horas, menos aún con el expreso cortado que esta vez siento poco denso y muy pansinsal. ¿Será que voy a enfermar? Estas lluvias, cierto, han traído un virus que ataca al primero que se les atraviesa. Quizá sea coronavirus porque sus efectos son similares, pero las autoridades no lo van a decir. No, qué va.

El caso es que tengo en el ánimo ese desasosiego que a todos asalta en ocasiones y crece al paso de las horas sin encontrar su origen. ¿Será producto de la resaca política?

La política, querido diario, se cuela con cada vez más fuerza en mis huesos, debo confesarlo. Todo lo identifico con las actividades que ésta conlleva. Aun en tiempos en que se supone debemos dar vuelta a la página, sigo con ella en la médula. Trato de entender comportamientos, resultados, acompañamientos y traiciones. ¿Será normal? ¿Seré el único?

Veo en el Diario, aquí junto a mí, que, por ejemplo, los empresarios, antes combativos, resistentes y críticos, ahora son mansos acomodaticios que ven con magníficos ojos los nuevos nombramientos de la próxima presidenta. ¿Qué nos espera cuando revelen el nombre del próximo secretario de Gobernación, el filtro por el que solía pasar toda la operación política?

En definitiva, la política es a la vez la más social y la más individual de las actividades humanas. Por un lado, sus efectos impactan en toda la sociedad, pero los momentos de definición son individualísimos, más aún, todos los actores, llámense políticos, autoridades, aspirantes y ciudadanía en general, ven su propio beneficio disfrazándolo de interés social.

Quizá por eso no dejo de preguntarme ¿qué clase de control político ejercerá el nuevo gobierno? ¿Apostará, como el actual, por el control total y el abarcamiento general de la actividad, desplazando a los otros, a los diferentes, a los ajenos al proyecto? ¿Seguirá la Segob siendo una oficina de trámites o dictará la dinámica política del país, para que la presidenta se dedique a gobernar y no a ser jefa de campaña de su partido? ¿La dejarán marcar la pauta o será una pieza más del entramado político actual?

Reflexiono, diario tolerante con mis letras, y me veo reflexionando desde la distancia, emulando a Salvador Elizondo, que nos decía “Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía…”.

Reflexiono y me veo reflexionando y reflexiono que reflexiono que me veo reflexionando… y reflexiono que lo que escribo sobre mis reflexiones está a años luz de El grafógrafo, el pequeño texto que Elizondo dedicó a Octavio Paz.

Pero reflexiono.

Reflexiono, por ejemplo, que aquellos que acusan a la 4T de controlar al país con las 23 gubernaturas que tenía antes de las elecciones, lo cual los llevó a maniobrar para ganar más espacios y alcanzar gubernaturas que no tenían, como —sobra decir— Yucatán, no tienen en cuenta una cosa. En nuestro Estado, el partido Acción Nacional estaba en una posición más fuerte y ventajosa, en este rubro, que la de Morena a nivel nacional.

El PAN gobernaba (aún hoy, hasta el 31 de agosto), con sus alcaldes, al 75.9% de la población del Estado. De los 2.320,898 yucatecos según el censo del Inegi 2020, Acción Nacional tiene 43 municipios donde habitan 1.763,303 personas. Y aún así su candidato a gobernador perdió.

Agreguemos al PRI, porque el candidato lo fue también de ese partido: el otrora poderoso tricolor gobierna 39 municipios, cuya población suma 274,961 personas. Esto equivale al 11.8% del total.

Cierto que el PRI resultó más un lastre que un impulso, y que para la alianza el único ganón fue Rolando Zapata, quien, como buen zorro de la política, usó a todos en su favor. En cambio el PAN ¿qué consiguió? Una derrota de órdago.

Le pasó lo que a Leoncavallo: “Años y años escribiendo su famosa ópera Payasos, y qué consiguió: sólo una carcajada”, decía el genial comediante Juan Verdaguer.

Lo que es un hecho es que la alianza que perdió la gubernatura gobierna a más de dos millones de yucatecos, el 88% de la población, y aún así su candidato no ganó. Más aún, perdió de fea manera.

En definitiva, para su causa algo falló. Y falló por mucho. Reflexiono, querido diario, que, si acaso hubo traiciones, debieron ser del tamaño de la Catedral.

¿Ves, diario querido y aguantador, por qué no puedo dejar de pensar en política? Si contigo no me desahogo, el próximo paso será clínico.— Mérida, Yucatán.

olegario.moguel@megamedia.com .mx

@olegariomoguel

Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán