Alejandro Granja: El Netas
Alejandro Granja Peniche Credit: DY

¿Quién de ustedes ha derramado una lágrima frente a una pintura? ¿Quién se ha estremecido al escuchar un poema? ¿O quién ha sentido una profunda empatía a través de una canción?

Eso es precisamente lo que el arte provoca en nosotros: sentir. Nos hace experimentar alegría, emoción, ira, decepción, dicha, euforia, etcétera.

Como atestiguan las pinturas rupestres, el arte se ha erigido como la forma de expresión más antigua de la humanidad, permitiendo que nuestras ideas y nuestra esencia perduren a través del tiempo. Esto nos conduce a la siguiente premisa: hemos perdido la capacidad de apreciar las expresiones artísticas y, más importante aún, de elevar nuestro pensamiento crítico. Somos seres de historias; las necesitamos para vivir, comprender y empatizar.

El arte aborda ideas universales, cuestiona estereotipos y propone nuevas formas de vida. Históricamente, las artes han sido el vehículo para impulsar causas sociales hacia una nueva conciencia.

El arte toca el alma con esa reacción instantánea, cuando la química cerebral estimula nuestra corteza superior, nos hace sentir plenos, realizados, seguros, a veces tristes o indignados, pero indudablemente vivos.

Es por eso el llamado: los invito a reconectar con cualquier disciplina artística. Reivindiquen su capacidad de sentir. Atrévanse a ver una película sin conocer la sinopsis, entren a una galería sin prejuicios, deténganse ante un concierto urbano, asistan a teatro universitario, escriban un verso o simplemente escuchen, con atención plena, una nueva canción. Aventúrense hacia lo inesperado para redescubrirse individualmente a través de las emociones.

Asumamos el arte como un agente de transformación, pues nos incita a pensar y a emocionarnos. Cuando el pensamiento y la emoción convergen, surgen nuevas formas de vivir. Ese es el cambio individual que necesitamos para detonar el cambio colectivo. Sin duda, el siguiente paso será forjar una Conciencia Colectiva con el arte como vehículo, para un mundo más feliz y empático.

  • Jonathan Hellwig, delegado en Yucatán de Canacine.