Filiberto Pinelo Sansores
Filiberto Pinelo Sansores

Nuestro país va rumbo a superar cotas del pasado y a constituirse en una nación mucho mejor que la que teníamos antes de que el pueblo, desde 2018, empezara a desalojar de la dirección del país a quienes, desde hacía décadas, la usurpaban, en su beneficio y en el de minorías.

El proceso ha continuado, cada vez con mayor fuerza, incluso ahora, cuando finaliza el sexenio y, por la fortaleza de la corriente que lo impulsa y las cualidades de liderazgo de la mujer que tomará la estafeta en unos días, se seguirá desarrollando indefinidamente, a pesar de los vaticinios en sentido contrario.

Por más que los voceros de la derecha quieran desacreditarlo propalando mentiras, divulgando falsedades, anunciando catástrofes, sacando conclusiones tiradas de los cabellos de hechos inventados o distorsionados, la realidad muestra que están fracasando y que por el camino que van no llegarán lejos.

Contra lo que dicen, cada día que pasa es un día de éxitos, de obras que se inauguran o pronto serán terminadas, de millones de personas que reciben los beneficios de los programas de bienestar que los ayudan a salir de la pobreza.

Ha sido un sexenio como no había habido otro. Por primera vez desde que empezó la etapa en que otro partido distinto al PRI ocupó la presidencia del país, un periodo de gobierno termina y comienza otro sin la amenaza de una crisis económica, como las ocasionadas por el desbarajuste de las finanzas públicas y el latrocinio de los funcionarios que se iban. Por el contrario, la república está satisfecha con el desempeño de los que salen y confiada en la capacidad de los que entran por ser de la misma orientación.

Las calumnias no han hecho mella en la buena fama de los principales conductores del proceso a pesar de la obstinación con que sus adversarios los descalifican. Hasta libros han hecho para intentar menoscabar su prestigio, sobre todo, el del principal impulsor del propósito renovador y de sus hijos mayores. En todos los casos sin pruebas. Han fracasado rotundamente porque la forma de vida del presidente se caracteriza por dos cualidades: la austeridad en el comportamiento y la absoluta transparencia en el modo de vida, algo que lo hace inmune a la calumnia. Toneladas de tinta y miles de millones de pesos se han tirado inútilmente en el vano intento de descalificar al mandatario.

¿Por qué se ha podido gastar tanto dinero en tantas obras? Porque se ha combatido en serio a la corrupción y se han recuperado abundantes fondos. Es por ello que se ha dispuesto de más de dos billones de pesos que han servido tanto para aquellas como para los programas sociales. Sin esto jamás hubiera habido fondos para las pensiones a los adultos mayores, las becas universales para estudiantes, los apoyos para que los jóvenes se capaciten y obtengan empleo y los fondos para que los sembradores de árboles del programa de reforestación más grande del mundo hagan su labor.

Tampoco habría habido dinero para obras tan extraordinarias como el Tren Maya, el Corredor Interocéanico, el Ferrocarril del Istmo, los aeropuertos internacionales Felipe Ángeles y Felipe Carrillo Puerto, de Ciudad de México y Tulum, respectivamente; la refinería Olmeca de Dos Bocas, la compra de la de Deer Park, la rehabilitación de 6 refinerías, la construcción de carreteras, hospitales, parques deportivos, etc. Sería un sexenio mediocre como los que eran usados por los políticos desalojados para enriquecerse los que, por eso mismo, acaban de fracasar en su intento de reciclarse.

Es esta la razón por la que los calumniadores, por más que intensifican sus ataques, no logran su propósito: debilitar al gobernante, convertirlo en el payaso de las cachetadas, para desacreditarlo y, de camino, hacer caer de la gracia de la mayoría de los mexicanos, el movimiento que encabeza.

La prueba más clara de su fracaso fue el proceso electoral de junio. Este permitió que los mexicanos diéramos en las urnas una demostración al mundo de que eran puras mentiras las que durante la campaña, y antes de ella, la derecha y sus propagandistas propalaron: que el de AMLO era una dictadura y que el pueblo lo sacaría a patadas del poder y pondría en su lugar a las Xóchitls, los Alitos, los Markos y a toda su fauna de acompañamiento.

La derecha cuando calumnia nunca aporta pruebas. Se basa en “trascendidos”, en “me lo contaron”, “me dijeron mis fuentes de palacio”; usan grabaciones de audio en que terceros se confiesan a otros también terceros; graban videos difamatorios con personajes del hampa que salen de sus escondites en las montañas para ser entrevistados; publican libelos escritos sin más sostén probatorio que la saliva de quien los escribe; falsifican noticias con imágenes de hechos ocurridos en otros países o en otros tiempos.

Hay suficientes ejemplos de cómo se usan estos instrumentos por los opositores para intentar enlodar al presidente y a sus hijos. Han fracasado de manera estrepitosa. Quieren simular que son una fuerza moral que está por encima del resto de los ciudadanos.

Buscan erigirse en la conciencia de los mexicanos simplemente porque dominan en los medios y dictarle al país lo que tiene y lo que no tiene que hacer. No toman en cuenta las lecciones de la vida y piensan que intensificando el ruido van a conseguir lo que en las urnas no lograron. En vez de hacer el análisis de las causas que originaron su aplastante derrota, vuelven a lo mismo.

Esta oposición, tal como se le conoce, no tiene futuro. Tendría que cambiar de métodos, de tácticas de lucha y dejar de querer engañar a la nación haciéndose pasar por lo que no es; asumir su propia identidad de representante de los intereses de ciertos sectores sociales, los más pudientes, en lugar de camuflarse en propuestas que se contraponen con su manera de ser y pensar, como ha puesto de relieve Marko Cortés cuando dijo que fue un error haber defendido los programas sociales, siendo que su candidata hasta sangre se sacó para jurar que los defendería.

Mientas no sea auténtica, la oposición mexicana carece de futuro.— Mérida, Yucatán.

fipica@prodigy.net.mx

Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa

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