“Cuando presenciaba la primera detonación de un arma nuclear, el 16 de julio de 1945, una antiquísima escritura hindú pasó por la mente de Robert Oppenheimer: ‘Me he convertido en la muerte, el destructor de mundos’”.
El discurso de odio en internet presenta cada vez más un peligro mayor y amplía el problema abriéndolo a nuevas posibilidades y creando vías cada vez más numerosas y peligrosas. Tal como dice Oppenheimer. Se va convirtiendo en la muerte y el destructor de mundos. Y podemos añadir, de personas y reputaciones.
El internet ha elevado a la “N” potencia las posibilidades de comunicación humana. Teóricamente, podemos conectarnos con cualquier persona en el ancho mundo, que ahora si en verdad se ha convertido “en un pañuelo”, y que se ha multiplicado con la aparición de las redes.
En teoría, cualquier afirmación, discurso, idea, invención, puede ser conocida, multiplicada, replicada, en cualquier parte del orbe por pequeña o grande que sea.
Si tienes acceso a las redes, a internet, a Wifi, eres a la vez “autor y público”. Pareciera que no existe límite alguno para lo que a cualquier persona con un celular en la mano se le antoje escribir y lanzar, malo o bueno.
Hay pocas cosas que nos impidan decir absolutamente todo lo que queramos. Verdadero o falso. Difamatorio o loable. No quiero ni pensar en la IA.
La intolerancia y el “odio” han sido rasgos característicos de la sociedad humana casi desde el principio de los tiempos. Sin embargo, numerosos estudios han demostrado que en los últimos años ha habido un aumento de estas actitudes.
Ahora, la famosa pegunta de los $64,000: ¿Quién controla? ¿Quién me impide publicar mis sentimientos más oscuros y perversos en las redes? ¿Quién me impide difamar, mentir, falsear, atacar, denigrar?
¡Si ni siquiera saben quién soy, tengo tantos seudónimos cuantos quiero! Siempre es más fácil apuñalar desde las sombras. Sin exposición alguna que delate. Internet ha abierto nuevas formas y nuevas vías de decir cosas a más gente.
Sin embargo, las limitaciones que existen en internet son mucho menores que las que existen fuera del mismo. “El problema es que si hay menos tolerancia a la diferencia y si no se observan las restricciones sobre esa intolerancia, entonces la intolerancia y el odio encontrarán expresión, tanto en las cosas que las personas hacen como en las cosas que dicen”.
El odio es un sentimiento intenso. Hay un deseo de rechazar, eliminar, desaparecer a ese alguien o algo que tanto disgusto causa. Hay antipatía, animadversión, hacia una persona, situación o cosa. Se quisiera destruir el objetivo.
Lo estamos viendo día a día. Las guerras exponen y demuestran de la manera más explícita las razones y sinrazones que provocan la pasión del odio. Tienen en si mismas la destrucción “del equilibrio armónico” en el ser humano que esta en paz consigo mismo.
Según Heitor de Macedo: “El odio no atrapa la verdad, la encierra en un pensamiento inmóvil donde nada puede transformarse, donde todo es para siempre inmutable: el que odia navega en un universo de certezas” de ahí que los crímenes de odio se refieran casi siempre a actos criminales que pueden incluir ataques físicos, la destrucción de la propiedad, intimidación, acoso, abuso verbal o insultos o pintas y cartas ofensivas .
Quienes cometen delitos de odio a través de las redes, atacan a las víctimas por su pertenencia percibida a un determinado grupo social, normalmente definido por raza, género, religión, orientación sexual, trastorno mental, discapacidad, clase, etnia, nacionalidad, edad, identidad de género, o afiliación política.
El crimen de odio se alimenta de perjuicios diseminados en las redes sociales y que terminan en actos criminales, sustentados por el también discurso de odio que ataca las áreas arriba mencionadas.
Lo más fuerte de todo esto es que elimina cualquier posibilidad de diálogo o conciliación con la causa que lo provoca. En última instancia, el odio es opuesto al amor y a la amistad.
Cada 18 de junio se celebra el Día Internacional para Contrarrestar el Discurso de Odio. La realidad es que no ha servido para mucho.
“El discurso de odio en las redes sociales solo se puede combatir a través del ejercicio y la educación de los derechos humanos. Sin educación no es posible alcanzar alguna limitación a este tipo de agresiones en todo sentido”.
Por eso la UNESCO pone el énfasis en los derechos humanos para abordar el problema. La libertad de expresión se convierte en fundamental para enfrentarse al discurso de odio y la desinformación del que forma parte importante en las redes sociales.
La libertad de expresión nos concede el derecho a ser libres de manifestar nuestros pensamientos, opiniones o ideas. Es un derecho original, mas no absoluto. Nos pertenece como seres humanos.
Querámoslo o no, nos permite el poder convivir como personas racionales. Nos hace libres para expresar nuestros pensamientos u opiniones, por eso es un derecho humano importante y fundamental, y es parte de las leyes internacionales sobre los derechos humanos.
Muchas veces tendremos que convivir con opiniones y actitudes con las que no estaremos de acuerdo; sin embargo habrá que respetarlas como esperamos se respeten las nuestras.
La comunicación abierta y libre tiene que estar en niveles similares por el bien de los demás y de la propia sociedad. Ya lo decía San Pablo: “Sopórtense mutuamente”.
Nuestros derechos tiene que estar equilibrados con los derechos de los otros. El odio solo engendra odio, dolor y muerte física o espiritual. Las redes sociales producen inmensos beneficios cuando son usadas correctamente.
De la otra manera solo causan tristeza y heridas que pueden ser fatales e irreversibles, o enfermedad mental , moral y física. Vivir con otras personas siempre será un reto debido a que todos somos distintos y pensamos diferente, aunque pertenezcamos a la misma familia.
No permitamos que el discurso de odio nos gane. Es mucho lo que hay en juego y demasiado lo que se pierde en aras de la futilidad y las emociones malignas y dañinas.— Mérida, Yucatán.
maica482003@yahoo.com.mx
Abogada y escritora
