Carlos R. Menéndez Losa director general de Diario de Yucatán y Grupo Megamedia
Carlos R. Menéndez Losa, director general de Diario de Yucatán y de Grupo Megamedia

CARLOS R. MENÉNDEZ LOSA (*)

Por definición, el populismo es oportunista. Busca adaptarse a las circunstancias, cambiando de discurso o de enemigo según lo que más le convenga. No responde a principios firmes, sino a lo que genere más votos o poder. Se dice lo que la gente quiere escuchar, sin importar si es verdadero o viable. La manipulación se impone sobre la transparencia.

Los incongruentes líderes populistas atacan a “los ricos” o a “la élite” para sumar apoyo a sus causas, pero al mismo tiempo acumulan fortunas y privilegios, o se los permiten a sus allegados. Si necesitan respaldo religioso, se presentan como defensores de la fe; si el público es “progresista”, se convierten en abanderados del “feminismo” y el aborto.

Le huyen a la verdad, pues ésta se basa en hechos y evidencias. Prefieren las emociones y la narrativa manipuladora. Distorsionan la realidad, adaptándola según la conveniencia del momento. En una sociedad como la actual, donde la percepción importa más que la certeza, los populistas convierten “la verdad” en poderosa arma de control político.

Los gobiernos populistas, como los de México y Yucatán, niegan realidades incómodas, minimizan problemas evidentes y culpan a otros para eludir su responsabilidad. Simulan cumplir sus promesas mientras encubren la falta de resultados. Sus líderes saben que “el pueblo” no los juzga por su congruencia, sino por las apariencias y los beneficios que recibe.

Al igual que el régimen obradorista, cuestionan los excesos de gobiernos anteriores, pero derrochan en proyectos faraónicos e improductivos. Prometen una administración austera y sin corrupción, pero privilegian las asignaciones directas y el favoritismo. Dicen defender la libertad de expresión, pero persiguen o descalifican al periodismo crítico.

A pesar de las evidencias, Claudia Sheinbaum insiste en negar los vínculos y la complicidad del gobierno con el crimen organizado. Reiteradamente intenta encubrir la realidad detrás de las desapariciones y los “campos de exterminio” del narcotráfico (bit.ly/4juMxwi). Silencio o manipulación suelen ser la respuesta a las exigencias de organismos como la Iglesia y la ONU.

Se oculta la realidad hasta que no queda más remedio que aceptar las evidencias. Andrés Manuel López Obrador aseguraba que no había fábricas de fentanilo en México, pero los hechos —y la presión de Donald Trump— obligan hoy a la presidenta a desmentir a su mentor (bit.ly/3RfofdD). “La corrupción ya se acabó”, se mofaba AMLO, pero los escándalos de Segalmex y Birmex lo contradicen (bit.ly/3E7HQJX).

COMPLICIDAD

En Yucatán, el gobernador Díaz Mena presenta un “plan de desarrollo” repleto de promesas. Asegura que su gobierno será “honesto y transparente, para que cada peso sea invertido en las necesidades de la gente”, pero guarda silencio ante los escándalos de corrupción de allegados como Rogerio Castro, Carlos Moreno, Federica Quijano y Mario Millet Encalada (bit.ly/42jPnNy).

Se dice demócrata, pero insiste en vulnerar la autonomía municipal de Mérida con obras de bacheo que serían más urgentes en otras poblaciones del estado (bit.ly/3RKxmTI). La obsesión por ampliar la mancha guinda parece ser la verdadera prioridad. Todo indica que el objetivo es frenar, a toda costa, las aspiraciones políticas de la popular alcaldesa meridana.

Presionado, al parecer, por las exigencias de la ideología de género y los intereses económicos del movimiento “feminista” que el morenismo defiende desde el Centro, Huacho Díaz calla ante los atropellos a la vida que sus allegados perpetúan en el Congreso. Un silencio que resulta inaudito frente a la aprobación de miles de asesinatos de seres humanos indefensos.

En nombre de los “derechos de la mujer”, y amparados en supuestos “principios” de autonomía y justicia social, se justifica el homicidio de millones de niños con identidad genética única, ADN propio y un desarrollo independiente del cuerpo de sus madres. Se manipula el discurso para ocultar una verdad incómoda: se está legalizando la muerte del más débil.

MANIPULACIÓN

Católico confeso —al igual que diputados como María Esther Magadán—, Díaz Mena debería tener conciencia —o al menos eso se asume— de la manipulación y los intereses que se esconden detrás del movimiento a favor del aborto, así como de las razones científicas y morales por las que la doctrina cristiana condena estos atentados contra la vida humana (bit.ly/3YpMGsM).

De no ser incongruente o temeroso de las reacciones que generaría su oposición a las exigencias del Centro, asumiríamos que el gobernador no sería tibio en el tema del aborto. Si es fiel a la fe que profesa, tendría que defender la vida y actuar con firmeza frente a cualquier intento abortista, tanto en el discurso como en la acción. Nunca con el silencio.

¿Cómo creerles a nuestros políticos —y en especial a los gobernantes— ante tanta negación de las evidencias, incongruencia y manipulación constante de los hechos para fortalecer el control político? ¿Debemos aceptar como algo normal que distorsionen la realidad y la adapten según sus intereses? ¿Cuál es el riesgo de tolerar esta conducta?

Los bienes que el populismo ofrece a cambio del sometimiento no son eternos. Abundan los ejemplos que confirman cuán peligroso es no frenar al oportunista. Auditemos con rigor a los gobernantes, exijamos coherencia y tengamos presente que un líder sin principios firmes tenderá siempre a traicionar a sus seguidores si así le conviene.- Mérida, Yucatán.

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