La democracia es ese estado político que permite hacer que la vida social y política tome el rumbo que han decidido los ciudadanos, pero de ningún modo puede mal entenderse como poder absoluto para quien llega a gobernar por esa vía.
Uno de los principales juristas de Europa el politólogo, filósofo e Italiano Norberto Bobbio propuso una definición mínima procedimental de la democracia, enfocada en reglas claras sobre quién toma decisiones y cómo, criticando la ambigüedad de su uso político.
En efecto, la democracia proviene de los ciudadanos y es el poder de ellos, no solo entendible como el poder de la mayoría, sino también con respeto a minorías, que garantice los derechos y dignidad humana. Y es aquí precisamente en este punto en que los que un día llegan con la confianza y el voto de los ciudadanos comienzan a perderse por el poder mismo realizando todo tipo de actos nefastos y eliminando prácticamente a los que no piensan como ellos, comienzan a destruir las instituciones, a atropellar y cooptar a los demás poderes instituidos.
La democracia es un logro de la humanidad y el esfuerzo por convivir entre todos, es un sistema de valores y cuyo rasgo característico es que los mandatarios no duran por siempre en el poder. Aunque cueste trabajo creerlo, una vez llegado al poder por la democracia, también puede darse a persona corruptas, porque en lugar de centrarse en resolver los problemas del pueblo, los agrava. Definitivamente, no puede existir democracia sin libertad y sin respeto a todos, aun hasta en los que no comulguen con los gobernantes. En la democracia se requieren gobernantes justos y transparentes.
Hay un error gravísimo entre los que ven a la democracia como una oportunidad de permanecer eternamente en el poder. En la democracia se fortalece a la persona centro de toda política, por ello, regalar cosas, ver al ciudadano como incapaz de generar su propio progreso y su ingreso, nunca es el camino adecuado. En la democracia no se lucra con la pobreza y se busca acabar con la ignorancia. En una democracia se rodea de las mejores personas y de las competentes y no llega al poder solo por la ayuda de los poderosos y los que tienen vínculos con la delincuencia. El fin no justifica los medios.
La democracia y la dictadura son opuestas, porque la dictadura centra el poder absoluto en una persona y sus más allegados, no tiene límites constitucionales, y si una ley le resulta un obstáculo, cambia las leyes para su beneficio.
En las dictaduras se restringe todas las libertades, se persigue, se encarcela y hasta termina con la vida de quienes opinan diferente al sistema, quieren controlar todas las instituciones y órdenes de gobierno, controlan la información, lo que se ve, lo que se lee y lo que se escucha, no existe más autoridad que la de un dictador. El dictador y su grupo son los únicos entendibles en la vida social en la vida pública y política, solo ellos dicen tener la razón y solo a ellos se les debe hacer caso. No existe participación o es muy limitada, nadie que discrepe puede tener cabida porque hay censura, vigilancia, castigo y cárcel. En una dictadura la oposición de ninguna manera es legítima. Son enemigos públicos declarados del régimen y hay que acabar cuanto antes con ellos.
La dictadura es un régimen autoritario que concentra el poder, sin límites. Es represor. No hay separación de poderes, quieren controlar los medios y restringir los derechos fundamentales. En resumen, es un gobierno de fuerza, no de derecho, que somete a la población y elimina toda forma de oposición. La dictadura, es un gobierno de fuerza y a la fuerza, con métodos populistas que somete a la población en la propia ignorancia y elimina toda forma de oposición y libertad. La democracia no es miedo o silencio es participación constante. Por eso el papel del ciudadano no acaba con el voto. Hay que seguir después.— Mérida, Yucatán
mariomaldonadoes@gmail.com
@mariomaldonadoe
Especialista en Derecho Parlamentario y Técnica Legislativa
