La llegada del huracán “Beryl” a la Península de Yucatán desató un comportamiento común en momentos de crisis: las compras de pánico.

Una escena común en los supermercados fue ver a las personas llenando sus carritos de compras. Pero muchas de ellas no compraban lo necesario para afrontar una situación como esta. Mas bien acaparaban ciertos productos, como si fuera a haber un desabasto de largo plazo. Todavía no le encuentro la lógica a comprar grandes cantidades de paquetes de papel higiénico, para hacerle frente a un huracán.

Así son las compras de pánico. Son una manifestación colectiva de miedo y ansiedad que se traduce en una adquisición masiva de bienes, desafiando incluso la racionalidad.

Si bien es comprensible este comportamiento que surge de la necesidad de mantener el control y la sensación de seguridad en medio del caos, también hay que reconocer que tiene efectos negativos en nuestras finanzas personales y en la economía de nuestra sociedad.

Las compras de pánico pueden llevar a gastos excesivos que desajusten las finanzas personales. Además, los productos adquiridos en exceso pueden no ser utilizados antes de su fecha de caducidad, terminando en un desperdicio de recursos.

A nivel comunidad las compras masivas de productos pueden generar desabasto y escasez, provocando un incremento en los precios.

Claro que hay que prepararnos para contar con los productos básicos necesarios para afrontar cualquier contingencia, sin embargo, esta preparación debería ser continua, sobre todo en los meses en los que sabemos que hay una alta probabilidad de huracanes.

Las situaciones de contingencia como los huracanes requieren de planificación y preparación.

Recomiendo hacer anticipadamente una lista de los artículos necesarios ante cualquier contingencia, y mantener un kit de emergencia básico que se pueda renovar periódicamente. Debemos mantener un presupuesto para situaciones de emergencia; si hay que hacer compras, debemos apegarnos a la lista elaborada y evitar compras por impulso.

Ante las situaciones de emergencia debemos comprar también con ética y responsabilidad social. Acaparar productos no es un comportamiento solidario, debemos pensar en el prójimo y comprar lo necesario con prudencia y moderación.

La preparación ante un huracán no solo consiste en la adquisición de los productos que se consumirán mientras dure la contingencia, sino también debe incluir la salvaguarda de nuestro patrimonio de largo plazo como la vivienda, los enseres domésticos, el automóvil, etc.

Según datos de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS), en nuestro país hay cerca de un 25% de viviendas aseguradas. En la mayoría de los casos, las aseguradoras están ligadas a créditos hipotecarios (aproximadamente el 18%) y solo cerca de un 7% cuentan con un seguro voluntario.

Para nosotros que vivimos en una zona expuesta a huracanes, es indispensable que el seguro de vivienda cuente con la cobertura contra riesgos hidrometeorológicos; de lo contrario, ante una inundación o un huracán estaremos desprotegidos.

En el caso de quienes han comprado una casa a través del Infonavit y todavía la estén pagando, cuentan con un seguro de daños por siniestro, que incluye desastres naturales como inundaciones y huracanes. Para que este seguro pueda ser utilizado es indispensable que el crédito Infonavit esté al corriente con sus pagos.

Nos espera una larga temporada de huracanes, que según las predicciones será muy activa. Si no queremos que nuestras finanzas se vean arrasadas por estos fenómenos meteorológicos, hay que prepararnos y actuar con racionalidad y responsabilidad social.— Mérida, Yucatán.

marisol.cen@kookayfinanzas.com

Consultora Financiera y Directora de las Licenciaturas en Administración y Finanzas, Universidad Anáhuac Mayab

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