Marisol Cen Caamal (*)

El fraude financiero a los adultos mayores es un problema creciente, especialmente ahora que muchos de ellos son beneficiarios de programas sociales que reciben periódicamente a través de tarjetas de débito.

La falta de familiaridad con la tecnología y los canales digitales, junto con un exceso de confianza en las personas o instituciones, los hacen más vulnerables a los engaños de estafadores.

Hay diversas formas de fraude que afectan a esta población, entre las cuales destacan las llamadas telefónicas falsas, los mensajes fraudulentos a través de WhatsApp o correos electrónicos, las falsas asesorías, las inversiones fraudulentas, el robo de identidad y el abuso de confianza por parte de personas cercanas, entre otras.

A través de llamadas telefónicas falsas, los estafadores se hacen pasar por representantes de instituciones bancarias o gubernamentales y solicitan información confidencial, como números de cuentas o tarjetas bancarias, con el pretexto de que es necesaria para realizar una actualización o trámite.

En algunos casos, incluso hacen creer a la víctima que alguien está realizando compras con su tarjeta para generar pánico y obtener una respuesta inmediata. Estas llamadas pueden parecer legítimas, ya que los delincuentes suelen contar con datos personales básicos de sus víctimas, lo que les permite generar confianza y persuadirlas de revelar información que pone en riesgo sus recursos financieros.

Los fraudes a través de mensajes de WhatsApp y correos electrónicos también se han convertido en otra táctica popular entre los estafadores. Los delincuentes envían mensajes que parecen provenir de bancos o entidades gubernamentales, notificando algo e incluyendo enlaces que redirigen a páginas web fraudulentas donde se solicita ingresar información personal y financiera.

Dado que muchos adultos mayores no están familiarizados con los riesgos de hacer clic en enlaces desconocidos, caen fácilmente en la trampa.

A través de falsas asesorías y utilizando documentos falsificados e incluso oficinas improvisadas para dar una apariencia de legitimidad, los estafadores se hacen pasar por gestores, funcionarios o intermediarios, que ofrecen a los adultos mayores ayuda para tramitar, actualizar o activar tarjetas bancarias y otros beneficios a cambio de un pago. En muchos casos, sin embargo, una vez que reciben el dinero u obtienen información confidencial, desaparecen sin brindar ningún servicio real.

Las inversiones falsas son otra táctica común utilizada por los estafadores para aprovecharse de los adultos mayores, quienes muchas veces buscan opciones para hacer crecer sus ahorros.

Estas estafas suelen presentarse como buenas oportunidades de inversión con altos rendimientos y bajo riesgo. Los delincuentes pueden hacerse pasar por asesores financieros, representantes de empresas inexistentes o incluso utilizar esquemas piramidales, donde las primeras víctimas reciben ganancias iniciales para generar confianza y atraer a más personas.

Sin embargo, una vez que logran reunir suficiente dinero, los estafadores desaparecen, dejando a los adultos mayores sin sus ahorros y sin posibilidad de recuperar lo perdido.

De los fraudes más dolorosos, el abuso de confianza por parte de conocidos es uno de los más devastadores, ya que involucra a familiares, amigos o cuidadores en quienes los adultos mayores depositan su confianza.

Estos individuos se aprovechan de la cercanía y la vulnerabilidad de la víctima para manipularla y obtener acceso a sus recursos financieros. Pueden hacerlo de diversas maneras, como convenciéndolos de firmar poderes legales, solicitando préstamos que nunca serán devueltos, o directamente sustrayendo dinero de sus cuentas sin su consentimiento.

También es común que obtengan información financiera confidencial, como números de cuenta, contraseñas o datos de tarjetas de débito, para realizar retiros o transacciones sin autorización.

Ante la creciente amenaza de estos fraudes financieros, es fundamental que los adultos mayores tomen precauciones para protegerse y evitar ser víctimas de estos engaños.

Debemos recordarles que nunca compartan información financiera confidencial, como contraseñas, números de cuenta o datos de tarjetas, ni siquiera con personas cercanas, a menos que sea absolutamente necesario.

También deben desconfiar de llamadas, mensajes o correos electrónicos que soliciten datos personales o pagos por trámites. Además, es importante que verifiquen la autenticidad de cualquier asesoría o inversión antes de comprometer su dinero.

Los familiares juegan un papel clave en la protección de los adultos mayores contra los fraudes financieros. Es recomendable que los ayuden a identificar posibles estafas, explicándoles cómo operan los delincuentes y enseñándoles a reconocer señales de alerta.

Además, deben fomentar la comunicación abierta, de modo que el adulto mayor se sienta seguro al compartir cualquier duda o inquietud sin temor ni vergüenza.

Como familiares, acompañar y apoyar a nuestros adultos mayores en este mundo digital cada vez más complejo, debe ser una parte fundamental del cuidado y la atención que les debemos.— Mérida, Yucatán.

marisol.cen@kookayfinanzas.com

@kookayfinanzas

Profesora Universitaria y Consultora Financiera

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