Me habría gustado conocer a Pita Amor.

Hermosa mujer, bella de rostro y cuerpo, fue poeta excelente, de fina sensibilidad. Escribió acerca de Dios, de la soledad y de la muerte.

Cada poema suyo era una autobiografía. Cito de memoria: “En el fondo de un pozo, / refugio de lo negro y de lo inmundo, / un estéril sollozo / pasea vagabundo. / Adentro de ese pozo está mi mundo”.

No incurro en ligereza si narro una anécdota atribuida a Pita Amor. Posó desnuda para Diego Rivera, quien le hizo un precioso retrato. Ella orgullosa, le mostró el cuadro a Miguel Alemán.

El Presidente elogió la obra, pero dijo que tenía un defecto: el pintor no le había puesto a la modelo el vello púbico.

—Señor Presidente —se molestó la poeta—. Diego no pintó mi cuerpo. Pintó mi alma.

Ripostó Alemán: —Pos que alma tan lampiña.

Me habría gustado conocer a Pita Amor. Vivió apasionadamente.

Y en la vida todo lo que no es pasión es desperdicio.— Saltillo, Coahuila.

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