Las cartas se pusieron sobre la mesa en la semana que termina. Lo que pasó en estos días hace prever que así se comportarán las actividades políticas en Mérida, por lo menos en los próximos tres años.
La mayoría en el Congreso se impuso para mandar un mensaje claro: no importa qué decida la autoridad que gobierna Mérida. El hecho de ser de un partido de oposición a ellos es razón suficiente para que no se le aprueben propuestas que cometan el grave pecado de intentar atender a la ciudad. Cuidado con lesionar al pueblo sabio y bueno, aunque el beneficio de hoy se convierta en seria afectación mañana. Así es la política cortoplacista.
Será delito de lesa política que la alcaldesa realice con libertad acciones de gobierno que la hagan lucir bien frente a la ciudadanía.
La mayoría morenista, con aliados incluidos, recibió un flan para sus fines de conquista de espacios, que le permitió responder políticamente, que no con madurez ciudadana. Llegó al Congreso la ley de Hacienda de la Comuna meridana para 2025, que contemplaba una actualización y con ella un incremento del impuesto predial. Y a quién le dan pan que llore.
En municipios que concentran tanta vivienda como Mérida, ese gravamen es la joya de la corona, por ser el que genera más recaudación en el año. La meta en el cobro de ese impuesto al principio del año que está por terminar fue de 930 millones de pesos, 80 millones más de los 850 que se recaudaron en 2023. Casi mil millones de pesos.
El incremento que se planteó para 2025 fue, decíamos, un flan políticamente hablando para Morena, que ya lo veía venir. Por eso, antes de presentar su paquete fiscal, el gobierno del Estado anticipó que no habría alza de impuestos estatales en su presupuesto de $62,783 millones. Una jugada maestra para luego salir a declarar que, en tanto su partido no incrementará impuestos, la alcaldía meridana pretende subir el que más duele a los ciudadanos: el predial.
Vista desde la óptica política, la reacción de Morena y aliados fue de librito. Si se pretende lesionar la imagen de quien se ve como una contrincante, presente y futura, es menester aprovechar todas las oportunidades que se presenten. Y esta fue dorada.
De esta forma le cerraron la puerta a la alcaldesa para subir el impuesto, pues las medidas impopulares las toman los gobiernos en su primer año, que es cuando más alejados de las próximas elecciones están. Vale preguntarse si tomará el gobierno del Estado alguna medida impopular en 2025, aprovechando que los tiempos políticos son bisoños. Ya se verá. Por ahora cobran fuerza algunas versiones.
Como informó esta semana la columna Plaza Grande del Diario: “La instrucción es clara: mostrar supuestas debilidades de la alcaldesa y colocar a los morenistas como salvadores de los meridanos”.
Lo que no han tomado en cuenta los legisladores de la 4T es que su papel principal no es el de jugar a la política, sino el de atender principalmente, vía la legislación, las necesidades ciudadanas, sin importar quien las atienda.
Ha sido, sin embargo, el sello de la 4T poner en primer y único lugar sus intereses partidistas y electorales en cada una de sus decisiones. Tan evidente es, que pasan por alto las leyes internas del propio Congreso en su afán por atender con prontitud las órdenes que reciben del Ejecutivo local y federal. También ha sido el sello de la casa pasar esas aprobaciones sin una leída a conciencia. Para qué leerlas si la instrucción es pasarlas, o rechazarlas según el caso, sin importar el contenido.
Las formas han quedado en el pasado y parece que la 4T no se percata, o le tiene sin cuidado —“no me vengan con que la ley es la ley”—, que los partidos políticos no pertenecen a ninguno de los tres poderes de la unión. Esto significa que, si un partido pretende publicar un desplegado en medios de comunicación para golpear a un enemigo político, está en todo su derecho. Para ello debe usar sus propios recursos, no los de uno de los poderes, como el Ejecutivo. Tal uso de recursos no se refiere únicamente al pago de su publicación, sino a destinar personas de la plantilla del gobierno para hacer tareas partidistas.
Una de las razones que se esgrimen es que los diputados no tienen mucha idea de los pasos que deben dar. Solución fácil: pregunten, no encarguen.
Con esa ignorancia supina de una de las divisiones de responsabilidades más elementales, ¿podemos esperar un Congreso responsable y analítico, que ponga por encima de cualquier interés partidista o particular los de la ciudadanía?
Esta semana vimos que no será así. Más bien, debemos esperar un Congreso que ve a Cecilia Patrón como un enemigo que crecerá si no hacen algo. Como don Ciccio veía al pequeño Vito Corleone: ahora no me puede hacer nada, pero ese niño crece. La historia dio la razón al viejo siciliano.— Mérida, Yucatán.
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@olegariomoguel
Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia
