El azar no es más que la medida de la ignorancia del hombre —Henri Poincaré
“Para lograr la anhelada división y equilibrio de poderes se hace necesario que el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y todos los ministros que componen el pleno y las diversas salas de esa institución sean designados por el Congreso, que representa la sociedad en general y procurará elegir a lo más brillante de la intelectualidad y pondrá en marcha la práctica legal que existe en el país, basándose en los criterios únicos de probidad, eficiencia y práctica pulcra de la jurisprudencia”.
“Cuando esta reforma le permita al poder judicial su tan anhelada independencia y autonomía, hasta el Presidente de la República y sus empleados entenderán que no hay nadie por encima de la ley. Ya que dependerá sutilmente de la Corte, el Ejecutivo federal no podrá controlar ni manipular el derecho a través de ministros designados por él. Eso le permitirá saber al pueblo de México que la justicia se aplicará con todo rigor, incluyendo al Presidente de la República, no importando su alta investidura”.
“Ya que opere esta reforma constitucional, en beneficio y por salud de la nación, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ahora revestida de la claridad y transparencia necesarias, designará a todo juez, ministro, magistrado o juzgador de acuerdo con la ley vigente, procurando que los candidatos a esos puestos cuenten con una trayectoria excepcional, que sean conocidos por su propiedad y pulcritud en el ejercicio de la práctica legal y lleven 30 años de práctica profesional. Sólo el Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación podrá removerlos”.
Tal cual transcribo, una vez más, estos párrafos publicados el 22 de julio de 1856 y escritos por el gran Ignacio Ramírez “El Nigromante”, uno de los artífices de las leyes de Reforma, que al estar viendo lo que ocurre hoy, como diríamos en el imaginario: ¡Se vuelve a morir!
En el nuevo proyecto de la Reforma Judicial se deja al azar de dos insaculaciones los cargos de jueces y magistrados que serán sometidos a elección y, también un sorteo definirá la lista final de candidatos.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) será destituida íntegramente para dar paso a ministros electos en urnas en 2025, en tanto que jueces y magistrados serán relevados de manera escalonada: la mitad el próximo año y según la suerte, pues una tómbola o insaculación pública será empleada para decidir si su puesto será sometido a las urnas o no.
Así lo establece el proyecto de dictamen consensuado por Morena y sus aliados tal como se puede leer en el portal de “Expansión Política”. Sí, es en serio: ¡Tómbola! Solo el término nos remite al artilugio propio de las ferias y sorteos con los números en cartoncitos, papelitos o canicas y, donde el macizo del puesto saca, uno a uno, dichos numeritos cantando en voz alta para repartir los premios, una suerte de lotería, bingo o llámele como quiera y que no es nuevo en esta administración, si nos vamos al antecedente de la llamada rifa del avión, que esto puede ser más que suficiente ya para desconfiar en grado superlativo de cualquier tómbola cuatroteísta.
Porque, al igual que en la tristemente rifa, vaya usted a saber la manera en que fueron colocados los numeritos en el sorteo. O qué me dice del espeluznante volado propuesto en la estrategia de López Gatell para seleccionar quién se iba al único respirador disponible, cuando la igualdad de criterios entre dos agónicos pacientes no dejara más opción durante la pandemia del Covid, y que no se llegó a esto…, la mayoría murió antes.
Pero el asunto tiene otra arista igual o peor de puntiaguda. De entrada, la escoba morenista pretende barrer con todos los ministros de la Corte y todo el Poder Judicial. La esencia de la reforma, que Morena había presentado como inamovible, se mantuvo así: habrá elección popular en 2025, se sujetarán sus percepciones al tope de ingresos de quien ocupe la presidencia.
El proyecto de dictamen, de 284 páginas, en forma magnánime y justiciera (¡faltaba menos de la 4-T!) en su mecanismo para valorar los perfiles de los candidatos establece que los tres poderes: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, tendrán cada uno un Comité Técnico que evaluará a los prospectos y el cumplimiento de sus requisitos; sin embargo, esas instancias también aplicarán una segunda tómbola pública para depurar las listas de candidatos. Ya de entrada dos de los tres poderes de color guinda.
Pero la otra arista igual de filosa alude a la flexibilidad o requisitos, entiéndase un retroceso a la calidad académica, que no es nuevo, si ponemos como ejemplo la retabulación de los promedios requeridos para poder cursar una residencia médica en aras de tener un mayor número de aspirantes, bajando los promedios requeridos, apostando también a la precariedad escolar e ignorando en absoluto la experiencia, esto es:
Para ser ministro, magistrado o juez, ya no se requiere un mínimo de 35 años cumplidos, basta tener un título profesional de licenciado en Derecho, obtenido cinco años antes, expedido legalmente, no importa si venga de una Universidad “patito” o el título tenga una marca de agua que diga Santo Domingo; con un 8 de promedio mínimo es suficiente o se pedirá el 9 de acuerdo al cargo que se aspira.
Para ser postulados los interesados deberán entregar, entre otras cosas, un ensayo (no especifican el tema), cinco cartas de referencia de sus vecinos, colegas o personas que respalden su idoneidad para desempeñar el cargo.
O sea, es muy posible que, en la tómbola, en caso de no haber trampa, haya canicas golpeándose entre sí, de algún abogado titulado en una escuela chafa, con carta de recomendaciones de sus cuates de la banda, contra algún abogado egresado de la UNAM o alguna Universidad de prestigio; al fin y al cabo, la suerte y sí, solo la suerte, podrá decidir al juez que llevará a futuro el caso de un despojo de tierras, la falta de manutención económica o aún peor alguna falsa acusación de homicidio.
Y mientras escribo esto, no puedo quitarme de la mente a Johnny Laboriel cantando: “!La vida es una tómbola, tom-tom, tómbola /La vida es una tómbola, tom-tom, tómbola /de luz y de color /de luz y de color/… y todos en la tómbola!”
Y aquí en México los impartidores de justicia: también a una tómbola. ¡Dios nos ampare!— Mérida, Yucatán.
Correo: arredondo61@prodigy.net.mx
*Médico y escritor
